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Crítica de “Lúa vermella”, de Lois Patiño (Forum) - #Berlinale
Suerte de complemento o segunda parte de un díptico iniciado en 2013 con Costa da Morte, Lúa vermella sigue indagando en las tradiciones, fábulas, mitos, leyendas y recuerdos surgidos de la memoria colectiva y la tradición oral de los pueblos costeros y rurales de la Galicia profunda.
En medio de bellísimas imágenes del mar y de la comunidad de Camariñas, los lugareños empiezan a contar anécdotas, recuerdos, experiencias personales y versiones varias sobre Rubio (O Rubio de Camelle), un pescador y experto buzo que, luego de haber recuperado en el mar los cadáveres de más de 40 accidentados, murió en un naufragio en circunstancias por demás extrañas.
A medida que avanza la narración y escuchamos en off los relatos de los vecinos, el film se vuelve más y más misterioso y -a su manera- fascinante. Las fuerzas de la naturaleza, pero también personajes fantasmagóricos y el “monstruo” (o "la bestia") del mar de Finisterre empiezan a formar parte de esa reconstrucción colectiva bastante imprecisa, difusa, hecha de retazos, de viñetas, de una sumatoria de pequeñas versiones individuales y de sucesivas capas narrativas que van abordando cuestiones como el duelo, la pérdida, la extrañeza y el dolor.
Una roca de extrañísima forma y mágicos poderes es uno de los elementos recurrentes del film, que pierde algo de su fuerza sugerente y poética cuando el director hace evidentes (y algo obvios y torpes) los elementos fantasmales. De todas maneras, la potencia y belleza de las imágenes (la fotografía es del propio Patiño) y la sensibilidad y respeto a la hora de construir este collage de historias propias de su región, hacen de Lúa vermella una experiencia hipnótica, embriagadora, absorbente e inmersiva (tanto desde lo visual como de lo sonoro). Se trata, en definitiva, de otro valioso nuevo exponente de ese cine gallego (piénsese también en Oliver Laxe, Eloy Enciso, Diana Toucedo o Eloy Domínguez Serén) hoy tan de moda en el circuito de festivales.
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