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Festival de Mar del Plata 2022
Crítica de “La uruguaya”, de Ana García Blaya (Competencia Internacional) - #37MarDelPlataFF
La transposición de la celebrada novela de Pedro Mairal es un encantador ejercicio de (tragi)comedia romántica.
La uruguaya (Argentina-Uruguay/2022). Dirección: Ana García Blaya. Elenco: Sebastián Arzeno, Fiorella Bottaioli, Jazmín Stuart y Gustavo Garzón. Guion: Christian Basilis y Josefina Licitra, basado en la novela de Pedro Mairal. Fotografía: Florencia Mamberti. Edición: Joaquín Elizalde. Dirección de arte: Marlene Lievendag y Mariana Pereira. Sonido: Martín García Blaya. Música: Mocchi. Duración: 78 minutos.
La uruguaya es un proyecto curioso en más de un sentido: porque fue financiado en buena parte vía crowdfunding por “1.961 productores” (todos sus nombres figuran en los créditos finales) que apoyaron la iniciativa de Orsái, de Hernán Casciari; porque es una transposición de una premiada y exitosa novela homónima como la publicada en 2016 por Pedro Mairal; porque una directora como Ana García Blaya, que había debutado en 2019 con una hermosa y autobiográfica película como Las buenas intenciones, pudo aportarle su impronta a una historia que en este caso no le pertenecía ni tenía en principio implicancias personales; y porque este tipo de incursiones en la (tragi)comedia romántica no suelen ser seleccionadas para la competencia principal de un festival grande.
Lucas Pereyra (Sebastián Arzeno) es un escritor cuarentón (con los 50 cada vez más cerca) y de cierto éxito de ventas, pero en plena crisis creativa y al parecer también de pareja, potenciada por una flamante paternidad que no lleva de la manera más natural. Un primer viaje a un festival literario en una playa de Uruguay le cambia la perspectiva y las energías cuando se enamora de Guerra (Fiorella Bottaioli), una atractiva e impulsiva mujer bastante más joven que él (no llega a los 30).
Cuando tiempo después viaja a Montevideo para traer 15.000 dólares (los argentinos y sus eternas estrategias para entrar dinero evitando controles y pérdidas cambiarias) contacta a la uruguaya del título. Lo hace a lo grande (alquila la misma habitación del lujoso hotel Radisson desde donde Damon Albarn sacó una foto del Palacio Salvo que terminaría en la tapa del disco Heavy Seas of Love y que años después inspiraría el tema The Tower of Montevideo), el reencuentro es bebiendo el whisky importado más caro de un bar, pero como estamos en el terreno de las desventuras y los enredos, de una comedia romántica deforme con un querible loser como protagonista, nada sale tal como lo tenía planeado.
No conviene adelantar demasiado sobre las peripecias de la pareja por las hermosas calles de Montevideo (algo así como un Antes del atardecer, de Richard Linklater, a-la-uruguaya), pero sí que Arzeno y Bottaioli consiguen en buena parte de las escenas esa química indispensable como para que la cosa funcione en los términos en que la historia requiere. Hay, sí, un uso intensivo inicial de la voz en off de Catalina (Jazmín Stuart), que le da un curioso punto de vista al relato (muy distinto al de la novela original), pero ese recurso se va atenuando con el correr del metraje.
Hay también algunos diálogos que suenan un poco calculados, sobreescritos, y ciertos hilos y costuras del (¿demasiado?) cuidado guion, pero en líneas generales -como ya lo había demostrado en su consagratoria ópera prima, a la que le hace incluso algunos guiños- García Blaya consigue que la fluidez y ese placer lúdico que muchas veces nos regala el cine afloren en el marco de esa relación que, de una u otra manera, cambiará a Lucas para siempre. Una sensible -por momentos encantadora y en otros descarnada- mirada al alicaído, inestable e inmaduro universo masculino, ahora desde una perspectiva más femenina (y feminista).
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