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Crítica de “El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja)”, película de Ernesto Martínez Bucio ganadora de la competencia Perspectives - #Berlinale2025
Reseña de la triunfadora del premio a Mejor Opera Prima en la reciente edición de la muestra alemana.
El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) / The Devil Smokes (and Saves the Burnt Matches in the Same Box) (México, España/2025). Dirección y edición: Ernesto Martínez Bucio. Guion: Ernesto Martínez Bucio y Karen Plata. Elenco: Mariapau Bravo Aviña, Rafael Nieto Martínez, Regina Alejandra, Donovan Said y Laura Uribe Rojas. Fotografía: Odei Zabaleta. Música: Emilio Hinojosa. Duración: 97 minutos. Estreno mundial en la competencia oficial Perspectives.
Formado en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) de México y luego en la Elías Querejeta Zine Eskola (EQZE) de San Sebastián, donde desarrolló buena parte del proyecto, Ernesto Martínez Bucio debuta en el largometraje tras varios cortos premiados con un film no siempre convincente en la interacción entre los múltiples elementos y climas que mixtura, pero de una audacia, un riesgo y una capacidad de provocación que se valoran.
El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) es, en principio, un drama familiar sobre la inevitablemente caótica convivencia entre un padre y sus cinco hijos pequeños que juegan por la casa y sus alrededores. En determinado momento, nos enteramos de que la madre ha desaparecido (no es la primera vez) y su marido sale a buscarla. Más allá de algún llamado telefónico ocasional, él tampoco volverá.
Los niños quedan al “cuidado” de una abuela bastante border, esquizoide, paranoide, que está convencida de que el Diablo anda rondando por la casa, por lo que empieza a aislar la casa, a tapar las ventanas, a clausurar algunas puertas. La policía y los servicios sociales comenzarán a visitar el lugar porque intuyen que algo raro está ocurriendo en ese hogar y en el seno de ese grupo familiar.
La película trabaja con múltiples capas (las imágenes de los chicos alguna vez tomadas en video de baja resolución por la madre, las del Papa Juan Pablo II en alguna de sus tantas visitas a México, la mirada cargada de inocencia e ingenuidad de los más pequeños en el que conviven desde la camiseta 23 de Michael Jordan en los Chicago Bulls hasta una pegadiza canción de Cristian Castro) y, si bien ese permanente pendular resulta por momentos un poco forzado, la historia central nunca deja de interesar.
A diferencia de la mayoría de sus colegas compatriotas, el director trabaja mucho con el fuera de campo. El horror, que está presente y es palpable, se deja casi siempre en un segundo plano visual y sonoro. Así, navegando entre el realismo social (un poco en la línea del Hirokazu Kore-eda de Somos una familia / Shoplifters) y lo fantástico, lo fantasmal, lo sobrenatural, El diablo fuma... constituye, más allá de sus desniveles, un más que interesante debut en el largometraje para un guionista y realizador de indudable talento y de una muy particular sensibilidad.
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