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Crítica de “Quién te cantará”, de Carlos Vermut (Competencia Oficial) - #66SSIFF
Tras la consagratoria Magical Girl, Vermut regresó cuatro años después a la sección principal de San Sebastián con una película algo recargada, pero virtuosa y llena de facetas fascinantes.
En su tercer largometraje después de Diamond Flash (2011) y Magical Girl (2014), Vermut apuesta por una película tan (o más) provocadora, desconcertante y audaz que las anteriores. En primera instancia es inevitable ligar ciertos aspectos de Quién te cantará con el cine de Pedro Almodóvar (encima la música original es de Alberto Iglesias), pero más allá de parecidos, citas u homenajes, el realizador madrileño recicla esos (y otros) conflictos y obsesiones trabajados por su colega manchego para llevarlos por nuevos rumbos.
Clásica y moderna a la vez, Quién te cantará combina múltiples elementos derivados del cine de género con esa estilización preciosista con encuadres y movimientos de cámara en los que ostenta su imaginación y su virtuosismo. La película es, al mismo tiempo, una exploración de una relación madre-hija claramente disfuncional hasta lo destructivo y otra entre una cantante en crisis profunda y su más fiel y obsesiva fan. Estas dos subtramas le permiten a Vermut incursionar en la endogamia, la mimetización, el juego de espejos, el eterno tema del doble, los roles invertidos y varios tópicos que han desarrollado grandes maestros del cine (a Vermut parece gustarle mucho Alfred Hitchcock, por ejemplo).
En la primera escena vemos a una mujer tirada en la playa y a otra tratando de socorrerla. Quien acaba de escapar de la muerte es Lila Cassen (Najwa Nimri), una estrella pop de los '90 que lleva diez años sin cantar; y quien la salva es Blanca Guerrero (Carme Elias), su fiel asistenta, manager y amiga. Lila sufrirá una amnesia total justo cuando se avecina una serie de diez shows que constituirán su esperado regreso a los escenarios. En medio del desconcierto, Blanca descubrirá en un cantobar a Violeta (Eva Llorach, extraordinaria), una madre soltera que mantiene una tortuosa relación con su hija veinteañera (Natalia Molina) y se gana la vida trabajando por las noches en ese karaoke. Además, es la fan número uno de Lila y una de sus mejores imitadoras. Así, la ignota Violeta terminará yendo todos los días a la imponente mansión sobre una playa andaluza de la popstar para “enseñarle” sus canciones.
Este y varios otros misterios (oscuros, tenebrosos) abordará la laberíntica y algo recargada (sobre todo en su segunda mitad) película de Vermut, una historia de mujeres (los personajes masculinos son solo un par y con pocos parlamentos) que va envolviendo al espectador hasta atraparlo por completo. Puede que las ínfulas algo pretenciosas del director de Magical Girl haga que por momentos la película (dura más de dos horas) pierda parte de la potencia, el impacto y la eficacia que en otros pasajes sí consigue, pero no hay muchos directores en el cine actual (y mucho menos en el español) capaces de construir universos tan ricos, inteligentes y complejos como Vermut, un artista que siempre apuesta fuerte pero tiene con qué.
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