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Crítica de “El fondo del mar”, película de Damián Szifron con Daniel Hendler, Dolores Fonzi y Gustavo Garzón (HBO Max)
La notable ópera prima del director de Tiempo de valientes (2005), Relatos salvajes (2014), Misántropo / To Catch a Killer (2023) y series como Los Simuladores y Hermanos y Detectives llegó a HBO Max en una copia restaurada.
El fondo del mar (Argentina/2001-2003). Guión y Dirección: Damián Szifron. Con Daniel Hendler, Dolores Fonzi, Gustavo Garzón, Daniel Valenzuela y José Palomino Cortés. Fotografía: Lucio Bonelli. Edición: Nicolás Goldbart. Música: Guillermo Guareschi. Dirección de arte: Mariela Rípodas y Lucía Onofri. Duración: 91 minutos. Apta para mayores de 13 años. Disponible en HBO Max desde el 12/8/2026.
(Esta crítica fue publicada en el diario La Nación el 28/8/2003 con motivo de su estreno comercial en salas)
Que Damián Szifron es un guionista y director que se mueve con soltura dentro de los distintos géneros cinematográficos ya aparecía como algo evidente a partir de esa doble función cumplida en el exitoso ciclo televisivo Los simuladores. En su primera incursión en el largometraje cinematográfico, este realizador de 28 años demuestra una elegancia estética propia de su admirado Stanley Kubrick, la construcción de un universo alucinado que remite a la exquisitez narrativa de Brian De Palma y del primer Martin Scorsese (hay aquí algo de la agudeza psicológica y la decadencia moral de Taxi Driver y mucho de la paranoia urbana de Después de hora), mientras que también aparecen vinculaciones con el mejor cine clásico: desde el humor absurdo de Luis Buñuel hasta el gag físico, el ritmo desenfrenado y el diálogo filoso de la comedia de enredos para llegar finalmente al insoslayable maestro del suspenso como es Alfred Hitchcock.
Pero El fondo del mar no se queda apenas en citas cinéfilas o en un salto de un género a otro (arranca como un drama romántico con estructura de triángulo amoroso sobre las obsesiones, los celos, la infidelidad y la venganza, deviene luego en un thriller de tono noir con persecución automovilística incluida, para concluir en un pequeño tratado existencialista): se trata de una película muy argentina (muy porteña), que sintoniza sin subrayados ni declamaciones con el progresivo grado de descomposición social, las pequeñas estafas, la violencia contenida, el sentimiento de culpa, la cobardía y los comportamientos autoritarios que definen el estado de las cosas actual, un poco en la línea que Fabián Bielinsky descubrió con Nueve Reinas.
Esta fábula urbana -como Un día de furia, pero en una Buenos Aires ominosa y nocturna- es moderna no sólo por su concepción formal, sino también por ciertos recursos szifronianos ya habituales como, por ejemplo, la utilización del teléfono celular como una de las herramientas principales para generar suspenso y motorizar el crescendo dramático de la historia.
Ezequiel Toledo (Daniel Hendler) es un estudiante de arquitectura y aspirante a buzo (está a punto de viajar a Puerto Madryn para el viaje de "bautismo") que vive obsesionado por controlar cada movimiento de Ana (Dolores Fonzi), la atractiva novia con la que acaba de iniciar una convivencia no demasiado armónica. Sus peores fantasías se convierten rápidamente en realidad, ya que descubre que ella lo engaña con un hombre maduro (Gustavo Garzón) que él no conoce. Desesperado, decide seguirlo obstinadamente en su auto iniciando así un duelo de imprevisibles consecuencias.
Pese a haber sido rodada en distintas etapas de 2001, 2002 y, como es el caso de una escena suplementaria que aparece cerca del final, también durante este año -incluso luego de su estreno mundial en el Festival de Mar del Plata- El fondo del mar no muestra grandes desfases estilísticos ni interpretativos, aunque su desenlace algo abrupto y derivativo no esté a la altura del sólido desarrollo previo.
Algunos espectadores podrán criticar cierto rasgo de misoginia en el retrato del mundo femenino y el estereotipo a la hora de plantear la atracción en una relación entre un psicólogo y una paciente, pero Szifron termina imponiéndose por sobre sus fallas a fuerza de habilidad y rigor para construir los distintos climas, la astucia para ganarse la empatía del público y la inteligencia para dosificar el humor.
A la solvencia de Hendler (Esperando al Mesías, Sábado) y de Fonzi (Caja negra, Vidas privadas) en los papeles protagónicos, se le suma la sorpresa de un convincente Garzón, que felizmente elude los tics y clisés del típico "chanta" porteño, mientras que también resultan muy acertadas las pequeñas participaciones de Daniel Valenzuela y José Palomino Cortés (como dos instructores de buceo), de Claudio Rissi (como un taxista) y de Rafael Filipelli (como un profesor de arquitectura), así como los cameos de los "simuladores" Diego Peretti y Alejandro Fiore, como un dúo de patéticos cómicos.
Película sobre la manipulación (pero no manipuladora), El fondo del mar resulta en su conjunto bastante más que la suma de sus partes. Un entretenimiento muy bien concebido con suficientes capas y sedimentos como para convertirse también en una inquietante pintura sobre las relaciones humanas en estos tiempos de crisis.
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