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Crítica de “Cabo de miedo” (“Cape Fear”), serie de Nick Antosca con Amy Adams, Patrick Wilson y Javier Bardem producida por Martin Scorsese y Steven Spielberg (Apple TV)
Esta serie basada en The Executioners (1957), novela de John D. MacDonald; y en las películas dirigidas por J. Lee Thompson en 1962 (con Gregory Peck, Robert Mitchum y Polly Bergen) y por Martin Scorsese en 1991 (con Robert De Niro, Nick Nolte y Jessica Lange) llega a la plataforma de streaming de Apple desde este viernes 5 de junio.
Cabo de miedo (Cape Fear/2026). Creador / showrunner: Nick Antosca. Elenco: Amy Adams, Patrick Wilson, Javier Bardem, Joe Anders, Lily Collias, Malia Pyles y CCH Pounder. Duración: 10 episodios de casi una hora cada uno. Los dos primeros estrenan el 5 de junio en Apple TV y luego se sumará uno cada viernes hasta el 31 de julio.
Aunque la presencia de Scorsese y Spielberg como productores (es un proyecto de Amblin) se “roba” el protagonismo, el verdadero responsable de la serie es Nick Antosca, figura detrás de Channel Zero, The Act, Brand New Cherry, Candy y A Friend of the Family, entre otros títulos. El desafío no era sencillo, ya que se trataba de actualizar, de modernizar, de hacer atractivo para la sensibilidad contemporánea, un perturbador thriller psicológico como el que J. Lee Thompson y el propio Scorsese ya habían abordado en sus respectivos largometrajes a partir de la icónica novela de John D. MacDonald.
El segundo reto era encontrar a un actor de fuste para el papel de Max Cady, un hombre psicopático y manipulador en busca de venganza que antes hicieran nada menos que Robert Mitchum y Robert De Niro. En ese sentido, Javier Bardem ha sido una acertada elección, ya que este personaje se suma a su galería de villanos / antagonistas antológicos como el Anton Chigurh de Sin lugar para los débiles, el Raoul Silva de 007: Operación Skyfall, el Capitán Salazar de Piratas del Caribe: La venganza de Salazar o el Stilgar de Duna.
En el inicio del muy buen piloto dirigido por el noruego Morten Tyldum vemos a los abogados Anna y Tom Bowden (Amy Adams y Patrick Wilson) como un matrimonio de abogados exitoso y en apariencia feliz durante la celebración de un 4 de Julio. Sin embargo, pronto descubriremos que no todo lo que reluce es oro: les informan que Cady, un asesino que ellos enviaron a prisión hace 17 años (en aquel momento ella era abogada y él, fiscal del caso), queda en libertad; y sus dos hijos ya adolescentes, Zack (Joe Anders) y Natalie (Lily Collias), no atraviesan precisamente por un presente tranquilizador, en especial el muchacho, que ha sido abandonado por las autoridades de su colegio y por sus compañeros por exponer de forma pública fotos íntimas de su novia. Y el trauma (y la culpa) lo llevan a zonas de angustia extrema e incluso a mutilarse.
Precisamente Natalie, una joven lesbiana, y el atormentado Zack se convertirán en seres fácilmente manipulables por un Cady que, más allá de su aterradora presencia física (hay unos flashbacks carcelarios donde conoceremos parte de su pasado) y de su creciente cercanía con la familia Bowden, también apelará a artilugios tecnológicos (habrá deepfakes, manipulación en redes, acusaciones que se viralizan mucho antes de ser desmentidas) y al accionar de otros personajes igual de amenazantes para sembrar el terror en esos burgueses que ven cómo todo lo que habían construido -incluso con no poco cinismo, hipocresía y doble moral- comienza a derrumbarse. Y, a medida que avancen los episodios (Apple adelantó 8 de los 10 a la prensa), todo se complica y enturbia, se vuelve cada más denso, sórdido, ominoso y perturbador.
Cabo de miedo es, en esencia, una serie sobre el temor (el pánico) burgués, sobre la paranoia, la vigilancia, el control, la invasión a la privacidad, el engaño, la manipulación y la escalada irrefrenable del ojo por ojo. Puede que a la serie por momentos le falten matices, que las metáforas no sean demasiado sutiles (esas tormentas meteorológicas que anticipan a las dramáticas), que por la obsesión de impactar como sea a veces apele a demasiados golpes de efecto y a una omnipresente música de Jeff Russo que reelabora las de Bernard Herrmann y Elmer Bernstein, que de a ratos luzca un poco estirada y que los cambios de director/a de un episodio a otro le quiten algo de continuidad estilística, pero Cabo de miedo nunca deja de ser atractiva. Ya sea por la categoría del elenco o simplemente por el morbo que genera la historia, se trata -pese a todo- de una serie irresistible.
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