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Crítica de “Ex Libris: The New York Public Library”, de Frederick Wiseman - #TIFF17
A los 87 años, el mítico director de Titicut Follies, Welfare, Near Death, Public Housing, La danse, Crazy Horse, Boxing Gym, At Berkeley, National Gallery e In Jackson Heights presentó en Venecia y Toronto este documental que tiene como eje a la biblioteca pública de Nueva York.
-Ex Libris: The New York Public Library (Estados Unidos, 197'), de Frederick Wiseman
El octogenario cineasta bostoniano Frederick Wiseman, infatigable retratista de la realidad norteamericana, invoca en su nueva película la memoria de dos de sus films recientes: In Jackson Heights, una aproximación al armónico cóctel de etnias y culturas que conviven en Queens, y At Berkeley, un estudio del funcionamiento de la prestigiosa universidad californiana.
Ahondando en su sempiterno interés por diseccionar el funcionamiento de las instituciones, el director de Titicut Follies descubre en los entresijos de la Biblioteca de Nueva York no sólo un ejemplo de ética aplicada al servicio público sino, sobre todo, un punto de encuentro para las diferentes sensibilidades y realidades que forman el multiétnico tejido social de esa gran ciudad. Como ocurría en Boxing Gym, el retrato incisivo, pero inevitablemente parcial, que construye Wiseman deviene una suerte de utopía estadounidense.
En un momento clave de este documental de 197 minutos –en el que aparecen Elvis Costello y Patti Smith presentando sus proyectos literarios–, una arquitecta especializada en el diseño de edificios públicos reniega del concepto de la biblioteca como un recinto destinado a almacenar libros: “¡Las bibliotecas deben ser pensadas como edificios para la gente!”.
Adoptando este lema como si se tratara de un mandato estético, Wiseman sitúa las hileras de libros en el trasfondo de las imágenes, mientras que el primer plano lo ocupan los niños que acuden a talleres, los mayores que hacen clases de baile, profesionales que ofrecen trabajo, miembros del equipo directivo (obsesionados con la responsable gestión de la revolución digital) o los trabajadores que atienden las demandas de investigadores y visitantes. Todo ello hilvanado como si se tratara de un discreto manifiesto sobre el valor del conocimiento como herramienta de progreso, y sobre la nobleza del compromiso individual con el bien común.
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