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Crítica de “Another Round” (“Druk”), de Thomas Vinterberg, con Mads Mikkelsen - #68SSIFF (Competencia Oficial) / #TIFF20
Parte de la Selección Oficial de Cannes 2020, la nueva colaboración entre el director y el protagonista de La cacería se presentó primero en Toronto y luego en la principal competencia de San Sebastián.
Another Round (Druk, Dinamarca-Suecia-Países Bajos/2020. Dirección: Thomas Vinterberg. Elenco: Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Lars Ranthe, Magnus Millang y Maria Bonnevie. Guion: Tobias Lindholm y Thomas Vinterberg. Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen. Edición: Janus Billeskov Jansen y Anne Østerud. Duración: 116 minutos. (En la Competencia Oficial de San Sebastián y en la Selección Oficial de Toronto).
¿Cuál es el límite en el que el consumo de alcohol deja de ser recreativo para convertirse en adicción? ¿Cuándo deja de ser un sano combustible para cierta euforia, éxtasis creativo y desinhibición para transformarse en una droga destructiva? ¿Cuántos excesos y de qué dimensiones nos transforman en alcohólicos? ¿Hasta dónde podemos controlar de forma racional el tema y en qué momento la bebida pasa a dominarnos y nos convierte en dependientes? Esos son algunos de los inquietantes e interesantes planteos que Thomas Vinterberg hace en Another Round, una película triste pero que evita regodearse en el sufrimiento y sensible sin caer en la bajada de línea aleccionadora.
No soy demasiado fan del director de La celebración, Submarino, La comuna y La cacería, y por eso -más allá de los múltiples interrogantes que deja y de las contradicciones que propone- me enganché como pocas veces con su cine. En ese sentido, me parece que con Another Round construye una historia menos cínica y más empática, menos manipuladora y más humanista que en la mayoría de sus trabajos anteriores.
Esto no significa en absoluto que Another Round sea un film sencillo de digerir o asimilar, ni que deje por completo algunas de esas crueldades que son marca de fábrica del realizador danés, pero tanto en la relación entre los cuatro amigos y docentes que se dedican a hacer todo tipo de pruebas con el consumo de alcohol y en la que hay entre el protagonista y su esposa de toda la vida se puede percibir un sustento de amor por sobre la capa superficial de desprecio.
Martin (un Mads Mikkelsen otra vez en estado de gracia artística) es un profesor de Historia en el último año de un colegio secundario. Mientras los alumnos sueñan con ingresar en la universidad, él luce cada vez más desorientado, desconcentrado, frustrado, casi al borde de la depresión. Cuando él y sus tres mejores amigos/colegas, Nikolaj (Magnus Millang), Tommy (Thomas Bo Larsen) y Peter (Lars Ranthe), empiezan a probar los efectos que en sus comportamientos provoca la bebida ingerida en diferentes grados (hay un obsesivo análisis del alcohol en sangre) descubren que hasta cierto punto los puede ayudar en sus actividades cotidianas. Pero, claro, ese límite es totalmente impreciso y muy difícil de manejar y los desbordes no tardan en aparecer. La relación con su esposa Anika (Maria Bonnevie) y sus dos hijos adolescentes termina de implosionar y para los otros tres borrachines las cosas no irán precisamente mejor.
El alcoholismo es un mal endémico en todo el mundo, pero en los países escandinavos adquiere ribetes catastróficos. Vinterberg se acerca a ese fenómeno social con más preguntas que respuestas, sin caer en la denuncia horrorizada ni en explicaciones demagógicas o tranquilizadoras. Lo hace con observaciones en muchos casos inteligentes, con incisivos pasajes de comedia negra, con una narración potente y furiosa, y de la mano de un elenco de lujo en el que se destaca ese portentoso actor llamado Mads Mikkelsen, quien con cada mirada, cada gesto, alcanza a manifestar toda la angustia, la frustración, la vulnerabilidad y los deseos de un hombre maduro que, más allá de una sociedad de alto estándar económico, sufre en carne propia esa sensación de no estar nunca a la altura de las circunstancias. La crisis de la masculinidad tradicional.
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Buenísima, la única "mancha" el toque yanquilandia de la escena del funeral cuando el pibito le pone la flor en el cajón y el coro cantando. Mads Mikkelsen es un animal.