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Crítica de “Zeroville”, de y con James Franco + Megan Fox, Seth Rogen, Will Ferrell y Jacki Weaver (Sección Oficial - Fuera de Competencia) - #67SSIFF
Tras ganar la Concha de Oro hace dos años con The Disaster Artist: Obra maestra, el prolífico actor y director californiano aspiraba en esta 67ª edición a su segundo premio, pero al haberse anticipado su estreno comercial en países como Rusia y Lituana y perder así su carácter de premiere europea hizo que quedara fuera de concurso. Se trata de otra historia de cine dentro del cine que destila mucho amor por el séptimo arte, pero esta vez con más carencias que hallazgos.
Zeroville es un simpático juego cinéfilo, una carta de amor al séptimo arte, un capricho (bastante caro por cierto) que se dieron entre varios amigos y en el que James Franco se da todos los gustos, aunque en esta oportunidad los gestos, las referencias y los homenajes terminan siendo más importantes que los logros propios de la narración.
Rodada en 2014 (bastante antes que Había una vez... en Hollywood), pero estrenada después del film de Quentin Tarantino, Zeroville -que también arranca en la Los Angeles de 1969 y tiene un momento en el que se hace referencia directa al asesinato de Sharon Tate por miembros del Clan Manson- parece por momentos como un equipo chico tratando de jugarle de igual a igual al campeón, pero resulta algo así como una versión pobre y fallida del film de QT.
El protagonista de Zeroville es Vikar (el propio Franco), un joven que ha salido de una vida como monje en un seminario y en solo 11 meses se convierte en un cinéfilo incontrolable al extremo que se hace un tatuaje en su cabeza rapada de Montgomery Clift y Elizabeth Taylor en Ambiciones que matan (A Place in the Sun), de George Stevens. Pero esa será apenas una de las decenas de citas que hay durante todo el film.
Vikar ingresa en un taller de escenografías y decorados para películas, pero muy pronto -de la mano de una veterana editora interpretada por la gran Jacki Weaver- se convertirá en un experto montajista. En su camino se cruzarán también un tiránico productor (Will Ferrell), un delirante guionista (Seth Rogen en plan John Milius) y Soledad Paladin (Megan Fox), una actriz de cuarta categoría en películas como Vampire Lesbo que se convertirá en su objeto del deseo, ocasionalmente en su pareja y finalmente en su perdición.
Ambientada desde 1969 y durante más de una década, la película nos llevará por momentos reconocibles (Vikar participará del hoy mítico rodaje de Apocalipsis Now en Filipinas), Zeroville se basa en una premisa que el protagonista grita en varias oportunidades: “¡A la mierda con la continuidad!”. Así, el montaje de la película (y de las películas dentro de la película que edita el personaje) apelarán a bruscos saltos temporales y momentos directamente lisérgicos.
El film -transposición de la novela de 2007 escrita por Steve Erickson- también incluye fragmentos y homenajes varios no solo a Ambiciones que matan sino también a La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer; Pasión de los fuertes (My Darling Clementine), de John Ford; El ocaso de una estrella (Sunset Blvd.), de Billy Wilder; y La montaña sagrada (The Holy Mountain), de Alejandro Jodorowsky, entre muchas otras películas (hay una broma con Busco mi destino/Easy Rider en medio de los créditos finales); series como Los tres chiflados; clubes de culto como el CBGB de Nueva York (allí Vikar va a ver a un joven Iggy Pop); y una escena ambientada en la mismísma Mostra de Venecia con su director artístico Alberto Barbera sobre el escenario.
El elenco es impresionante (además de Franco, Fox, Rogen, Ferrell y Weaver aparecen Danny McBride, Dave Franco y Craig Robinson), hay cameos de directores (desde Wim Wenders hasta Gus Van Sant), el soundtrack incluye desde clásicos de la música surfer hasta punk rock, pero en este sub-Tarantino son pocos los momentos realmente inspirados, graciosos y/o emotivos. El resto es pura postura (a veces impostura), una acumulación de elementos que empieza siendo simpática pero termina resultando bastante banal y hasta un poco irritante.
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