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Crítica de “Piazza Vittorio”, de Abel Ferrara - #Venezia74
Fuera de Competencia se estrenó en la Mostra el más reciente documental del director de El rey de Nueva York y Un maldito policía.
Nació en el Bronx neoyorquino, pero Abel Ferrara estuvo ligado desde siempre a Italia y los italianos. En los últimos años el director ha combinado películas de ficción (Welcome to New York, Pasolini) con documentales (Chelsea on the Rocks, Napoli, Napoli, Napoli) y en esta segunda vertiente se inscribe Piazza Vittorio, pintoresco registro sobre la historia y sobre todo el presente de la plaza más grande, populosa y cosmopolita de Roma.
Caótica, un poco roñosa (algo así como el Once porteño), Piazza Vittorio es un modelo de convivencia multiétnica y religiosa, ya que está llena de africanos, de indios y paquistaníes, de latinoamericanos, de chinos y de otras minorías. Por supuesto, no faltan los italianos que se quejan de la “invasión extranjera”, pero a su vez disfrutan de la comida, la música, las costumbres y los trabajos (que ellos mismos no quieren hacer) que aportan los inmigrantes.
El propio Ferrara aparece en varios momentos charlando con esos extranjeros que han encontrado en Roma (y en ese barrio que rodea a un gigantesco mercado) su lugar en el mundo. Ellos cuentan sus historias de vida, sus padecimientos, sus luchas para dominar el idioma local y sus sueños.
Algo desprolija y sin hallazgos extraordinarios, Piazza Vittorio utiliza material de archivo para reconstruir la historia del lugar (siempre bastante sórdido y descuidado) e incluye algunos casos famosos como el del también cineasta Matteo Garrone o Willem Dafoe, que prácticamente abandonó su residencia en Nueva York para radicarse con su esposa Giada Colagrande en ese barrio romano. Su amigo Ferrara -también vecino del lugar- lo filma haciendo las compras o paseando por esas bulliciosas calles en el corazón de Roma donde nadie parece temerle al terrorismo, al fanatismo religioso y la convivencia puede resultar bastante alegre y armónica.
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