Columnistas

Una modesta proposición

A 14 años de la sanción de la Ley de Cine, Quintín repasa su texto, analiza algunos de sus actuales alcances, ataca el corporativismo de la industria y propone repensar la forma de aplicar los subsidios.
Publicada el 26/08/2008

Hoy estaba ordenando los papeles amontonados debajo del escritorio y me encontré con la Ley de Cine. Bueno, no con la Ley con una espada amenazante sino con un cuadernillo de tapas ocres publicado en 1995 y anotado por el Dr. Julio Raffo. La ley 24.337 se sancionó en 1994, en tiempo de Menem, y constituyó un solitario contraejemplo a la corriente neoliberal y privatizadora de esa época, ya que disponía -en lo esencial- un aumento sustancial del fondo destinado a subsidiar la industria cinematográfica argentina. Siempre me llamó la atención que mientras las empresas públicas pasaban a manos privadas y el desempleo aumentaba hasta límites nunca vistos sin que el Estado interviniera para remediarlo, el cine estuvo exento de estos problemas y se transformó en una actividad en ebullición y de pleno empleo -lo que continúa hasta hoy sin cambios dramáticos- mientras el resto del país atravesó por todo tipo de calamidades.

En un principio, cuando se sancionó la ley, se alzaron algunas voces contra la política de proteger al cine nacional. Entre ellas, recuerdo en particular la del finado Bernardo Neustadt, cuya opinión en la materia era coherente con el resto de sus ideas. Solía preguntar Neustadt: ¿Por qué tengo que poner plata como contribuyente para que hagan películas con Federico Luppi". El tipo la tenía con el pobre Luppi. Pero también recuerdo a José Martínez Suárez, cineasta y hoy presidente del Festival de Mar del Plata, que solía declarar que el Estado no debía gastar un solo centavo en el cine mientras faltaran jeringas en los hospitales (a diferencia del caso Neustadt, no tengo claro cuáles son las ideas de MS). Pero, de todos modos, nadie les hizo caso a esos solitarios. A derecha e izquierda, entre los grandes productores y los estudiantes de cine, entre el sindicato de técnicos y los multimedios, el consenso sobre la necesidad de subsidiar al cine siempre fue amplísimo. Sobre todo, dentro de la comunidad cinematográfica.

Pero cuando han pasado casi quince años de aplicación de la ley, es posible que haya llegado el momento de preguntarse nuevamente por su sentido, su utilidad y su necesidad. De saber si es lógico que el Estado destine este año 65 millones de pesos a subsidiar películas, más los famosos “tercero jota”, es decir fondos dedicados a “coproducciones cuyo contenido concurra al desarrollo de la comunidad nacional”. Estos son discrecionales, a diferencia de los subsidios y créditos regulares, cuya selección depende de comités integrados por miembros de la industria. (Las cifras son de la Presidenta del INCAA, Liliana Mazure, publicadas en OtrosCines.com). Cito ese pasaje de la ley que habla de la "comunidad nacional" porque en un sentido similar se orienta el argumento más utilizado para defender a ley de cine: que un país necesita tener "sus imágenes" y no debe permitir que se las impongan desde el extranjero. El argumento se sigue utilizando en toda América Latina: "sin cine nacional no tenemos espejo de la identidad nacional", suele afirmarse con implacable insistencia.

