Críticas
Cine argentino en salas
Crítica de “Después, la niebla”, película de Martín Sappia
Tras su paso por la muestra Contracampo en Mar del Plata 2024 y por los festivales de Jeonju, Gotemburgo y Cosquín (FICIC), se estrena en salas de Buenos Aires, Córdoba y Río Cuarto este nuevo film del director de Un cuerpo estalló en mil pedazos (2020).
Después, la niebla (Argentina/2024). Guion y dirección: Martín Sappia. Elenco: Pablo Limarzi, Carolina Baitella, Ana Ruiz, Carlos Lima, Cecilia Curtino, Mara Santucho, Rodrigo Fierro y Sergio Heredia. Fotografía: Ezequiel Salinas. Sonido: Atilio Sánchez. Edición: Ramiro Sonzini. Duración: 114 minutos. Salas: Gaumont (del jueves 26/6 al miércoles 2/7, a las 17.45 y 21.45); Cineclub Municipal Hugo del Carril de la ciudad de Córdoba (jueves 26, a las 15.30 y 20.30; viernes 27, a las 18 y 23; sábado 28, a las 15.30 y 20.30; domingo 29, a las 18 y 23; lunes 30, a las 20.30; martes 1/7, a las 18; y miércoles 2/7, a las 20.30); y Centro Cultural Leonardo Favio de Río Cuarto (jueves 26/6, a las 18; sábado 28/6, a las 20.30; y miércoles 2/7, a las 18).
César (Pablo Limarzi), es desde hace dos décadas el sereno y supervisor en una fábrica cordobesa de productos químicos. Tras recibir una carta de su hermana en la que le avisa que ha vendido un terreno familiar en la montaña, abandona ese trabajo de tantos años para emprender un largo viaje a pie con el objetivo de recuperar la urna con unas cenizas que están enterradas en ese lugar que ya no le pertenece.
Comienza, así, una larga y en muchos pasajes solitaria travesía desde lo urbano hacia lo natural en la que se irá topando con personajes en su mayoría entrañables (también alguno que, alegando una invasión a la propiedad privada, lo maltratará).
Esos viajes, esos encuentros con una maestra, una botánica, un cuidador y varios otros personajes de la región, alcanzarán por momentos una dimensión casi mística y del orden de lo espiritual en un film contemplativo que parece una cruza entre el cine de Abbas Kiarostami y las películas de Tsai Ming-liang con el monje caminante interpretado por Lee Kang-sheng.
No siempre en esa deriva, en esos enredos imprevisibles o en el uso de las cartas narradas por la voz en off de la hermana se consigue el mismo interés, pero Martín Sappia, su asistente Mariano Luque, su fotógrafo Ezequiel Salinas, su editor Ramiro Sonzini, su sonidista Atilio Sánchez y el resto del equipo terminan moldeando varios momentos de una belleza nunca ostentosa y de una sensibilidad jamás subrayada ni manipulatoria. Hay algo fascinante en la experiencia de búsqueda, de encuentro, de observación. Lo importante, suele decirse, no es tanto el destino final sino todo lo que ocurre en el camino y en la historia de este hombre que rompe con su rutina para buscar nuevos rumbos hay mucho de (re)descubrimiento y de redención.
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