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Crítica de “The Morning Show”, serie con Jennifer Aniston, Reese Witherspoon y Steve Carell (Apple TV+)
La primera gran apuesta de Apple TV+ fue esta ambiciosa y multimillonaria serie que funciona mejor en el papel que en la pantalla.
The Morning Show (Estados Unidos/2019). Dirección: Jay Carson, Mimi Leder, David Frankel, Lynn Shelton, Roxann Dawson y Tucker Gates. Guion: Kerry Ehrin y Brian Stelter, sobre el libro de Brian Stelter. Elenco: Jennifer Aniston, Reese Witherspoon, Steve Carell, Nestor Carbonell, Billy Crudup, Mark Duplass, Gugu Mbatha-Raw, Karen Pittman, Bel Powley, Shari Belafonte, Eli Bildner, Ian Gomez, Augustus Prew y Amber Friendly. Música: Carter Burwell. Duración: 10 episodios de alrededor de 60 minutos cada uno.
Apple es una de las tantas empresas dispuestas a morder la torta del streaming. Con esa idea lanzó, en noviembre del año pasado, la plataforma Apple TV+, cuya principal apuesta para el debut fue esta serie con un elenco de lujo al servicio de un relato mucho más atractivo en su concepto que en su ejecución. The Morning Show, entonces, es como una serie “oscarizable” (es hora de pensar una referencia para las series equivalente al Oscar para el cine, más allá -claro- de los Emmy).
El show matutino del título es un reputado magazine informativo que diariamente marca la agenda televisiva estadounidense. Sus conductores, Alex Levy (Jennifer Aniston) y Mitch Kessler (Steve Carell), son auténticas estrellas de la farándula. Pero todo cambia cuando un diario publica una denuncia contra Mitch por abuso sexual, obligando a los directivos encabezados por Cory Ellison (el personaje más interesante e impredecible, a cargo de Billy Crudup) a desplazarlo, una noticia que no le cae para nada bien a su amiga y ahora ex compañera Alex.
Esa misma mañana se viraliza en redes sociales un video en el que la periodista Bradley Jackson (Reese Witherspoon) insulta al manifestante a favor de las minas de carbón que había empujado a su camarógrafo. Los productores de The Morning Show piensan que es una buena historia y, por lo tanto, invitan a Bradley al piso. Luego de algunas rencillas internas ligadas a los celos y los egos, ella termina sentada en la silla caliente de Mitch.
La serie tiene dos tramas principales. Por un lado, el seguimiento mediático de las acusaciones y las consecuencias puertas adentro de una redacción atravesada por el reciente #MeToo que le cae a Mitch con todo el peso encima. Sin embargo, el guión de Kerry Ehrin y Brian Stelter es lo suficientemente ambiguo al esbozar una complicidad tácita generalizada a raíz del silenciamiento de situaciones que casi todos conocían. Una ambigüedad similar aplica sobre el feminismo, cuyas reivindicaciones comparte aunque con mesura, intentando pensarlas antes que sentirlas.
Probablemente The Morning Show –como también le ocurría a The Newsroom, otra serie ambientada en una redacción periodística– sería mucho mejor si hubiera mantenido esa ambigüedad en la trama centrada en la vida y las relaciones de los personajes. Ninguno de los tres protagonistas tiene matices para volverlos atractivos, lo que los limita a ser meros portavoces de un guión escrito con una clara voluntad de impresionar.
Carell, Aniston y Witherspoon son intérpretes dúctiles y con probados pergaminos en roles variados pero que, más allá de la indudable presencia escénica, le dan a sus papeles un tono académico y presuntuoso que licúa cualquier atisbo de verosimilitud, como si quisieran probarse de actores “importantes”, en el sentido más benstilleriano del término. Mal no les fue: The Morning Show, Aniston y Witherspoon tuvieron sendas nominaciones para los Globos de Oro. 
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