Pero se trata de un argumento muy débil. En primer lugar por la siempre dudosa apelación al nacionalismo, eterno refugio de los crápulas y, en el caso del cine, de intereses de todos los pelajes. Pero, en segundo término, porque ya las imágenes nacionales (y las imágenes en general) no dependen del cine, al menos en un sentido convencional de la palabra y menos aun del cine realizado con modalidades industriales, que es lo que la ley y su reglamentación se ocupan de proteger. Por un lado, las imágenes argentinas, si por ello se entienden las imágenes en las que los argentinos se reconocen, están en la televisión: desde los futbolistas a los actores, desde los políticos a los periodistas. Si uno toma como ejemplo la iconografía que el Poder Ejecutivo decidió la semana pasada para la Feria de Frankfurt, queda claro que no es necesario el INCAA para hacer conocer a Gardel, Maradona, Evita, el Che, Borges o Cortázar, es decir, para aquellas figuras que el Estado designa como iconos de la identidad nacional. Pero si se trata de otro tipo de imágenes que hacen a lugares, personajes e historias menos visibles, más sutiles y necesitadas de ser creadas o preservadas por el cine, allí hay que mencionar el cambio tecnológico que permite hacerlo con soportes y técnicas digitales, mucho más baratas que las de la filmación en 35 milímetros (el único paso que protege la ley), sin necesidad de un guión previo ni de la organización del rodaje y la posproducción en términos convencionales, lo que todavía sigue siendo el corazón del cine argentino.

Porque, es hora de decirlo, el cine argentino es un asunto corporativo, una cuestión de cámaras empresarias, asociaciones profesionales y sindicatos de trabajadores que se organizan alrededor del dinero del Estado. En primer lugar está la disputa entre productores por la caja, por esos 65 millones y un poco más. Las grandes controversias de estos años han girado sobre este tema. Se ha hablado de los medios electrónicos, de la tercera vía, del tope para la recuperación industrial, tecnicismos legales del reparto sobre el que los distintos sectores han organizado sus estrategias, sus lobbys y su acercamiento a las autoridades de turno. Pero, además de la corporación de los productores, para rodar una película hay que pagar al menos lo que indica el convenio con los actores y los técnicos y el porcentaje para los guionistas, ítems que pueden ser más o menos lógicos frente a la verdadera exacción que ha logrado SADAIC, por la cual cada fragmento de un tema musical puesto una película se paga una fortuna, mientras que la misma música se puede utilizar en radio y televisión por monedas. Es razonable que los actores, los vestuaristas y lo eléctricos tengan salarios dignos y que si ellos los tienen, los productores y directores se lleven lo suyo. Pero que ese dinero lo deba poner el Estado requiere de una justificación más potente que la bandera, las costumbres o la preservación de las fuentes de trabajo. En particular, dado el tamaño de la verdadera industria audiovisual, que se centra en la televisión y la publicidad, esas fuentes de trabajo suelen estar aseguradas por los comerciales y los trabajos televisivos. Y, aunque no lo estuvieran, no queda claro que sea precisamente en este rubro y no en otros donde el Estado debe asegurar el empleo.

Por otra parte, hay más de un cineasta local (Raúl Perrone, Mariano Llinás) que trabajan sin dinero del INCAA, pero con un elevado nivel de calidad técnica y empeñado en una búsqueda estética personal. Pero, por otro lado, es justo preguntarse si la finalidad del fondo de fomento es producir películas como Un novio para mi mujer, un éxito de taquilla entre la gente que va al cine, es decir, un subgrupo de los sectores de mayor poder adquisitivo. Y este es un caso límite, ya que un número importante de las películas que el INCAA subsidia carecen tanto de valores comerciales como artísticos. Para ser más precisos, no califican para recibir subsidios, ya que el artículo 30 de la ley dice que ese beneficio será para los films que "contribuyen al desarrollo de la cinematografía nacional en lo cultural, artístico, técnico e industrial...". Parece absurdo que, otra vez en nombre del nacionalismo, se intenten cuotas de pantalla y modificaciones reglamentarias para que más películas malas lleguen a más espectadores ricos.

Y ahora copio el final del artículo 30: "... con exclusión, en especial, de aquéllas que, apoyándose en temas o situaciones aberrantes o relacionadas con el sexo y las drogas, no atiendan a un objetivo de gravitación positiva para la comunidad.", solo para mostrar lo vetusto, mojigato y hasta grotesco de algunos pasajes de la 24.337, la ley de los tiempos en que el celuloide era la única manera de pensar el cine y en los que esa asociación entre cine y comunidad no resultaba tan forzada como ahora.

