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Crítica de “Reflet dans un diamant mort”, película de Hélène Cattet y Bruno Forzani (Competencia Oficial) - #Berlinale2025
El cuarto largometraje de esta dupla artística (y matrimonio en la vida real) de origen francés luego de Amer (2009), L'étrange couleur des larmes de ton corps (2013) y Laissez bronzer les cadavres (2017) tuvo su estreno mundial en la sección principal de la 75ª edición del festival alemán.
Reflet dans un diamant mort / Reflection in a Dead Diamond (Bélgica, Luxemburgo, Italia, France/2025). Guion y dirección: Hélène Cattet y Bruno Forzani. Elenco: Fabio Testi, Yannick Renier, Koen De Bouw, Maria de Medeiros y Thi Mai Nguyen. Fotografía: Manu Dacosse. Edición: Bernard Beets. Duración: 87 minutos. En Competencia Oficial.
Desde que en 2009 firmaran Amer, Hélène Cattet y Bruno Forzani se han esmerado en revitalizar el giallo. En ese proceso de revisitación hay algo sumamente lúdico, que queda patente también en Reflet dans un diamant mort, la película que han estrenado en la Sección Oficial de Berlín.
Si en La Tour de Glace, de Lucile Hadžihalilović, el género emerge a partir del cuento, en Reflet dans un diamant mort lo hace a través del recuerdo, el de un hombre mayor sentado ante la playa; pero también el de los propios cineastas, que rememoran las formas de un cine pasado.
Lo interesante en la mirada de Cattet y Forzani es que el ejercicio no es únicamente mimético ni nostálgico, sino sumamente festivo y afectivo. Así, la película se plantea como un divertimento en el que la trama en torno a unos diamantes es una excusa para un despliegue fragmentario de una serie de escenas con un portentoso poder audiovisual (sí, la música también juega un rol esencial).
El grupo de mujeres enmascaradas que habita la película nos puede llevar a pensar en Louis Feuillade y sus vampiras, pero seguramente es más adecuado citar a Diabolik, aquel fumetto nero creado en los años '60 por Angela y Luciana Giussani. Además, Reflet dans un diamant mort tiene tanto de giallo como de cómic a partir de un manejo muy juguetón del montaje y de la puesta en escena, de las texturas y del ritmo, sobre todo en una escena en un bar, en la que la mujer vestida de látex despacha a un grupo de hombres, haciéndoles sangrar en la entrepierna.
El cóctel que manejan Cattet y Forzani es muy atrevido: hay lentejuelas que se convierten en armas y diamantes que brillan sobre los pezones; hay planos caleidoscópicos que parecen salidos del cine de vanguardias de los años '20 y zooms que parecen de los '70. Y, sin embargo, en esta mezcolanza, la película alcanza una experimentación tan atrevida como disfrutable.
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