Críticas
Cine argentino en salas
Crítica de “Pepita, la Pistolera”, película de Lucía Puenzo con Luisana Lopilato
La directora de XXY, El niño pez, Wakolda, La caída y Los impactados reconstruyó con una estimulante potencia narrativa la historia real de Margarita Di Tullio en la oscura Mar del Plata de mediados de la década de 1980.
Pepita, la Pistolera (Argentina/2026). Dirección: Lucía Puenzo. Elenco: Luisana Lopilato, Claudio Tolcachir, Alberto Ajaka, Charo López, Marcelo Subiotto, Camila Peralta, Esteban Bigliardi y Gustavo Bassani. Guion: Lucía Puenzo, Andrés Gelos y Tatiana Mereñuk. Fotografía: Iván Gierasinchuk. Edición: Misael Bustos. Música: Andrés Goldstein y Daniel Tarrab. Dirección de arte: Marcelo Chaves. Sonido: Fernando Soldevila. Distribuidora: Disney / Buena Vista International. Duración: 106 minutos. Calificación: R-17 (Restringida).
Dentro del imparable fenómeno de las true crime stories tanto en el cine como sobre todo en los servicios de streaming, Pepita, la Pistolera no solo se ubica por encima de la media local sino que alcanza un merecido estreno en salas.
Lucía Puenzo y sus coguionistas Andrés Gelos y Tatiana Mereñuk construyen un entramado que mixtura con más aciertos que carencias el drama íntimo de una mujer de los bajos fondos en un contexto social y político marcado por la corrupción generalizada y la violencia de género en la por entonces renaciente democracia.
Estamos en la zona portuaria marplatense en 1985. Margarita Di Tullio (Luisana Lopilato, en la que probablemente sea la mejor actuación de su carrera) está embarazada, trabaja como prostituta top en un burdel manejado con mano dura por el Cuervo (Alberto Ajaka) y tiene como cliente preferencial a Germán (Claudio Tolcachir), el capitán de un barco que está enamorado de ella y está dispuesto no solo a mantenerla sino incluso a invertir para que salga adelante.
La situación general es ominosa en esa zona portuaria, pero también en otras partes de la ciudad, donde el denominado “Loco de la Ruta” está asolando con brutales crímenes que tienen como víctimas a trabajadoras sexuales. Ante esta situación, y harta de los abusos del Cuervo, Marga intenta abrirse, armar su propio negocio y darle empleo a sus amigas y compinches Nemeca (Charo López), Vicky (Camilia Peralta) y la novata Polaca (Gala Nisenson). Para ello, deberá negociar con referentes del poder (corrupto) como el todopoderoso juez Perkins (Marcelo Subiotto).
Con referencias que van desde Zodíaco, de David Fincher, hasta Bonnie y Clyde, de Arthur Penn, Pepita, la Pistolera expone la creación a sangre y fuego de un imperio clandestino pero de alguna manera también bienintencionado a cargo de una mujer con tanta inteligencia como agallas (la épica feminista resulta quizás por momentos un poco forzada). En ese sentido, hay una escena en la que, mientras suena de fondo La Bestia Pop, clásico de Los Redondos, se presenta el surgimiento y consolidación del universo de Pepita a través de un vertiginoso montaje que recuerda a Casino, de Martin Scorsese.
Puenzo y su equipo prefieren concentrarse en la dinámica y las lealtades entre los personajes femeninos, mientras que el Cuervo resulta un villano sin matices propio de un film de gangsters; sus colaboradores, el Tarta (Gustavo Bassani) y Américo (Esteban Bigliardi), casi no tienen desarrollo, y es Germán quien adquiere algo de humanidad y empatía.
Tanto la ambientación de época (la dirección de arte es de Marcelo Chaves) como el despliegue visual (la fotografía es de Iván Gierasinchuk) son muy buenos y nos sumergen en ese submundo de buques con marineros libidinosos, de clubes nocturnos donde abundan el lap dance, las strippers, los tragos caros y los clientes sedientos de sexo y de rutas desoladas en las que en cualquier momento puede irrumpir un asesino serial.
No es Pepita, la Pistolera una película perfecta, pero entre tanto producto algorítmico basado en crímenes reales resulta una bienvenida rareza y hasta un bálsamo. Puenzo cree en el poder cine, en la capacidad de fascinación que genera la pantalla gigante de una sala a oscura, y, por eso, su film tiene los méritos suficientes como para ser visto en esas condiciones ideales.
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Una porqueria en argumento y actuacion, esta persona es actriz,regreso a su pais para faltar el respeto al arte hermoso que es nuestro cine
De tal padre. Tal hija. La sangre habla. Ojalá que siga pensando en un buen guión y siga filmando. Es bueno una mujer directora. Siempre pienso en la Streisand cuando hizo Príncipe de las mareas. Intensa y profunda. La mirada de una mujer para con el cine. Vale. Ya lo había anticipado la lopilato . Tenía deseos y proyectos propios. Bienvenidas a las dos. Un cine qué nos identifique.