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Críticas de la saga de “Creed” (Netflix)
Este lunes 1º de junio la N roja subió las seis películas de la saga de Rocky y las tres de la de Creed. Estas últimas se ubicaron rápidamente en el Top 10 de ese servicio de streaming y armamos este especial con las tres reseñas.
Creed: Corazón de campeón (Creed, Estados Unidos/2015). Dirección: Ryan Coogler. Elenco: Michael B. Jordan, Sylvester Stallone, Tessa Thompson y Phylicia Rashad. Guión: Ryan Coogler y Aaron Covington. Fotografía: Maryse Alberti. Música: Ludwig Göransson. Edición: Claudia Castello y Michael P. Shawver. Diseño de producción: Hannah Beachler. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 133 minutos. Apta para mayores de 13 años. ★★★★✩
En 2015 se cumplerion 40 años de Rocky, película que inició la popular saga boxística que con siete entregas cruzó todas estas últimas décadas y marcó a varias generaciones de cinéfilos. Como los buenos vinos, la historia del Rocky Balboa de Sylvester Stallone ha madurado de forma notable, asentándose por un lado y adquiriendo renovadas fuerzas para sostenerse en pie con absoluta nobleza.
Con Stallone ocupando ahora un papel secundario como entrenador y mentor que se ubica entre lo mejor de su larga trayectoria (está nominado al Oscar y merecería ganar el premio), el protagonista es Adonis “Donnie” Johnson (un convincente Michael B. Jordan tanto desde lo físico como de lo dramático), hijo de Apollo Creed, mítico rival y luego amigo de Rocky, al que nunca llegó a conocer.
Tras una impecable (por su precisión y austeridad) presentación de los personajes y sus conflictos, Creed: Corazón de campeón se concentra en dos elementos esenciales de este subgénero: la relación maestro-alumno y la evolución de la carrera deportiva, aunque también hay espacio en las algo más de dos horas para una subtrama romántica con una cantante interpretada por Tessa Thompson.
En su segundo largometraje tras el consagratorio debut con Fruitvale Station (también protagonizado por Jordan), el guionista y realizador Ryan Coogler no sólo recupera y recrea con amor y respeto el espíritu épico y emotivo de la saga sino que le imprime un sello propio, sobre todo en las escenas de combate. Una de las primeras peleas de Adonis, por ejemplo, está narrada en un único y prodigioso plano secuencia para el que contó con el siempre notable aporte de la directora de fotografía Maryse Alberti.
Clásica y moderna a la vez, Creed: Corazón de campeón es melancólica porque homenajea a sus predecesoras (sobre todo a la primera), pero decididamente contemporánea porque está concebida también para el consumo de los nuevos públicos. Es sensible y entretenida. Reivindica a Stallone y logra de él una actuación prodigiosa con los reconocibles fondos de la ciudad de Filadelfia. Otra gran película del veinteañero Coogler. Dos de dos. DIEGO BATLLE
Creed II: Defendiendo el legado (Creed II, Estados Unidos/2018). Dirección: Steven Caple Jr. Elenco: Michael B. Jordan, Sylvester Stallone, Tessa Thompson, Dolph Lundgren, Florian Munteanu, Phylicia Rashad y Brigitte Nielsen. Guión: Sylvester Stallone y Juel Taylor. Fotografía: Kramer Morgenthau. Edición: Dana E. Glauberman, Saira Haider y Paul Harb. Música: Ludwig Göransson. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 130 minutos. Apta para mayores de 13 años. ★★★½
La de Rocky es una saga de culto entre varias generaciones, sobre todo aquellas que vivieron con intensidad los años '70 y '80. Tras seis entregas en tres décadas (1976-2006) se produjo un largo silencio que terminó en 2015 con la notable Creed: Corazón de campeón.
Si aquella película dirigida por Ryan Coogler y protagonizada por Michael B. Jordan funcionaba como un spinoff con vuelo propio, Creed II: Defendiendo el legado vuelve a las fuentes y se convierte en un auténtico film de la franquicia. Que el nuevo guion haya sido escrito por Sylvester Stallone garantiza, en ese sentido, que esta historia clásica y eficaz recupere el espíritu de las Rocky originales.
Está claro que en la comparación el novel director Steven Caple Jr. pierde frente a un Coogler que se fue a jugar a las grandes ligas (Pantera Negra) y que en varios aspectos Creed II está mucho más atada a las fórmulas del subgénero boxístico que su predecesora, pero aun con sus clichés, lugares comunes y golpes de efecto (que jamás se preocupa en maquillar porque cree en ellos) esta secuela entretiene y -para los más nostálgicos- incluso emociona por momentos.
