Columnistas
“The Crown”, “Lupin” y el éxito global de las series “eficaces”
Una mirada no tan entusiasta sobre el boom de producciones que sintonizan a la perfeccion con esta era de los algoritmos.

Las vacaciones nos sirven a los cinéfilos para revisar clásicos (con mis hijos vimos desde El espíritu de la colmena, de Victor Erice; hasta La última película, de Peter Bogdanovich), pero también a quienes nos dedicamos a cubrir films y series para recuperar los contenidos más populares con esa idea un poco absurda de “estar al tanto” de lo que está de moda. Así, pues, me puse a ver tanto la producción británica The Crown como la francesa Lupin, que vienen encabezando desde hace varias semanas las preferencias en Netflix.
No es el objetivo de esta columna ir “contra el consenso”. De hecho, considero que tanto la creación de Peter Morgan sobre el reinado de Isabel II como la serie con Omar Sy en el papel de Assane Diop, un ingenioso ladrón inspirado en el mítico personaje de Arsène Lupin, están bien producidas, ambientadas, narradas, actuadas (y, sobre todo, brillantemente “maketineadas”). Ahora bien, en el agregador Metacritic tanto la temporada 4 de The Crown como la primera parte de Lupin (a principios de enero se subieron solo 5 de los 10 espisodios) tienen un promedio de 85/100. ¿Son realmente series extraordinarias como esos puntajes indican? Mi sensación es que no, que son muy eficaces, pero que de alguna manera sintonizan con esta era del binge-watching y generan en la crítica especializada un entusiasmo tan desbordante como exagerado.
The Crown tiene el innegable atractivo de reconstruir las desventuras de la realeza (con sus rígidas tradiciones y sus intrigas palaciegas) y de la clase política británica. De hecho, en la flamante temporada tenemos la incorporación de Gillian Anderson (para mi gusto un poco exagerada y estereotipada) como la primera ministra Margaret Thatcher, la fascinante historia de Lady Di (Emma Corrin) y -a un nivel más local- la cuestión de la Guerra de Malvinas abordada en los episodios 4 y 5. Lo cierto es que, más allá de la indudable solidez de la narración, en varios pasajes asistimos a situaciones y diálogos más propios de un culebrón de antaño que de una serie merecedora de una calificación de 85/100.
Lo mismo ocurre, en otro registro e incursionando en géneros muy distintos, con Lupin. Una estrella sumamente popular (Omar Sy), directores con oficio (desde el local Louis Leterrier hasta la ¡chilena! Marcela Said), ingeniosos robos, locaciones muy populares (un golpe en el mismísimo Museo del Louvre), dinámica carcelaria (Diop entra y sale de prisión como pancho por su casa) y problemáticas muy en boga (las diferencias sociales y raciales). Aquí, otra vez, se imponen la fórmula, recursos ya probados que son dignamente reciclados e implementados.
Uno puede seguir The Crown y Lupin sin demasiado esfuerzo y hasta con cierto placer: son de efecto inmediato y fáciles de digerir, pero... ¿es eso lo que les pedimos a las producciones europeas hoy? Desde mi lugar ya no de crítico sino de mero espectador no me conformo con consumir series “accesibles”, construidas con el manual del buen guionista. Prefiero apuestas más autorales, audaces, incómodas, inclasificables. Ahí están, por ejemplo, el combo Breaking Bad-Better Call Saul; We Are Who We Are; Betty; I May Destroy You, Fleabag o Curb Your Enthusiasm. Contra la dictadura de los algoritmos.
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Qué es lo que ha pasado con la serie LUPIN, en lo mejor la cortan , eso ESTÁ MUY MAL !!!! ES COMO PARA BORRARSE DE NETFLIX !!!!