Los párrafos anteriores no prueban que haya que derogar la Ley de Cine. Efectivamente, puede haber razones para mantenerla, incluso seguir con los montos actuales del subsidio o acaso incrementarlos. Entre las razones posibles, se me ocurren varias, como que el cine, de algún modo, es la punta de la pirámide audiovisual y que su enseñanza y su práctica llevan a una expansión industrial beneficiosa para el país en rubros afines, como es el caso de la citada televisión. O que se trata de una industria que produce divisas al país gracias a la exportación. O que al subsidiar el cine se está protegiendo un importante bien cultural que se perdería de otra manera. Pero de ningún modo es evidente que ese sea el caso, que la exportación sea significativa, que la técnica y el saber derivados del cine no puedan mantenerse si no se subsidian los largometrajes industriales, que el efecto de crecimiento cultural producido por el cine sea importante de algún modo. En fin, no hay ninguna prueba sólida de que un sistema por el cual el Estado financia Un novio para mi mujer, es decir un producto de Clarín y Disney con Adrián Suar como protagonista, no sea más que otro caso de subsidio indebido e innecesario a los sectores más privilegiados de la sociedad.

No propongo derogar una Ley de Cine que se sancionó cuando la producción era casi nula y logró que esta creciera hasta llegar a un número importante de películas por año. Mi idea es mucho más modesta. Creo que hay demasiadas cosas que en el cine argentino se siguen haciendo por inercia y por presión corporativa y que, en particular, los cambios de todo tipo producidos desde 1994 imponen una reflexión. Creo que es el momento para evaluar los resultados de la ley, para repensar qué cine se debe subsidiar y cómo hacerlo. Es decir, para impulsar las modificaciones a las que obligan la experiencia, la tecnología y el espíritu democrático.

COMENTARIOS

  • 25/03/2009 2:07

    Argentina pais del tongo creo que los subsidios a peliculas pedorras va de la mano de la corrupcion<br /> <br /> Manuelita al oscar por Dios

  • 2/11/2008 18:53

    ¿QUIEN ES QUINTIN..?<br /> <br /> Y NO ENCUENTRO EL ARTILCULO 30 DE LA LEY, SI ALGUIEN ME LO PUEDE HACER LLEGAR...!!<br /> GRACIAS

  • 14/10/2008 2:13

    yo creo que todo se reduce al tema de la exhibición. hay que democratizarla. si logramos entradas de 6 pesos para el cine argentino, vamos a ver a mucha gente frente a nuestras pantallas. asi de facil.

  • 27/09/2008 19:09

    quintin, todo te molesta de la ley de cine, el exito de ciertas peliculas, hacelas vos a ver si te las van a ver. escribi pero con autoridad y no la tenes. el cine es un milagro, nunca se sabe... y vos no sabes...

  • 27/09/2008 14:37

    y con el nuevo plan de fomento ...se viene lo peor.

  • 24/09/2008 10:22

    Coincido plenamente con Pupilas. Q. dejá de tirar información errónea para confundir a todo el mundo. Y si no lo hacés a propósito, entonces informate mejor.<br /> HM

  • 23/09/2008 23:22

    Me parece que en la nota inicial falta un dato clave: ¿de dónde sale el dinero de los subsidios mencionados? Si se lee la ley se sabe que el dinero que se recauda genuinamente del porcentaje de las entradas de cine es el que vuelve al cine en forma de subsidios y créditos. el Estado Argentino no distrae fondos de otros lugares para subsidiar o financiar el cine. Y dentro de esta franja de cine hecho a crédito o subsdio entra tanto Taratuto - Suar como Lisandro Alonso con "Fantasmas" (un presupuesto que casi duplica el millón de pesos presentado para un film hecho en una sola locación con dos "actores" y en 16mm) u otras películas.<br /> Tal vez el cine argentino no deberia subsidiarse, tal vez el cine extranjero debería pagar impuestos de importación como otros productos, tal vez el material virgen (fotoquímico o digital) no debería comprarse en nuestro país gravado con los impuestos de importación. Tal vez el mundo debería estar más equilibrado.