El Adonis Johnson del otra vez muy convincente Jordan es campeón de peso pesado con la sabia conducción de Rocky Balboa (Stallone), pero en su camino se interpondrá Viktor Drago (Florian Munteanu) -hijo nada menos que de Ivan Drago (Dolph Lundgren), quien había sido el responsable de la muerte de su padre Apollo- por lo que todo excederá lo estrictamente profesional para convertirse en una revancha (venganza) personal.
La película cabalga con convicción entre la intimidad familiar -el protagonista se casa con Bianca (Tessa Thompson), ambos se mudan a Los Angeles y ella queda embarazada-, esa relación padre-hijo sustituta que mantiene con Rocky y, claro, los altibajos de toda épica deportiva. Nada demasiado innovador, es cierto, pero con una narración construida a puro rigor, nobleza y perseverancia. Con el aplomo de un buen boxeador sobre el ring. DIEGO BATLLE
Creed III (Estados Unidos/2023). Dirección: Michael B. Jordan. Elenco: Michael B. Jordan, Tessa Thompson, Jonathan Majors, Phylicia Rashad, Florian Munteanu, Selenis Leyva, Spence Moore II, Tony Bellew, Michelle Davidson y Thaddeus J. Mixson. Guion: Zach Baylin y Keenan Coogler. Música: Joseph Shirley. Fotografía: Kramer Morgenthau. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 116 minutos. Apta para mayores de 13 años. ★★★✩✩
Lo primero que llama la atención de Creed III es la ausencia de Rocky. No solo no está en escena; ni siquiera hay mención alguna hacia el mentor del boxeador Adonis Creed y amigo –luego de ser rival– de su padre Apollo. Stallone había avisado en julio que no iba a estar porque “no sabía si habría un papel” para él, ya que el actor y protagonista Michael B. Jordan y el productor Irwin Winkler buscaban nuevos rumbos para el relato.
Rocky es el ausente más presente durante las dos horas de una película que se cuida de no incluir ni una referencia sobre él. Podría suponerse que murió, en tanto su salud estaba en una espiral de deterioro al final de Creed II. Pero ni una punta para saber su destino. Creed III parece por momentos un asado sin carne, una reunión familiar sin el pater familias en la cabecera de la mesa.
La película podría haberse llamado “Boxeando por la gloria” o de cualquier otra manera, porque su filiación ya no es tanto con la mitología del universo de Rocky como con el cine deportivo en general y el pugilístico en particular. Pero si Stallone imprimía a sus films un aire luminoso aun ante la muerte de sus amigos y esposa, aquí el pasado adquieren un peso notable. Rocky peleaba por su gente; Creed lo hace contra sus fantasmas. Contra “el” fantasma, mejor dicho.
La primera escena transcurre un par de décadas antes del presente y tiene a un Adonis adolescente acompañando a un amigo unos años mayor a una pelea en un antro angelino. Su amigo muele a palos a su rival y, de regreso, paran en un mercado. Allí Adonis se cruza con un tal León, a quien trompea por razones que en principios se desconocen. El hecho termina con su amigo preso y él huyendo despavorido.
Aquel amigo ahora es un adulto con los brazos forjados al calor de los ejercicios carcelarios. Apenas recupera la libertad, Damian Anderson (Jonathan Majors, el villano de Ant-Man and the Wasp: Quantumania) va en busca del ex campeón, quien desde su retiro comanda una escuela de boxeo y se dedica a la vida familiar con su esposa Bianca (Tessa Thompson) y su pequeña hija. Una visita con el objetivo de cobrarse un favor: quiere ser campeón mundial. Las cosas entre ambos irán tensionándose hasta el punto de que es necesario poner las cosas en su lugar. Y en una saga de boxeo, eso significa dirimir las cosas sobre un ring.
Si se la piensa por fuera de la saga de Rocky, Creed III tiene las dosis justas de cursilería y emotividad deportiva propia del género. Jordan se presenta como un director atildado, que evita el frenetismo habitual de Hollywood para preocuparse mayormente por la carnadura de los personajes antes que por las situaciones que enfrentan. Consciente del nuevo comienzo para la saga, incluye durante las peleas fragmentos de ensoñaciones metafóricas de Adonis sobre el ring, un intento de correrse del estilo previo.
El resultado es una película correcta aunque algo insegura a la hora del desenlace, pero ante la que imposible sentir que le falta algo. El mayor desafío de la tercera entrega de Creed era suplir el peso simbólico y creativo de Stallone. Difícil lograrlo sin siquiera tener los huevos para nombrarlo. EZEQUIEL BOETTI
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