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Crítica de “Shakti”, cortometraje de Martín Rejtman - #Berlinale2019
En la Competencia Oficial de cortos del festival alemán tuvo su estreno mundial el nuevo trabajo del talentoso e influyente director argentino.
Shakti (Argentina-Chile/2019). Guión y dirección: Martín Rejtman. Elenco: Ignacio Solmonese, Laura Visconti, Emma Luisa Rivero, Miel Bargman, Patricio Penna, Pablo Moseinco, Alejandra Flechner y Susana Pampín. Fotografía: Federico Lastra. Música: Diego Vainer. Edición: Andrés Medina. Sonido: Roberto Espinoza y Augusto Bode Bisio. Duración: 19 minutos.
El estreno de una película (aunque sea de duración reducida) de Martín Rejtman debería ser un acontecimiento cinéfilo. Sin embargo, la premiere mundial de Shakti pasó prácticamente inadvertida para la prensa local e internacional. Por suerte, gracias a Festival Scope pudimos acceder al nuevo trabajo de este director clave de lo que fue el Nuevo Cine Argentino con films como Rapado, Silvia Prieto, Los guantes mágicos y la más reciente Dos disparos.
Coproducción con Chile (participó en el proyecto Jerónimo Quevedo), Shakti tiene como protagonista (uno de los típicos anithéroes rejtmanianos) a Federico (Ignacio Solmonese), un veinteañero judío golpeado por la reciente muerte de su abuela. Cuando se decide a terminar con la relación con su novia Madga (Valentina Posleman), ella le gana de mano y le propone seguir siendo “amigos”. Tampoco le va mejor en sus sesiones de terapia, sobre todo cuando choca el auto de su psicóloga (Susana Pampín) y decide no subir al consultorio por temor a las consecuencias.
Víctima de la depresión, Fede se encierra en su departamento, pero serán su padre (Pablo Moisenco) y sobre todo su hermano Ulises (Patricio Penna) quienes intentarán darle una mano y sacarlo de ese letargo. En esa comedia de enredos (de humor asordinado, claro) habrá escenas en un coro (aparente fascinación del director), en una discoteca y en una típica comida judía (por allí aparece Alejandra Flechner).
La película da un vuelco tras el encuentro -fallido en principio- con la Shakti del título (Laura Visconti) en un boliche. Ella es Hare Krishna, él -quedó dicho- judío y, en el medio, unos knishes de la difunta abuela como McGuffin del relato.
Judaísmo, psicología, relaciones familiares, canto, baile, comida, encuentros azarosos... Shakti es un compendio, un reciclaje, una variante y una relectura de las obsesiones de un director que, en menos de 19 minutos, es capaz de construir un universo propio, reconocible y único a la vez. Los diálogos escritos/recitados, el artificio, las elipsis, la comicidad buscada y al mismo tiempo escatimada... Rejtman ha vuelto en toda su dimensión y expresión.
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