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Crítica de “Caniba”, de Véréna Paravel y Lucien Castaing-Taylor - #Venezia74

En la sección Orizzonti de la Mostra tuvo su estreno mundial la nueva película de los directores de Leviathan. El film -que también se exhibirá en la muestra Wavelenghts de Toronto- es un descarnado y muy controvertido acercamiento a la historia de un caníbal japonés.

Publicada el 05/09/2017


Del Sensory Ethnography Laboratory de la Universidad de Harvard han surgido decenas de películas (Foreign Parts, People's Park, Yumen, Manakamana, The Iron Ministry) que han sido consagradas en los festivales más audaces y radicales. Quizás la más conocida sea Leviathan y Caniba significa el reencuentro artístico entre el inglés Lucien Castaing-Taylor y la suiza Véréna Paravel para reconstruir la historia del tristemente célebre "Vampiro de Japón", tal como lo definió la prensa sensacionalista de su época.

En efecto, en 1981 Issei Sagawa conmocionó al mundo cuando se descubrió que había asesinado y luego devorado parte del cadáver de una compañera holandesa que también estudiaba Literatura Comparada en la Sorbonne de París. Al parecer este hombre de 32 años originario de Kioto estaba enamorado y ella no le correspondió. Le pegó un balazo en la cabeza en su departamento, guardó el cuerpo en la heladera y lo fue comiendo de a poco hasta que fue descubierto. El 11 de junio de ese año -luego de una rápida y absoluta confesión- fue encarcelado, pero el 30 de marzo de 1983 fue declarado insano y enviado a un psiquiátrico. Un fallo de la Corte de Casación le permitió regresar a Japón un año después y desde entonces vive en libertad en los suburbios de Tokio con su hermano Jun.

Antropólogos y cineastas, Paravel y Castaing-Taylor filman a un postrado Issei y a Jun con cámara en mano, primerísimos planos y mucho fuera de foco. Los Sagawa cuentan con total desparpajo su accionar (el hermano resulta ser tan o más perverso que el protagonista con predilección por las autoflagelaciones) y su visión de los hechos y del mundo. Por momentos asoma un atisbo de culpa, pero finalmente se toman todo bastante a la ligera. Ninguno parece estar en su sano juicio (la tensión entre ellos además es muy fuerte), aunque tienen algunas justificaciones respecto de la locura y el deseo bastante atendibles.

Issei habla de su amor por los clásicos de Hollywood, por los personajes de Disney, por los animales de peluche y por el pain au chocolat. Los directores -que en un cartel al comienzo aseguran que no quieren “justificar” al personaje por sus crímenes- incluyen imágenes de home movies familiares con ellos dos de pequeños, un manga del propio protagonista en el que dibuja y expone con detalles los hechos infames de 1981 y hasta escenas de películas pornográficas en las que participó el propio Issei (también fue crítico de sushi).

El film fue recibido en Venecia con críticas muy divididas -desde elogios de cierto sector de la cinefilia hasta la calificación de “inmoral” por parte de algunos periodistas-, pero lo cierto es que los realizadores no juzgan (no demonizan ni absuelven) a su personaje y dejan a partir de un relato puro, sin demasiadas intervenciones ni cortes, que las confesiones y pensamientos vayan brotando en medio del diálogo entre los hermanos.

Película sobre el horror, la monstruosidad y la locura que reside en el alma humana (escuchar el ruido de él masticando o el tenor de algunas anécdotas que cuenta generan una sensación nauseabunda, casi intolerable), Caniba es una experiencia extrema y una propuesta decididamente polémica, pero no por eso fácilmente cuestionable ni del todo manipuladora. Para ver, pensar y discutir.


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