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Crítica de “Under the Silver Lake”, de David Robert Mitchell, con Andrew Garfield - #Cannes2018
Lo nuevo del director de The Myth of the American Sleepover (2010) y Te sigue (2014) comienza de forma fascinante, pero en su segunda mitad termina siendo un sub-David Lynch con demasiada arbitrariedad.
Era una de las películas más esperadas del festival tras el éxito de crítica y público de Te sigue (It Follows), pero -si bien tiene múltiples ideas, sorpresas, vueltas de tuerca y algunos hallazgos y momentos memorables- este neo noir sobre las desventuras de Sam (Andrew Garfield), un auténtico nerd que está a punto de ser expulsado de su departamento por falta de pago, no alcanzó a cumplir con tantas expectativas generadas.
Este joven voyeurista se obsesiona con una atractiva vecina que pronto desaparece y con el caso del secuestro de un millonario que conmueve a Los Angeles. La película -laberíntica y surrealista- propone un viaje interior y exterior con fuerte carga lisérgica, filosófica y existencialista con múltiples citas literarias (el Thomas Pynchon de Vicio propio/Inherent Vice), un paso intermedio por los videojuegos, la historieta (el título del film proviene de un cómic artesanal) y referencias cinéfilas que van desde Vértigo, de Alfred Hitchcock, hasta Un adiós peligroso, de Robert Altman, pasando por La Dalia Negra, de Brian De Palma, y Mulholland Drive: El camino de los sueños. De hecho, toda Under the Silver Lake es un homenaje bastante explícito a David Lynch (hasta la música parece de Angelo Badalamenti), aunque -entre muchas otras curiosidades- el protagonista recorre varias de las mismas locaciones que los personajes de la reciente La La Land.
Riley Keough, Riki Lindhome, Callie Hernandez, Grace Van Patten, David Yow, Jeremy Bobb, Zosia Mamet y Patrick Fischer completan el multitudinario elenco de este film lisérgico y delirante de casi 140 minutos con todo tipo de conspiraciones, alucinaciones y situaciones paranoicas que apuestan a la deriva y la acumulación sin límites.
El resultado de Under the Silver Lake es parecido al de Las horas perdidas / Southland Tales (2006), de Richard Kelly (también elegida para la principal competencia de Cannes), quien después de Donnie Darko (2001) filmó un ambicioso (y pretencioso) film de 145 minutos. Sin llegar a semejante despropósito, Mitchell luce por momentos como un nuevo rico con mucha plata y libertad para derrochar a su antojo. El resultado es un film con algunos momentos geniales, pero que termina cayendo en el capricho más absoluto. De todas formas, que Cannes seleccione un film así y no uno lleno de lugares comunes o dictado por la corrección política sigue siendo una buena noticia.
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