  • 12/09/2008 0:54

    primero: si un novio para mi mujer no tuviera subsidio no existiria porque perderia plata.<br /> segundo. el subsidio se debe usar para hacer la pelicula y es moralmente reprochable que actores, directores, productores y guionistas cobren lo que cobran, para eso si esta la mano invisible del mercado, si Grandineti quiere ganar 80.000 o 100.000 pesos por hacer una pelicula el estado no puede ser el que financia sus honorraios, Creo que el teatro san martin es un modelo exitoso de gestion cultural con dineros publicos, con topes salariales todo termina siendo mas claro y transpartente.<br /> quintin, te respeto muchisimo, pero desde la lejania de san clemente las cosas se ven raras y todo pierde sentido...inclusive el cine.

  • 11/09/2008 14:30

    Quintin: El estado puede invertir perfectamente en una industria como lo es el cine, como se hace en muchos lugares del mundo. Los negociados son otras cosa; pero tratá de no mezclar, porque es muy jodido bajar esa linea.<br /> Con respecto a como se distribuye la plata desde el Incaa, hasta donde se, hay una cifra tope y el mayor dinero que se da, y el que todas las productoras están locas por cobrar, es el producto de lo que la película genera en boletería.<br /> Decir que el estado regala plata porque sí, es tendencioso y es mal informar.<br /> Si las películas se hicieran sin pagarle un mango a nadie, como hace Perrone, Lisandro Alonso, etc. solo trabajarían "chicos con plata" que pueden "divertirse" haciendo que trabajan.<br /> De las buenas y responsables producciones se hizo la historia cinematográfica de este país. De ahí salen los buenos técnicos, actores y realizadores. La mayoría de los técnicos argentinos están muy considerados en todo el mundo y no solo por la publicidad como vos querés mostrar. No pasa lo mismo con los críticos.<br /> El problema es que vos y otros críticos, están desesperados por viajar a los festivales. Ya quedó demostrado. hacen como que "El otro cine" el comercial con altura no existe y lo pones a la altura de "La revista". Una verdadera turrada de tu parte.<br /> HM

  • 11/09/2008 0:59

    Un viejo productor de mi familia, me contaba que hubo un tiempo en que comerciantes prósperos, ponían plata en el cine con la promesa de que le iban a presentar a la actriz de moda,hay miles e anécdotas con este tema. Era el tiempo de la aventura y los aventureros.<br /> Hoy las cosas han cambiado y nadie podría hacer una película y estrenarla en un cine, sin ayuda del incaa. Porque hay que pagar a todos los sindicatos y asociaciones gremiales que viven de él.<br /> No hay lugar para la aventura y los aventureros ( que tenian su encanto) se han convertido en productores sin plata, pero habilidosos hacedores de coproducciones, que todos ya sabemos que en el fondo son un verso porque la plata, la única contante y sonante, la pone el Incaa.

  • 10/09/2008 19:55

    ¿......sin necesidad de un guión previo ni de la organización del rodaje y la posproducción en términos convencionales.....?<br /> <br /> ¿......Raúl Perrone, Mariano Llinás trabajan sin dinero del INCAA, pero con un elevado nivel de calidad técnica......?<br /> <br /> Q. por favor!!!! Con todo respeto. Me parece que te falta un poco de RODAJE para saber de que se trata filmar y postproducir. Como si lo que filmaras saliera de la cámara directamente al cine. Es que esto se entrelaza con lo que decís del chanta de Perrone ¿calidad técnica? Perrone no sabe nada de técnica y por eso la detesta. Una cosa es el cine y otra la chantada. Según tu comentario si aquí hubiesen vivido Fellini, Godard (que sabía mucho de técnica), etc. no hubiesen podido filmar ni un metro. Ellos si tenian necesidad de: un guión previo, la organización del rodaje y la posproducción, además de un elevado nivel de calidad técnica.

