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TIFF 2025
Festival de Toronto 2025: crítica de “To the Victory!”, de Valentyn Vasyanovych (competencia Platform)
El director ucraniano de films como Atlantis (2019) y Reflection (2021) estrenó en la muestra canadiense una tragicomedia ambientada en un futuro cercano de la que también es el productor, el guionista, el director de fotografía, el editor y... ¡el protagonista!
To the Victory! (Ucrania, Lituania/2025). Guion, edición y dirección: Valentyn Vasyanovych. Elenco: Valentyn Vasyanovych, Vladlen Odudenko, Misha Lubarsky, Sergii Stepanskyy, Volodymyr Yatsenko, Marianna Novikova y Hryhoriy Naumov. Fotografía: Valentyn Vasyanovych y Misha Lubarsky. Duración: 105 minutos. Estreno mundial en la competencia Platform.
La acción de To the Victory! transcurre en octubre de 2026. La guerra ha terminado hace un año, pero sus secuelas se siguen sintiendo. La población ucraniana es de solo 30 millones y otros 12 millones viven en el exterior. Entre ellos, la esposa (Marianna Novikova) y Yustyna, la hija quinceañera del cineasta Roman (el propio Valentyn Vasyanovych), quienes huyeron a y se radicaron en Viena tres años atrás. El protagonista, sin embargo, se ha quedado en su país junto a Yaryk (Hryhoriy Naumov), su hijo de 18 años que está iniciando su etapa universitaria.
Pero, luego de un largo plano fijo inicial, nos damos cuenta de que en verdad Roman está rodando una película y lo que estamos viendo es, precisamente, parte de una historia de ficción basada en sus propias experiencias autobiográficas (o al menos eso parece). No es la primera vez (ni será la última) que un director apela al recurso del cine dentro del cine, a exponer el artificio justo cuando el espectador empieza a implicarse emocionalmente con las desventuras del antihéroe de turno, pero lo cierto es que Vasyanovych demuestra una consistencia (y hasta una llamativa ductilidad actoral) como para sostener la forma y conseguir varios pasajes tragicómicos, incómodos, provocadores.
La relación padre-hijo, la amistad con otros artistas tan torturados como él que lo acompañan en el proyecto de la película (por ejemplo, el cincuentón Vlad que interpreta Vladen Odudenko), el bloqueo creativo, el consumo excesivo de alcohol como forma de ahogar las penas y la imposibilidad de sostener una relación a distancia con su esposa y su hija son solo algunas de las problemáticas que aborda el aquí productor, director, guionista, editor, fotógrafo y protagonista del relato.
El problema es que en determinado momento la película empieza a repetirse en situaciones recargadas de autoflagelación y autoconmiseración. Uno trata de entender lo que es haber atravesado tiempos de guerra, sufrir para seguir filmando, tener una familia rota, pero así y todo la experiencia en la segunda mitad se torna de a ratos un poco irritante. Por suerte, cuando parece que va a caer en la tentación de la solemnidad y el regodeo en la degradación íntima, Vasyanovych se permite algunas bienvenidas bromas cargadas de ironía sobre, por ejemplo, el lugar de los coproductores y los festivales de cine. En uno de ellos, Toronto, es donde acaba de estrenar esta incisiva, despiadada, desgarradora mirada a la Ucrania contemporánea que a la larga termina surfeando y trascendiendo sus propios desniveles y limitaciones.
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