Críticas
Unidad 25, de Alejo Hoijman
Vigilar y castigar
Este documental -ganador de la competencia argentina del BAFICI 2008- combina lo observacional con una construcción ficcional cercana al thriller para exponer los logros y las miserias de una cárcel modelo manejada con disciplina de hierro por los evangelistas.
Unidad 25 (Argentina-España-Francia/2008). Guión, edición y dirección: Alejo Hoijman. Fotografía: Gastón Girod. Sonido: Diego Martínez. Distribuidora: Lagarto Cine. Duración: 93 minutos. Salas: 2 (Hoyts de Abasto y Arte Cinema).
La Unidad 25 del penal de Olmos suena como el paraíso para muchos presos en cárceles comunes. De hecho, son más de 30.000 los que solicitan ser trasladados allí ¿La razón? En la Unidad 25 no hay peleas, violaciones, facas, ni drogas y los presos se autocontrolan. El día a día violento y salvaje de los penales tradicionales fue reemplazado por el evangelismo más doctrinario y verticalista que pueda imaginarse. Alejo Hoijman se mete de lleno en esta cárcel que los internos llaman “iglesia” a partir de la llegada de Simón, un joven que lentamente va siendo adoctrinado en la obediencia, clave de la vida en el lugar.
Con Unidad 25 -igual que con Dinero hecho en casa, su primer largometraje-, Hoijman más que documentar, pregunta. El material de sus interrogantes son las paradojas, que las hay y muchas en una cárcel sin índices de violencia física, pero con un férreo control psicológico nunca tan evidente en su aspecto político.
Con una estructura narrativa de cine de ficción, la película sigue a Simón, un muchacho de 18 años, en su choque con esta cotidianeidad de sermones, cantos y festejos. Y lo sigue -a él y a todos- con una cercanía sorprendentemente natural, construyendo casi un thriller psicológico acerca del dominio, la obediencia y el poder.
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