Críticas

El Hombre Araña 3, de Sam Raimi

De héroe público a héroe publicitario

El director de Darkman y Un plan simple se resiste a transformar al superhéroe arácnido en un simple producto y ofrece unos cuantos antídotos para combatir las dificultades de esta tercera entrega de la saga.

Estreno 03/05/2007
Publicada el 30/11/0002

El Hombre Araña 3 (Spider-Man 3, Estados Unidos/2007). Dirección: Sam Raimi. Con Tobey Maguire, Kirsten Dunst, James Franco, Thomas Haden Church, Topher Grace, Bryce Dallas Howard, Rosemary Harris, J.K. Simmons y James Cromwell. Guión: Sam Raimi, Ivan Raimi y Alvin Sargent, basado en personajes de la historieta de Marvel. Fotografía: Bill Pope. Edición: Bob Murawski. Música: Christopher Young. Diseño de producción: Neil Spisak y J. Michael Riva;. Distribuidora: Columbia Tri-Star. Duración: 139 minutos. Apta para todo público.

Hace unos quince años, el crítico Thierry Jousse decía, en su artículo ¿Por qué América?, que -justo al lado del gran sistema hollywoodense y muchas veces en su interior- existían lo que llamaba “estrategias de autonomía”, y anotaba allí el nombre de Sam Raimi como uno de los productores y directores que, viniendo del cine de terror o de la gran tradicón de la clase B, enaltecía ese cine norteamericano. Si bien es cierto que por esos años Raimi todavía no había filmado ni El Hombre Araña ni El Hombre Araña 2, no sería demasiado serio seguir confrontado su tríptico arácnido con las ya lejanas Diabólico o Darkman, sobre todo porque logró armar un cuerpo propio con este material, hacer un dibujo singular con esta saga, sacarle punta al desafío y no quedar atrapado en la telaraña industrial. Incluso la frase de cabecera de Peter Parker -"siempre hay opciones"- parece decírsela a sí mismo Raimi, como un antídoto frente a las dificultades que supone un proyecto como el de El Hombre Araña 3.

En El Hombre Araña lo que le importaba a Raimi era el origen de la deformidad en clave de novela familiar freudiana, mientras que en El Hombre Araña 2 los villanos se dividían en aquellos con traumas familiares (Harry Osborn, el hijo del Duende Verde) y aquellos con meras ansias de dominación (el Doctor Octavius). Siguiendo esta lógica de la continuidad y las variaciones, en El Hombre Araña 3 perfecciona esta última idea, al multiplicar los villanos que intentan exorcizar dramas de familia (además de Harry Osborn, esta vez suma a El Hombre de Arena) y agrega a Eddie Brock-Venom como el fotógrafo ambicioso, como si fuera un reflejo invertido de Peter Parker-Hombre Araña (otra vez maravillosamente versátil Tobey Maguire), un espejo que duplica y replica.

Pero, esta vez, lo distinto es que se trata de una historia de grupos más que de héroes solitarios: Peter Parker-Harry Osborn vs. Venom-El Hombre de Arena. Y es esa unión la que está dada por la causa que motivó la deformidad, si es que fue accidental o si fue voluntaria. Esa deformidad es un sello de Marvel, pero si la gran cuestión era cómo usar esa deformidad como si fuera un don, en una diferencia que la saga de El Hombre Araña siempre mantuvo con la de X-Men, esta vez ambas sagas parecen acercarse. Marvel sabe muy bien, de todos modos, que mientras tenga a Raimi la entidad del personaje estará a salvo, y que, aunque la olvide por un golpe que lo deje amnésico –como si le pasara lo que en el film le ocurre a Harry Osborn-, un solo detalle le haría recuperar la confianza en el talento del director para seguir inventándole “opciones” al material. 

No es casual que en El Hombre Araña 3 justamente lo que hace funcionar la película es que Peter Parker se deje tentar, que pierda de vista su duplicidad, y no sólo porque se deja tentar por el mal –la metastásica telaraña negra-, sino porque se deja tentar por la fama pública, por la popularidad que le permite envanecerse por su condición heroica. La tentación a la que en verdad debe resistir El Hombre Araña es la de dejar de ser un anónimo modelo de la vida pública para convertirse en un popular modelo publicitario. A lo que se resiste Peter Parker es a convertirse en producto, y es por eso que una de las escenas más inteligentes es cuando un poco sin darse cuenta acepta posar para que Eddie Brock lo fotografíe, mientras la multitud lo aplaude y agita banderitas, en vez de que, como siempre, le tomen fotos en plena acción, sin darse cuenta ni vanagloriarse de sus proezas.