  • 3/09/2008 15:01

    La ley de cine es una rara avis. No solo por su extraño origen, a contrapelo del paradigma de los ´90, como bien señala Quintin, sino porque logró transformarse en política de Estado, algo suficientemente infrecuente en la Argentina como para ser señalado.<br /> <br /> Me parece legítimo que el Estado argentino decida subvencionar a un sector en particular, como por ejemplo los franceses lo hacen con sus tomates o con su cine. Sin esa ley, sin duda hoy habría menos directores, menos técnicos y menos películas (no hablo de buenas o malas películas, solo de películas). Probablemente sin esa ley de todas maneras existirían directores interesantes como Perrone o Llinás, aunque es posible que muchos otros no hubieran logrado filmar algunas de las buenas aunque minoritarias películas nacionales que vemos cada año. <br /> <br /> El problema que se plantea hoy es el de saber si es correcto conformarse con un sistema cuyo objetivo único sea el de generar N cantidad de films al año y mantener una corporación en vida o buscamos un dial más fino, un sistema más sofisticado que no invierta recursos allí donde no se necesitan, que tome en cuenta, entre otras cosas, las nuevas tecnologías y que entiendo, es lo que Quintín plantea en su nota.

  • 31/08/2008 19:42

    Juan Peón. Si algo no me queda claro es qué ideología determina qué solución concreta. Yo no propuse ninguna. Sólo hice preguntas. Y no me parece haber mencionado a Kirchner. Buh.

  • 31/08/2008 11:27

    "No se puede ideologizar cualquier tema a partir de generalidades." Y lo dice alguien que en cada una de sus notas, sea de lo que sea de que sea de lo que esta hablando, menciona a Kirchner... Como aquel senador romano que terminaba todos sus discursos con la frase "Cartago debe caer".<br /> <br /> No hay temas politicos (y el del cine lo es) que no sean "ideologicos", y es la ideologia la que determina la solución propuesta, como queda claro...

  • 30/08/2008 18:11

    Si metemos la soja en esta discusión, sí que estamos listos. No se puede ideologizar cualquier tema a partir de generalidades.

  • 30/08/2008 12:12

    Basta mirar que paises no tienen ley de cine: los que no tienen cine... Entiendo que a Q., no le interese demasiado, visto que en San Clemente no hay cines y ahora se dedica a la literatura... Pero el cine argentino debe seguir existiendo como deben seguri existiendo cualquier "industria" nacional (por mas muerta que este): porque si se muere definitivamente solo va quedar un gran campo de soja, no una nación. Eso no se puyede discutir: lo que si hay que discutir es (aqui como en todo) cómo se reparte la torta!

  • 29/08/2008 17:33

    Por las dudas. Los nombres de Campanella y Szifron son ejemplos. Podía ser cualquier otro que se supone que hace cine "masivo de calidad". ¿Por qué es bueno que haya eso? Admito que a mucha gente, incluso a los críticos, les parece una verdad indiscutible. Para mí es como si se dijeran que es bueno que haya reality shows o teatro de revistas de calidad. No me parece ni bien ni mal, pero de algo estoy seguro: no veo por qué el Estado tiene que invertir en ellos.<br /> <br /> Q

  • 29/08/2008 16:09

    Es una cuestion de guita. Si en vez de ver (sea en el cine o en el cable o en DVD o en lo que sea) "Sex and the City", la gente va a ver "Los simuladores, la pelicula", la guita queda en la industria nacional, generando trabajo. Ese es el sentido de promover la industria local para cualquier rubro.<br /> <br /> El interés artístico pasa por otro lado me parece.

