Festivales
Adelanto exclusivo del libro “SOFILM: El cine francés hablado”
Por gentileza del BAFICI reproducimos una de las entrevistas de la publicación, en este caso una hilarante charla con Gérard Depardieu.
Gérard Depardieu: “No estoy listo para palmarla, habrá que esperar”
Por Pierre Boisson y Thierry Lounas
(fragmento)
-¿No es usted demasiado injusto con Godard?
-Me la suda Godard. Estamos hablando de cine. Godard no es cine, es un profesor. Como Duras, pero ella lo admitía, con honestidad: “Estoy harta de escribir por el momento”. En sus cuadernos había dolor, había demasiadas cosas vividas, sólo hacía falta algo: un poco de paz. Pero era demasiado, las rupturas, los dolores, las separaciones amorosas, todo, todo lo que se le venía encima desde su infancia, su padre que la abandonó, todo. Todo es vivencia, a mansalva. No basta con haber leído las cosas o con haber ido a la escuela. Hay que haberlas vivido. La mayoría de los actores o cineastas de hoy no han vivido nada. Hoy ni siquiera conocen a Gilles de Rais. No saben siquiera qué edad tenía cuando lo condenaron. Ya no hay cultura, mierda. Por eso tenemos el cine que se nos parece. Y sobre todo esos actores, vacíos de todo. Venga, venga, un poco de decencia, por favor.
-¿Y por qué colaboró entonces con Godard?
-Porque me lo pidió. Yo trabajo y lo demás no me importa. No voy a hacer como esos cantantes de mierda que dicen: “Yo no voy a actuar a ciudades donde votan a Le Pen”.
-¿No disfrutó rodando con Godard?
-Mi único placer fue hacerlo cagarse de miedo. Le encaré en un puente, en Nyon. Sólo quedábamos él y yo. Ya no había nadie trabajando, él se ocupaba de iluminar, y estaba muy bien, puesto que no nos hablábamos. Yo estaba ahí, y no dijimos ni una palabra. Le tuve bloqueado durante una hora y media en el pontón. Al final, le dije: “No pasarás”. Él me dijo (imita a Godard): “Pero, ¿por qué?”. “Porque eres un desgraciado. Porque has hecho daño a mi amigo Roland Blanche. Y eso no lo tolero”. Me suelta: “Dime qué quieres”. “Oh, yo no soy Alain Delon, ni funganito, a mi todo me importa muy poco. ¿Ves? Estoy aquí, frente a ti, y te digo: no vas a pasar. Aquí no tienes libros, no tienes nada, sólo te tienes a ti. A ti y al puto dinero de tu familia. Antes tenías un poco de cojones, pero ahora ya no. Ni siquiera tienes los cojones de decirme las cosas a la cara. Tienes que utilizar a cómplices como Alain Sarde, que te dan siete millones de francos para hacer una película. Y luego no tienes problemas de consciencia, te conformas con decirte: ‘¿Pero por qué he aceptado todo esto si no tengo nada que contar?’”. Su frase favorita era: “Si Dios quiere… ¿Pero querrá?”. Yo le decía: “Vete rezando”.
-Por aquel entonces a usted le gustaban las peleas, ¿no?
-Forma parte de mi naturaleza que, debo decirlo, en ocasiones es abundante; sobre todo lo era por aquel entonces. Era una cuestión de abundancia. La abundancia de la vida, que puede llevarte a cosas agradables, como regalarle a alguien 1.000 rosas, lo cual es una tontería, o no, o reventarle un cenicero en la cabeza a un antidisturbios o un policía de incógnito porque no quiere beber el champán que le ofreces, lo cual es otra tontería, otra tontería hecha por mí. Pero nunca he provocado nada.
-¿Por qué sigue haciendo cine?
-No sigo, me gano la vida, y además hago otras cosas. No sólo está el cine, por suerte. Frecuento a artistas, ando un poco por todas partes, cocino, cosecho vino, voy a ver a dictadores, como dicen. Una lástima que la gente no esté un poco mejor informada sobre Rusia. ¿Conoces a Iván el Terrible? ¿Sabes de qué época es? ¿Conoces la Rusia de antes? ¿Cómo eran los siervos? ¿Cómo Tolstoi quería liberarles y ellos le decían (se pone de rodillas): “No, amo, no quiero ser libre, quiero servirle a usted”? ¿Saben todo eso? No. Pues a leer, a instruirte, y listo. Incluso en el Festival de Cannes hay que recordarles ciertas cosas. Después de Gilles Jacob, vendrá Pierre Lescure como director. A Pierre Lescure voy a incitarle a que vaya a ver a Julian Assange para que le enseñe que no está bien prohibir, en general, y en particular no está bien prohibir Welcome to New York. La película no trata sobre DSK, no se llama DSK, sino Welcome to New York, con un tío, yo, que se llama Deveraux. Y su mujer se llama Simone. Una película inspirada en un suceso suficientemente enorme como para reconocer a un hombre con un cargo altísimo y una mujer que era una líder del periodismo. La película no molesta ni siquiera a Strauss-Kahn, que tiene otros coños de los que ocuparse, si se me permite. Le molesta a Anne Sinclair (ex mujer de DSK, en su día una de las periodistas más influyentes de Francia, N. De la R.). Dice: “No quiero, no quiero”. Y como tiene amigos por todas partes…
-¿Cómo es Putin?
