Críticas
¿Qué voy a hacer con mi marido?, de David Frankel
Viejos son los trapos
Un director con buenos antecedentes como David Frankel (El Diablo viste a la moda, Marley & yo), dos grandes protagonistas (Meryl Streep y Tommy Lee Jones), buenos secundarios (Steve Carell, Elisabeth Shue) y un tema provocativo (la monotonía de los matrimonios de larga data y cómo recuperar la pasión) hacen de ¿Qué voy a hacer con mi marido? una más que aceptable comedia, pero que al mismo tiempo deja la sensación de que podría haber sido mucho mejor de lo que finalmente es.
¿Qué voy a hacer con mi marido? (Hope Springs, Estados Unidos/2012). Dirección: David Frankel. Guión: Vanessa Taylor. Con Meryl Streep, Tommy Lee Jones, Steve Carell, Elisabeth Shue y Mimi Rogers. Fotografía: Florian Ballhaus. Música: Theodore Shapiro. Edición: Matt Maddox y Steven Weisberg. Diseño de producción: Stuart Wurtzel. Distribuidora: Energía. Duración: 100 minutos. Apta para mayores de 13 años. Copias: 52.
Antes que malas o buenas, las películas de David Frankel son Cajas de Pandora en las que los verdaderos ejes de las historias subyacen bajo la superficie poco rugosa de una narración simple. Simpleza que, al menos en estos casos, nunca implica simplismo. Piénsese en El Diablo viste a la moda, donde el director alambicaba la pertinencia del self made man -o woman, en este caso- en el siglo XXI con el tradicionalismo genérico de un coming of age, o Marley & yo, reflexión sobre la maduración, la familia y las proyecciones personales travestida de película familiar sobre los avatares de un perro incorregible. Incluso la recientemente editada en DVD Un gran año, comedia con freno de mano puesto, hibrida una admiración masculina rayana a lo bromático con un romanticismo heterosexual gruesamente adolescente, todo patinado con un tono y premisa mínima wesandersoniana.
Con todo ese bagaje a cuestas llega el opus cinco de Frankel ¿Qué voy a hacer con mi marido?, fea e inexacta traducción de Hope Springs. El título original hace referencia a una pequeña localidad donde atiende un renombrado terapeuta de parejas (Steve Carell). Hasta allí llegarán Kay y Arnold, quienes buscan reavivar la pasión después de más treinta años de matrimonio, varios de ellos con régimen de cuartos separados. O más precisamente es ella la que buscará inicialmente recomponer el vínculo: la primera escena la muestra intentando seducir a un marido que, claro está, la rechaza. “Siento que estamos yendo hacía la nada”, dirá en un momento a su compañera de trabajo. Que ella al otro día lo espere con el desayuno preparado, una sonrisa en la cara y deseosa de una muestra de cariño que jamás llega habla de una devoción y abnegación digna de la Francesca Johnson de -de pie, señoras y señores- Los puentes de Madison. Más aún si ella es Meryl Streep, quizás la actriz de mayor contundencia gestual del cine norteamericano.
Esa suerte de dualidad de la que se habló al principio también estará presente en ¿Qué voy a hacer con mi marido?, que oscilará entre el drama de un matrimonio oxidado y una feel good comedy adulta. Los primeros minutos de la película se dedican a construir al personaje femenino, mostrando un inconformismo tan manifiesto como contenido, mientras que él asoma más como una caricatura de todo lo peor que la rutina matrimonial puede generar, durmiéndose mirando programas de golf en la televisión o besando a su mujer en la frente. Pero todo cambiará cuando finalmente lleguen a las sesiones matrimoniales.
Allí, con la lentitud propia de los actos resistidos, el aplomado Arnold (Tommy Lee Jones, excelente como casi siempre) empieza a soltarse y mostrar una insatisfacción repleta de matices generada sobre todo por la incapacidad de zanjar las diferencias genéricas y comunicacionales con su mujer. Lo que no estaría mal, a no ser porque al mismo tiempo ella empieza a desdibujarse, a mutar ese desamparo inicial por una estupidez lisa y llana. Como se hubieran ensamblado dos películas que no terminan de cuajar o, aún peor, la versión de un guión falto de ajustes. Así, Hope Springs deja reverberando la sensación de que es apenas una película menor al lado de lo que pudo haber sido. Eso y, claro, que la adultez le sienta de maravillas a Elisabeth Shue, que, a sus casi 49 años, es el retrato más fiel de una estrella que nunca llegó a ser.
Trailer de la película:
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<p>¿los ultimos 2 comentarios son en serio? pues debo decirles que no saben absolutamente nada de cine y actuacon, claro que lange y mirren son excelentes pero meryl por favor, es una gran y exquisita actris, recuerden Kramer vs Kramer, africa mia, la decision de sophie, ¿donde estaban uds,?</p>
<p>Coincido con vos, daro Meryl Streep es la actriz mas sobre valorada de la época. Yo tampoco la soporto y en esta película (que la vi en forma pirata porque no iba a pagar una entrada) está como casi siempre: la técnica se le ve, pero no el alma del personaje. Coincido también en que Jessica Lange es la mejor actriz del Hollywood actual.</p>
<p>debo decir q no soporto a meryl streep...nunca me ha gustado, siempre le veo la actuación... no entiendo por qué se la ha mitologizado tanto cuando pares de ella como jessica lange o helen mirren la superan ampliamente.</p>
<p>La mejor pelicula de D. F. sigue siendo \"El diablo viste a la moda\", pero asi y todo este relato es bueno y con un notable manejo de la ironia en su 1era. parte, y se pone demasiado meloso en su desenlace - Las actuaciones de Meryl Streep y Tommy Lee Jones son excelentes (en especial T.L.J., quien compone a un malhumorado ejemplar) -Bien Steve Carrell, y por ultimo, es una pena que una actriz todavia muy bella y talentosa como Elisabeth Shue tenga un papel tan insignificante - ¿Que les pasa a los productores de Hollywood con esta interprete?.</p>
<p>Cada vez que estrenan una de Meryl Streep, literalmente me zambullo en el cine, igual me pasa con Woody Allen, y si bien una y otro no siempre crean obras de arte, por lo general salgo muy satisfecho, y esta vez no ha sido diferente. Meryl es no solo mi actirz preferida sino una gran, gran comerndiante. Qué visajes, expresiones, miradas, silencios tan justamente colocados...Sus diferentes estados de ánimo son encarnados con un talento que pocas veces he apreciado en actrices de su talla. A su lado no desentonan, ni mucho menos, Tommy Lee Jones y Steve Carell. Si bien la película tiene cierto exceso de escenas algo reiterativas y está demasiado tiempo en interiores cerrados, se ve con gusto. La escena de Kay en el bar, donde luce resplandeciente, es excelente. Me gustó, como no podía ser de otra forma.</p>