  • 29/08/2008 15:52

    Creo que hay un malentendido. Yo no sé a quién habría que darle plata. Seguro que no a Perrone, que ni siquiera la pide. Eso de elegr nombres para darles plata no me parece un buen sistema ni la solución de nada. Yo estoy dispuesto a defender mis valoraciones como crítico, pero eso no implica que en base a ellas se distribuya el dinero. Me parece que el problema no pasa por los méritos de cada uno sino por repensar un sistema que me parece que produce, en general, películas demasiado caras y demasiado malas en promedio. Películas que bien podrían no hacerse como dice Villegas. <br /> <br /> Igual, lo de Patagonik no me cierra. Ni para Trapero ni para Taratuto. <br /> <br /> Pero hay otro problema, que está en el fondo de todas las discusiones. Eso de que "hay que tener una industria en serio" me hace mucho ruido ¿Para qué sirve tener una industria en serio? Sobre todo, una industria que no es tal. Por una película masiva hay cien fracasos de taquilla. Y el cine ha dejado de ser masivo hace mucho.<br /> <br /> Y aunque lo fuera, ¿qué? No veo ningún argumento que lleve a financiar a Szifron y Campanella. Sï se puede argumentar algo a favor de financiar (en una medida mucho menor que la actual, como el Fondo de la Artes financia otras disciplinas) proyectos que tengan lo que vagamente llamaríamos "interés artísitico". Pero tampoco son concluyentes esas razones.<br /> <br /> El sentido de toda la nota es volver a preguntar por qué se hace lo que se hace, dejando de lado el remanido argumento de que es bueno que haya una industria, lo que no está claro para alguien que no pertenezca a las corporaciones.<br /> <br /> Es posible que las razones existan. Pero no las veo. Y en todo caso, también habría que replantar —ya lo dje— cómo, cuánto y a quién se financia.<br /> <br /> Q

  • 29/08/2008 15:05

    Yo te respeto mucho Quintín, me gusta mucho leerte, pero creo que muchas veces sos demasiado dogmático. Si vos fueras presidente del INCAA sólo le darías plata a los Rejtman, los Lisandro Alonso, los Perrone y los Llinás. A mi no me gusta mucho el cine "industrial" argentino, pero para que exista una industria en serio hace falta también cine masivo y de calidad. Yo creo que los Szifron, los Campanella, los Caetano, los Bielinsky (QEPD) son muy importantes y merecen ser apoyados. Quizá hace falta exigirle más al cine masivo (no porquerías tipo Argentina Sono Film), ser más rigurosos en la selección de a quiénes se subsidia, pero no podés decir que todo lo que produce Patagonik / Grupo Clarín no merece apoyo. De hecho, tu amigo Trapero, de quien alabaste Leonera, fue coproducido por Patagonik. No todo es blanco o negro, indies vs majors, sino que hay grises y sobre esos grises hay que trabajar y evaluar. Abrazo y te felicito igual por todo tu aporte intelectual aquí y en tu blog.

  • 29/08/2008 10:42

    Ademas de los subsidios, temá único que parece discutirse hay que tener en cuenta la distribucion, y en general toda la vida útil de la película. Y tener una estrategia regional. <br /> <br /> Es válido una política de estado por una razón económica, la industria audiovisual hoy en día está monopolizada por un lobby extranjero grandísimo, que no presenta desventajas, mas allá de este lobby extranjero, para producirse localmente. Con la ventaja en variables como puestos de trabajo que eso significa. Los valores artísticos no veo que pasen por esta discusión.

  • 29/08/2008 9:36

    Es muy cierto algo que dice Alejandro. Si todos dependen del subsidio del Estado, es tan industrial una película de 500.000 $ como una de $ 3.000.000. Incluso, el porcentaje destinado a sueldos de actores y técnicos, en relación al total del presupuesto de la película, es siempre mucho mayor en las películas pequeñas que en las grandes. <br /> Con respecto a lo que dice Quintín, me parece un buen disparador para obligarnos a pensar, una vez más, por qué el cine argentino debe ser subsidiado. Es totalmente cierto que las viejas respuestas ya no sirven. Si nos hacemos esa pregunta, si no le encontramos una respuesta razonable y justa, los problemas de corporativismo y amiguismos van a seguir existiendo. Sé que muchos de mis colegas (o casi todos) me odiarán por decir esto en forma casi pública, pero es lo que pienso. Sin embargo, a diferencia de Quintín, no creo que las vías totalmente artesanales, por fuera del marco legal (ej. Perrone, Llinás) puedan ser una salida definitiva. Funcionan muy bien como excepciones al sistema y es muy valioso que existan, pero me atrevería a decir que existen también porque se contraponen al INCAA como formato de producción. <br /> Una formula que habría que proponer para decidir qué cine se subsidia sería la siguiente: darle plata a aquel que, de todas maneras, aún si no existiera el INCAA, haría la película. Parece contradictorio, porque se le estaría dando al que supuestamente no lo necesita. La idea es evitar que alguien haga una pellícula porque hay INCAA, cuando lo que debería pasar es lo contrario: que el INCAA exista porque se hacen películas.

