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Crítica de “Hotel by the River”, de Hong Sang-soo (Competencia Internacional) - #Locarno71
Quinta película que estrena en el lapso de un año y medio tras En la playa, sola de noche, La cámara de Claire, El día después y Grass, Hotel by the River (ganadora del premio a Mejor Actor para Ki Joo-bong) muestra el lado más melancólico, sereno y lírico del gran director coreano.
Uno podría pensar a la bellísima Hotel by the River como la película más budista, zen, trascendente y de impronta japonesa del prolífico director. Es un film elegíaco que -sin excesos ni golpes de efecto- aborda el tema del duelo, la despedida y la muerte con una aparente pureza y simpleza que en verdad esconde bajo esa superficie cristalina toda la maestría que desborda en cada larguísimo plano del cine de Hong y sus brillantes intérpretes (cualquiera de los cinco protagonistas podría haber ganado el premio de actuación que finalmente recayó solo en uno de ellos).
En el hotel junto al río Han al que alude el título se reúnen Younghwan (Ki Joo-bong), un veterano y reconocido poeta, con sus dos hijos ya adultos, Kyungsoo (Kwon Hae-hyo) y Byungsoo (Yu Junsang), uno de ellos prestigioso director de cine. Sí, los alter-egos de Hong son siempre artistas en crisis. Paralelamente, la joven Sanghee (Kim Min-hee, musa de Hong) trata de recuperarse de un reciente ruptura amorosa acompañada por su mejor amiga Yeonju (Song Seon-mi).
Hong filma muy rápido (esta fue rodada entre el 29 de enero y el 14 de febrero últimos), pero eso no quiere decir que sus películas pierdan rigor formal, jerarquía actoral ni intensidad emocional. Aquí hay largos intercambios de diálogos, pero entre los ríos de alcohol y las palabras afloran la sensibilidad, la poesía, el amor y ciertas frustraciones (de ellas) e inmadureces (de ellos).
Austera y depurada hasta lo minimalista (rodada en un hotel, un restaurante y los alrededores en un expresivo blanco y negro en medio de un invierno desolador con fondos nevados), Hotel by the River resulta un ensayo existencial y metafísico en el que Hong recicla, reformula y profundiza sus elementos formales y sus obsesiones temáticas. Lo hace sin estridencias, sin desbordes, con el aplomo y la elegancia de un auténtico maestro que a esta altura no tienen nada que ostentar ni demostrar.
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