-Putin es un muchacho de la KGB que estuvo apartado en Viena durante mucho tiempo. Le conté relatos de soldados de Stalingrado, puesto que he leído muchos. Me decía: “¿Pero cómo lees todo eso?”. Porque me interesa tanto como la historia de Rasputín, de Iván Grozny, de Catarina la Grande o de Alejandro II. Él me contó la historia de su padre. Su padre fue herido durante la batalla de Stalingrado. Cuando volvió a su casa, ésta había sido bombardeada. Había gente recogiendo cadáveres. En ese momento, ve a su mujer. Putin me cuenta eso. “¡Una ambulancia!”, dice su padre, con su madre en brazos. Le dicen que no vale la pena, que va a morir, pero carga con ella y la salva. El hermano mayor de Putin murió. Y Putin nace en 1952 porque su padre salvó a su mujer. El destino.
-Antes de Putin, estuvo Fidel Castro.
-Fidel era inteligente. Salvó a Chávez. Chávez quería pegarse un tiro. Su hija llamó a Fidel. Fidel le dijo: “Si mueres, serás una especie de héroe, pero si pasas dos años en prisión, te convertirás en presidente, como yo. Es simple. Para ser presidente, ¿cómo vas a hacer? Empezarás por ocuparte de las chabolas. Y yo te voy a ayudar. Voy a enviarte profesores, para que enseñes a leer. Vas a darles tu libro favorito. ¿Cuál es?”. Chavez le responde que Los miserables, de Víctor Hugo. “Bueno, pues tradúcelo y que lo editen. Luego me lo das. En un año te monto un programa de alfabetización.” Lo hizo, y dos años después era presidente. Luego, es cierto que tenía una naturaleza un poco exuberante, muy latina. Fidel hizo lo mismo con Angola. Esos tipos no son dictadores, son inteligentes. ¿Las Pussy Riots? No es cosa de Putin, es la Duma. A Putin las Pussy Riots le importan un carajo. Siempre nos reímos con el tema. Dice: “Cuando las liberen, van a pasarlo mal, porque no tendrán nada”. No hay que olvidar que los rusos son muy espirituales. Ahí estuvo Rasputín, pero, como él otros muchos. Putin tiene un director de consciencia, un archimandrita que se llama Padre, eh… mierda, se me ha olvidado. Un tipo formidablemente joven. Aquí tengo su libro. No tiene un discurso de cura, ni mucho menos. Es un discurso que puede encontrarse en Dostoievski. Es el discurso de Aliosha en Los hermanos Karamazov, donde se puede encontrar exactamente toda la historia de Rusia. Aliosha es el alma de Rusia.
-Usted solía ir a Cuba con el que era conocido como “el rey del pollo”, Gérard Bourgoin.
-No era un industrial como los de hoy, esos lameculos que sólo buscan ganar dinero. Era un aventurero, como los de finales del siglo XIX. Mira la historia de Le Grand Capitaine, el libro de Jacques-Francis Rolland. Tiene lugar en 1985. La conquista del Chad a cargo de una especie de militar, un electrón libre al que París no podía echarle el guante, el Capitán Voulet. Era el Gilles de Rais del Chad. Me fascinaba ese hombre que reunía a todos los aldeanos, que arrastraba a miles de personas con él. Apocalipsis Now, Kurtz, es lo mismo. Adiós al Rey, de Pierre Schoendoerffer. Basta con que leas libros sobre los Apaches. Se masacraron civilizaciones extremadamente evolucionadas. Eran ecologistas avant la lettre. Como también hubo periodistas avant la lettre: lee a Guillaume-Thomas Raynal, que escribió la Historia de las dos Indias. Él fue el inventor del periodismo tal y como lo entiende Assange. Era un abad, un filósofo. Fue él quien envió a gente, como Diderot, a las tabernas, en 1770, para tantear los mentideros de la sociedad.
-Hay un tipo de personas: los que pilotan ellos mismos sus aviones.
-Como yo. Mi primer sueldo lo empleé en pagarme un avión privado para ir de un sitio a otro. El lujo es la libertad, no tener un bolso Louis Vuitton. Yo cago en un bolso Vuitton. Pero la libertad no tiene precio. Yo no quiero depender de ningún imbécil. El lujo es no tener que depender de alguien que te haga sufrir sus temores, su miedo, su inercia.
-¿Todavía es posible conservar esa libertad, viajar de esa manera, siendo alguien célebre?
-Siempre he viajado así. Ya cuando no tenía un centavo, siempre me hospedaba en los mejores hoteles, porque conocía al conserje. Si el conserje ve que estás ahí, que tienes 13 años y que te vas a morir de frío, te dice: “Ponte ahí, cerca del radiador, pero a tal hora tendrás que marcharte”.
-¿No ha habido ningún momento en su vida en que se haya visto privado de libertad?
-Me he visto así en algunas ocasiones por culpa de directores un poco idiotas. Pero una vez que estás en una de esas, es un poco como cuando te dan por el culo. Estás en una película, y te dan por el culo. Bueno. No puedes ni darte la vuelta para darle un puñetazo en la cara al otro, porque si te mueves se te desgarra el ano. Así que no te mueves, te quedas ahí con un miembro en el culo y avanzas. Eso es todo. Esperas que se acabe.
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