  • 28/08/2008 13:48

    No, si al final pasa lo de siempre: una idea que parece ideal para ayudar a los que no tienen medios termina beneficiando a los que mas medios tienen y los que peores productos hacen. <br /> <br /> Es verdad que, a la hora de separar la paja del trigo, habrá casos dudosos, en que no se pueda saber bien cuánto de real interés cultural y cuánto de oportunismo tiene un proyecto, y que haya discusiones. <br /> <br /> Pero creo que está clarísimo que hay casos donde no queda duda, y esos son los casos en los que no debería haber ningún tipo de subsidio. Películas como 100% lucha, Los superagentes y High School Musical no merecen un solo peso del estado. <br /> <br /> ¿Que hay que crear industria? No veo la diferencia entre apoyar 10 proyectos pequeños de directores noveles o 1 de estos mamotretos de vacaciones de invierno. Es más: probablemente si apoyamos 10 proyectos mas pequeños se esté dando mas trabajo, si las cosas se hacen bien y el dinero se usa 100% para hacer la película y no 50% para hacer la película y 50% para engordar el bolsillo de quienes la hacen.<br /> <br /> El arte no está para hacer negocio. Para hacer negocio están los negocios. Y si resulta que hacer cine en Argentina, sin la ayuda del estado, no es "negocio", pues que se haga cine-arte y no cine- negocio. Dudo que algún espectador sufra una gran pérdida si productos como los mencionados desaparecen de la cartelera.

  • 27/08/2008 16:33

    Justamente, veo en ambos casos (como en todos en los que se antepone 'lo nacional' como chantaje emocional -o sea, casi siempre-) un interés meramente económico y/o especulativo. No hay, en absoluto, persecución de ninguna clase a tu persona, claro (aunque puede ser cierto, como me fui dolido de LLP, tal vez se coló en mi comentario un restito de veneno... pido disculpas en tal caso...)

  • 27/08/2008 15:45

    Santiago: ¿Qué tiene que ver el campo con la ley de cine? A menos que esto sea una persecución ideológica a mi persona, la respuesta es nada. De todos, modos, en el caso del campo, ambas partes hicieron abuso de ese argumento vacuo, decían que los intereses políticos o comerciales de un sector eran "los intereses del país". Pero había otra serie de razones en juego. Aquí, muchas veces se da como único fundamento de la política de subsidios que eso es "bueno para la patria", pero en los subtítulos se lee "es bueno para mi bolsillo".

  • 27/08/2008 14:19

    "Es justo preguntarse si la finalidad del fondo de fomento es producir películas como Un novio para mi mujer, un éxito de taquilla entre la gente que va al cine, es decir, un subgrupo de los sectores de mayor poder adquisitivo."<br /> <br /> Este no es un argumento válido. Las peliculas llegan al resto de los sectores mediante otros canales (TV, DVD, DVD pirata).

  • 27/08/2008 13:52

    "...la siempre dudosa apelación al nacionalismo, eterno refugio de los crápulas..." en el 'caso campo' no fuiste muy drástico en eso, ¿no, Q?

