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BAFICI 27
BAFICI 2026: Crítica de “Heysel 85”, película de Teodora Ana Mihai (competencia Vanguardia y Género)
Tras su presentación en la sección Special Gala de la reciente Berlinale, se exhibe en el festival porteño esta impactante e inteligente reconstrucción de una de las mayores tragedias de la historia ocurridas en un estadio de fútbol.
Heysel 85 (Bélgica, Países Bajos, Alemania/2026). Dirección: Teodora Ana Mihai. Guion: Teodora Ana Mihai, Lode Desmet e Isabelle Darras. Elenco: Violet Braeckman, Matteo Simoni, Josse De Pauw, Fabrizio Rongione y Paolo Calabresi. Fotografía: Marius Panduru. Edición:Bert Jacobs. Música: Anna Katharina Bauer. Duración: 91 minutos. Première sudamericana en la competencia Vanguardia y Género. Martes 21, a las 22:35, en Cinépolis Plaza Houssay (Sala 4); miércoles 22, a las 19:45 en Cinépolis Plaza Houssay (Sala 4); y viernes 24, a las 14:40 en el Teatro Alvear.
Nacida en Bucarest, Teodora Ana Mihai filmó su primer largometraje, el documental Waiting for August (2014), en su país natal, pero su debut en la ficción, La Civil (2021), se rodó en México, mientras que para Traffic / Reostat (2024) regresó a Rumania. Ahora, nuevamente con los hermanos Dardenne como coproductores, se arriesgó con un proyecto en su lugar de residencia, Bélgica, en el que tenía mucho más para perder porque este tipo de reconstrucciones suelen resultar bastante fallidas en la mayoría de los casos.
Atención spoilers: Si alguien no sabe (ni quiere saber) qué ocurrió el 29 de mayo de 1985 en el estadio Heysel de Bruselas, por favor deje de leer en este preciso instante.
Ese día se jugaba la final de la Copa de Europa (todavía no se llamaba Champions League) entre Juventus y Liverpool. Antes del partido, los hinchas ingleses irrumpieron en el sector Z, una zona asignada a aficionados neutrales pero ocupada principalmente por italianos de la Juventus (se vendieron miles de entradas falsas). Entre botellazos, cuchillazos y piedrazos, se produjeron avalanchas que provocaron que una pared colapsara dejando un saldo de 39 muertos (32 italianos, cuatro belgas, dos franceses y un irlandés) y más de 600 heridos. Insólitamente, las autoridades decidieron que el partido se jugara igual (la Juventus ganó 1-0 con un penal mal cobrado y luego convertido por Michel Platini) y, como consecuencia de la masacre, todos los clubes ingleses fueron vetados de los torneos europeos durante cinco años y 14 hinchas del Liverpool fueron condenados por homicidio involuntario en Bélgica. El estadio Heysel fue demolido y luego reconstruido. Aquella catástrofe, junto con la ocurrida de Bradford ese mismo año, aceleró una profunda transformación en materia de seguridad en los estadios europeos y una lucha frontal contra los hooligans que terminarían por desaparecer.
Yo tenía 16 años cuando ocurrió la tragedia, ya era muy futbolero y me acuerdo de la cobertura mediática y sus imágenes sobrecogedoras. Ahora bien, el interrogante lógico que me surgió antes de ver la película era qué de interesante se podía hacer desde la ficción con aquellos hechos reales. Y Heysel 85 resultó, en ese sentido, una muy agradable sorpresa.
Desde su estructura, su forma y su look, Teodora Ana Mihai apostó a combinar imágenes de archivo de las coberturas televisivas con las que ella recreó ahora y optó por concebir imágenes similares a la de los videos ochentosos con la idea de “empatar” lo documental con lo ficcional. El resultado de la colaboración con su habitual director de fotografía Marius Panduru es en ese sentido notable.
Pero, claro, con esas decisiones más del orden de lo visual que del terreno dramático, no se garantiza una película valiosa. Mihai le cede el punto de vista a Marie Dumont (Violet Braeckman), la hija y mano derecha del alcalde de Bruselas (Josse De Pauw), un alcohólico cobarde y representante de la vieja política que es incapaz de tomar decisiones en momentos de crisis. Así, la cámara dardenniana la seguirá de cerca en largos planos secuencia por los pasillos, vestuarios y salas del estadio, mientras ella (la mirada femenina a ese tóximo mundo masculino es un hallazgo) descubre las dimensiones del horror y trata de paliar mínimamente sus consecuencias. El entramado del guion también incluye a un periodista (el Matteo Simoni de Luca Rossi) que cubre los hechos y tiene a familiares en las tribunas, a un equipo de la televisión italiana, a un militar encargado de parte del operativo de seguridad y a otros personajes que ofrecen una suerte de mirada panorámica, caleidoscópica, al sangriento asunto. Y el trabajo con el fuera de campo visual y sonoro es también muy inteligente.
En definitiva, Heysel 85 resulta un retrato impiadoso, desolador, devastador sobre la peor cara de la burocracia (hay diferentes organismos involucrados, pero una falta absoluta de coordinación), sobre la inoperancia, el cinismo, la hipocresía del poder, sobre los efectos de la violencia en el deporte que aún persiste en muchas canchas de nuestra región, sobre el final de una época (analógica, improvisada) tras la que, es verdad, se barrió con lo peor de las barras bravas europeas, pero que también convirtió al fútbol en un espectáculo para élites que pueden pagar tickets inaccesibles para las mayorías.
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