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Crítica de “Rotting in the Sun”, de Sebastián Silva (MUBI)
Desde el viernes 15 de septiembre se podrá ver en MUBI la más reciente película del chileno -radicado en los Estados Unidos- Sebastián Silva (La vida me mata, La nana, Gatos viejos, Crystal Fairy y el cactus mágico, Magic Magic, Nasty Baby, Tyrel) que se rodó en México. Una comedia negrísima, radical y muy provocadora estrenada en el último Festival de Sundance.
Rotting in the Sun (Estados Unidos-México/2023). Dirección: Sebastián Silva. Elenco: Jordan Firstman, Rob Keller, Vitter Leija, Catalina Saavedra, Gerardo Sierra, Juan Andrés Silva y Sebastián Silva. Guion: Pedro Peirano y Sebastián Silva. Música: Nascuy Linares. Fotografía: Gabriel Díaz Alliende. Edición: Santiago Cendejas, Gabriel Díaz Alliende y Sofía Subercaseaux. Duración 109 minutos. Disponible en MUBI desde el viernes 15 de septiembre.
Hacía un buen tiempo que de este lado del mundo se sabía poco del responsable de ;La nana (2009), pues Silva emigró a los Estados Unidos después de aquella película y desde entonces ha filmado varias producciones independientes –la más conocida es Nasty Baby (2015)- y, en el último tiempo, se dedicó a series y podcasts. Esa mezcla de universos y lenguajes se patentiza en su última película, ;Rotting in the Sun, que desde su estreno en el último Festival de Sundance no ha hecho más que generar polémicas en las pocas exhibiciones públicas que ha tenido.
Una polémica entendible, en tanto el chileno propone una comedia alimentada tanto por lo autobiográfico –Silva hace de sí mismo, igual que casi el resto de los personajes– y lo íntimo como por la anarquía y un frenetismo alocado muy acorde con el universo interno de su protagonista. Un protagonista que no es otro que, claro, Silva, que vive en México en el taller artístico de un amigo junto a la empleada doméstica (Catalina Saavedra, repitiendo el uniforme de La nana) y atraviesa una angustia profunda, motivada por el solo hecho de existir.
Siempre deseoso de suicidarse y pasado de estupefacientes las 24 horas de cada día (hay chistes buenísimos sobre esos temas), Sebastián toma el consejo de su amigo y viaja hasta una paradisíaca playa gay donde los turistas disfrutan tanto del agua cristalina como del sexo y los cuerpos ajenos, puntapié para una sucesión de planos frontales de miembros masculinos de todo tamaño, forma y color. Entre ellos, el del influencer Jordan Firstman, quien conoce a Sebastián justo al día siguiente de haber visto una de sus películas y se entusiasma con la posibilidad de un proyecto juntos. Además de encamarse con él, claro, porque acá las cosas se resuelven entre los arbustos –hay algo de El desconocido del lago, de Alain Guiraudie, en la etapa playera del relato– o entre las sábanas, incluso cuando esos cuerpos envasen soledad y fragilidad.
Días después de esas vacaciones, Silva acepta a regañadientes una propuesta de trabajo de Firstman y éste hace las valijas rumbo a Ciudad de México para instalarse en su casa y cranear juntos el proyecto. Que el boceto sea un egotrip de Firstman –un tipo con un optimismo a prueba de todo– es uno de los tantos elementos con los que el realizador se ríe mordaz, sardónicamente de los usos y costumbres de las redes sociales, a la vez que del oportunismo de una industria audiovisual siempre lista para volar hacia donde la lleven los vientos de lo que sus ejecutivos piensan que podrá traducirse en dinero.
Hasta que ocurre un hecho que no conviene revelar, y que desplaza a la película hacía un carril muy distinto al que venía transitando. Uno por el que la angustia deja lugar a lo implosivo, el desenfreno muta por paranoia y la mirada socarrona de la industria es desplazada por las tensiones de clase y una exploración por los pliegues más oscuros del ser humano.
Adquirida para su distribución regional por la plataforma MUBI, Rotting in the Sun es una comedia orgiástica y negrísima sobre un suicida que deviene en thriller con naturalidad y fluidez, sin perder el verosímil. Todo sería distinto, desde ya, sin el notable trabajo del plantel actoral. Especialmente de Firstman, cuyo álter ego empieza siendo una caricatura de sí mismo y poco a poco va sacándose las capas de frivolidad para erigirse como humanista empedernido.

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