  • 27/08/2008 13:46

    Creo que habría que crear un sistema para ayudar un poco al buen cine industrial y mucho al cine independientes de los más jóvenes y desprotegidos. Yo estoy más con Quintín, aunque a la industria le moleste: prefiero darle plata a gente joven y que se equivoque que a gente vieja que nunca ha hecho una película siguiera mediocre (y de esos hay mucho). Hay que apostar a la renovación, al surgimiento de nuevos valores. Que Suar y Telefé consigan plata por su lado, que arriesguen como lo hacen en la TV. Sí ayudaría a los Trapero, los Burman, los Aristarain, los Piñeyro, los Szifron, las Martel, que hacen cine con calidad industrial y valores artísticos.

  • 27/08/2008 12:26

    Q: tenés razón en casi todo lo que decís, aunque muchos argumentos no son nuevos, se vienen discutiendo desde que la ley se sancionó y luego se fue modificando y quedando atrasada.<br /> Comparto la idea de que no debería subsidiarse a Un novio para mi mujer (Disney y Clarín), pero es muy difícil poner el límite ¿Por qué sí a Burman, entonces? Si él también hace cine comercial. Por suerte, dejaron fuera del subsidio a High Schoo Musical, que podrá ser prolija, pero es un clon de un subproducto televisivo de Disney. ¿Y qué decir, entonces, de las vergonzosas producciones de Argentina Sono Film o 100% lucha de Telefé y compañía? Son mucho peores que la de Suar, que al menos está bien hecha.<br /> En fin, habría que barajar y dar de nuevo, pero tampoco creo que sólo merezcan subsidios Martel, Alonso, Llinás o Perrone. Hay que apoyar a un cine industrial de calidad, aunque te repito que no sé muy bien dónde está el corte, el límite, quién decide esto sí se apoya y esto no. Porque seguro que los comités corporativos actuales no son la medida, son simples ámbitos donde se juega el amiguismo y la conveniencia (hoy yo te doy, mañana vos me das). Es así de concreto.

  • 27/08/2008 11:32

    quintin, hay periodistas, productores y medios especializados que hace años y todos los días vienen analizando estos temas, con un mayor compromiso que cuestionar todo, con esos esquemas tan absolutos que son tu marca de estilo. Esos planteos que hacés desde algún monte sagrado son injustos para los que trabajaron por esa ley, los que la discuten e incluso hasta para los que presionan por su derogación (hasta a los opositores les importa más que a vos). "Porque, es hora de decirlo, el cine argentino es un asunto corporativo" ¡Chocolate por la noticia, Q! ¿En qué momento te diste cuenta? En la misma ley que tenés juntando polvo desde el 95 (pero que te cuento sufrió modificaciones, justamente a raiz del análisis de quienes la usan, analizan y cuestionan regularmente) ya están establecidos los ingredientes corporativos: un cogobierno entre el presidente del INCAA y un consejo asesor integrado por los representantes de cada entidad. Entiendo que tenés tu club de fans, y te lo merecés, pero no alzcanza con ser un genial argumentador. Tal vez es cuestión de que leas algo más que este sitio cuando de cine se trata.

  • 27/08/2008 0:09

    No ví -y no veré- Un novio para mi mujer, pero pienso siempre en casos más extremos: si el Estado pone plata para cosas como Bañeros 3 o Valentina, creo que es necesario cambiar las cosas de raíz. Como Quintín, tengo la impresión de que el sistema de subsidios ha hecho crecer la producción nacional, pero dudo que haya contribuido a elevar su interés (o para decirlo más claramente, el mio). El tema es complejo, pero me pregunto si la ley y las prácticas corporativas a que da lugar promueven u obstaculizan la emergencia de directores con miradas nuevas sobre el cine y sobre la sociedad argentina. A la vista de lo que llega a los cines, mi respuesta es que no.

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Diego Batlle y Manu Yáñez

Desde Cannes, Diego Batlle y Manu Yáñez analizan It Was Just an Accident, la nueva película del director iraní Jafar Panahi, ganadora nada menos que de la Palma de Oro. Se proyecta este martes 25 de noviembre, a las 20, en el marco de la Semana de Cine del Festival de Cannes en el Gaumont. Estreno en salas comerciales de Argentina: 4 de diciembre de 2025.

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