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Cómo es la serie documental “Menem Junior: la muerte del hijo del presidente” (Max)
Con Matías Gueilburt como showrunner y Anahí Berneri y Sergio Wolf como codirectores, esta entrega de cuatro partes (tres horas en total) combina una potente investigación periodística con elementos de ficción. Las dos primeras entregas ya están disponibles en Max.

Con la producción periodística de Facundo Pastor (también uno de los que ofrecen su testimonio), Juan Zumpano e Ignacio Maligne, varios guionistas y seis editores, Menem Junior: la muerte del hijo del presidente es indudablemente un sólido y por momentos apasionante trabajo de investigación construido con mucho ritmo y tensión, pero que a la vez no logra trascender ciertos moldes y hasta fórmulas del género de las true crime stories y del docudrama para el universo del streaming.
Es como si la vertiente más “autoral” (con perdón del término en el marco de la reseña sobre una serie de estas características), que podrían haber aportado tanto una talentosa directora de ficción como Anahí Berneri como un realizador de documentales que se escapan de lo tradicional y lo obvio como Sergio Wolf, hubiese quedado sepultada por la maquinaria de las reescrituras de guion, la catarata de compaginadores que buscan imprimirle cada vez más vértigo, una musicalización por momentos demasiado subrayada y las inevitables controversias internas en muchos casos hasta de índole legal respecto de qué, cómo, cuándo y por qué incluir u omitir determinados datos o valoraciones respecto de los controvertidos hechos.
Hecha esa introducción, hay que indicar que Menem Junior: la muerte del hijo del presidente se sigue con mucho interés (en mi caso vi los cuatro episodios de 43, 48, 46 y 42 minutos en un binge-watching de tres horas) porque la multiplicidad y calidad de los testimonios, el excelente trabajo de archivo y la apuntada dinámica y agilidad en la construcción narrativa la convierten en una experiencia valiosa.
En el documental aparecen opinando muchos periodistas, investigadores y escritores (además de Pastor, Olga Wornat, Román Lejtman, Chiche Gelblung, Christian Balbo, Alejandro Margulis), protagonistas directos de aquella época (como el ex ministro de Econmía Domingo Cavallo), el principal juez de la causa (Carlos Villafuerte Ruzo), agentes de la SIDE y de la DEA, abogados, peritos, y -claro- quienes llevaron adelante durante años la lucha por demostrar que el del 15 de marzo de 1995 no fue un accidente producto de la imprudencia de Carlos Menem Jr. piloteando un helicóptero sino de un atentado, el tercero luego de las voladuras de la Embajada de Israel y la AMIA: me refiero a la “cruzada” de Zulema Yoma, acompañada por su hija Zulemita Menem.
La serie, que combina documental clásico (cabezas parlantes) con reconstrucciones y ficcionalizaciones, parte de la tragedia (la caída del helicóptero y la muerte del hijo del presidente Carlos Saúl Menem) para luego no solo desplegar las distintas teorías (que el aparato fue baleado, que detrás del hecho pudieron estar desde Hezbollah hasta el Cartel de Medellín de Pablo Escobar) sino también hacer una radiografía de la era menemista con su política exterior zigzagueante, sus conexiones bastante turbias y el imperio de la corrupción y la impunidad. En ese sentido, se extraña el testimonio de algún referente importante de aquel gobierno, aunque las contradicciones, distintos puntos de vista y múltiples análisis respecto de los hechos quedan bien marcados.
Así, aunque a nivel formal no escape en muchos casos de la norma, Menem Junior: la muerte del hijo del presidente se suma a la lista de incursiones nacionales en el género (Los ladrones: La verdadera historia del robo del siglo, también de Gueilburt; El fotógrafo y el cartero: El crimen de Cabezas y Carmel: ¿Quién mató a María Marta?, todas de Netflix) con resultados en varios aspectos más que satisfactorios.

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