En una saga que ha cultivado como ninguna otra el retro-futurismo, convirtiendo en buenos y amables a los vecinos y a los tópicos culturales de los ´40 y ´50 (el periodismo, los edificios, los tipos físicos), y también la más hiperkinética contemporaneidad (el surf aéreo de héroes y villanos, las instantáneas epidemias o catástrofes científicas), es una apuesta mayor esta idea de que el héroe público puede volverse un héroe publicitario.

Nada más lejos que pensar en Raimi como un cineasta que pretende volver al clasicismo,  aunque una de sus grandes películas sea la de ese excelente y hustoniano universo de perdedores titulado Un plan simple. Ese musical en el que debuta con sus escaleras monumentales y su vestido blanco con cola como si estuviera en un decorado de la Metro Goldwyn Mayer de los ´50, probándose como actriz-cantante Mary Jane Watson (Kirsten Dunst), es la demostración más rotunda de que no hay vuelta a ese mundo, de que no hay manera de volver a un sistema sepultado. No se puede recuperar eso sin tener por lo menos un gesto levemente irónico, como el que le dedica al jefe del periódico de Parker o al maitre del restaurant, jugando con las entradas y salidas de los mozos con el anillo de bodas. No es posible volver a los géneros como si nada en el cine hubiera sucedido a medio siglo de su agotamiento, y de lo que dejó constancia en ese réquiem lúdico del western que fue Rápida y mortal.
 
Pero quizás el gesto clásico más ostensible de Raimi sea el de dedicarse a obturar posibles continuidades, muy afanoso en anudar los cabos sueltos, en desarmar triángulos y esclarecer las interpretaciones erróneas que los héroes hacen de sus sagas familiares. A lo mejor, por una vez, como Peter Parker, el propio Raimi logre hacer pie y no trastabillar con las resbaladizas estrategias de la industria del entretenimiento. El también, como Parker, lucha por sacarse la telaraña negra.

COMENTARIOS

  • SIN COMENTARIOS

DEJÁ TU COMENTARIO


CRÍTICAS ANTERIORES


Crítica de “¡Ayuda!” (“Send Help”), película de Sam Raimi con Rachel McAdams y Dylan O’Brien
Diego Batlle

Raimi recupera la acidez y la capacidad de provocación de sus mejores trabajos en una tragicomedia negrísima que es al mismo tiempo una historia de supervivencia en condiciones extremas y una mirada despiadada a los abusos laborales, el machismo y la lucha de clases.

LEER MÁS
Crítica de las películas más vistas en Netflix: "El botín", "Los siete magníficos" y "Sin tiempo para morir"
OtrosCines.com

Reseñas de los títulos más populares en la plataforma de la N roja al sábado 24 de enero, que incluyen también a Gente que conocemos de vacaciones y otro film de la franquicia de James Bond como Spectre.

LEER MÁS
Crítica de “Mel Brooks: ¡El hombre de 99 años!” (“Mel Brooks: The 99 Year Old Man!”), serie documental de Judd Apatow (HBO Max)
Diego Batlle

Apatow y su codirector Michael Bonfiglio concretaron con este documental dividido en dos partes de tres horas y media en total un merecido homenaje en vida al genial cómico neoyorquino.

LEER MÁS
Crítica de “Wonder Man”, serie de Marvel creada por Destin Daniel Cretton y Andrew Guest con Yahya Abdul-Mateen II y Ben Kingsley (Disney+)
Diego Batlle

Las vicisitudes de un aspirante a actor que tiene poderes sobrenaturales mientras trata de ser elegido para una película de superhéroes es la excusa perfecta para una simpática y atractiva comedia de la factoría televisiva de Marvel. Los 8 episodios de media hora cada uno estrenan el martes 27 de enero.

LEER MÁS