Festivales
Especial sección Nocturna: críticas de “Vampire humaniste cherche suicidaire consentant” y “La Morsure” - #BAFICI2024
Reseñas de dos óperas primas que se verán en la muestra dedicada a cine fantástico y de terror.
Esta comedia adolescente vampírica -debut en el largometraje de la cineasta franco-canadiense Ariane Louis-Seize, radicada en Montreal- tuvo su estreno mundial en Giornate degli Autori, la principal sección paralela de la Mostra de Venecia 2023
Vampire humaniste cherche suicidaire consentant / Humanist Vampire Seeking Consenting Suicidal Person / (Canadá/2023). Dirección: Ariane Louis-Seize. Guion: Christine Doyon y Ariane Louis-Seize. Elenco: Sara Montpetit, Félix-Antoine Bénard, Steve Laplante, Sophie Cadieux, Noémie O'Farrell, Arnaud Vachon, Marie Brassard y Madeleine Péloquin. Fotografía: Shawn Pavlin. Duración: 90 minutos.
Los vampiros están más vivos que nunca, como demuestran los pasos recientes por la cartelera comercial de Renfield, con Nicolas Cage pasadísimo de rosca como protagonista, y Drácula: Mar de sangre, en la que el realizador noruego André Øvredal se concentraba en el viaje del Conde a Londres narrado en el capítulo siete de la novela de Bram Stoker. A ellas se suma Humanist Vampire Seeking Consenting Suicidal Person, donde la directora Ariane Louis-Seize retoma la mitología vampírica para subvertirla y devolverla a la pantalla con la forma de un curioso coming of age cargado de humor negro.
La tonalidad del humor queda clara desde la secuencia inicial. Allí se ve a Sasha, la más pequeña de una familia de vampiros, viviendo un episodio traumático que involucra a un payaso y la un tanto maligna forma de matarlo de sus padres. Años después, ella (Sara Montpetit) se ha convertido en una adolescente demasiado empática y, por lo tanto, incapaz de lastimar a alguien para alimentarse, por lo que su única dieta son las bolsas de sangre que le da su familia.
Todo cambia cuando el resto del clan decida que ya es hora de que Sasha busque sus propias víctimas. Por suerte para ella, en un grupo de terapia grupal –en el que, desde ya, no puede contar el verdadero motivo de su visita– conoce a Paul (Félix-Antoine Bénard), uno de esos jóvenes lánguidos, introvertidos y acostumbrados al bullying que abundan en las películas estilo Sundance o las series dramáticas soft de Netflix. Como él quiere morir, la posibilidad de hacerlo ofreciéndose como cena de Sasha asoma tentadora.
A partir de ese encuentro, la vampira humanista del título inicia una curiosa relación con el suicida y, con ello, la película se corre hacia una faceta más emotiva anclándose en las angustias existenciales de esos chicos que sienten que no encajan con las expectativas depositada sobre ellos, aunque sin perder el espíritu lúdico.
La Morsure (Francia/2023) Dirección y guion: Romain de Saint-Blanquat. Elenco: Léonie Dahan-Lamort, Lilith Grasmug, Cyril Metzger, Maxime Rohart y Fred Blin. Fotografía: Martin Roux. Edición: Sanabel Cherqaoui. Sonido: François Abdelnour. Música: Émile Sornin. Duración: 90 minutos.
"¿Alguna vez seré normal?", le pregunta Françoise al péndulo. La chica tiene 17 años, vive en un internado de monjas junto a decenas de chicas -entre ellas Delphine, la hija del portero y su mejor amiga- y toma gran parte de sus decisiones basándose en lo que le “dice” ese elemento: de girar en sentido horario, la respuesta es sí; caso contrario, no. Cuando a esa creencia espiritual se sume un sueño vívido en el que vislumbra una fiesta y su muerte, ya nada volverá a ser como antes.
Podría pensarse que La Morsure (“La mordida”), estrenada en la competencia Cineasti del Presente del Festival de Locarnos 2023, será un relato acerca de las aventuras juveniles de esas dos amigas adolescentes con ganas de quebrar la represión y los límites férreos impuestos por las monjas. Sobre todo, porque transcurre en la década de 1960 y el disparador de las acciones es un papel que reciben de parte de unos chicos que pasan por la calle con los datos de una fiesta de disfraces. Una fiesta a la que, desde ya, Françoise querrá ir.
La película de Romain de Saint-Blanquat, sin embargo, recorre caminos mucho más misteriosos e impredecibles. Están, sí, los encuentros con desconocidos, especialmente uno que oficiará como chofer de las chicas rumbo a la fiesta, y los choques culturales con un entorno muy distinto al que habitúan.
Pero el núcleo central radica en cómo canalizar el deseo y de qué manera las creencias pueden adquirir la fuerza de una verdad. Para eso ayuda que el realizador adopte como punto de vista el de Françoise, imprimiéndole al film una atmósfera tan cargada, caótica y arremolinada como su universo interno. Un universo en el que el placer y el martirio son las dos caras de una misma moneda.

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