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Crítica de “Yo niña”, de Natural Arpajou (Competencia Argentina) - #33MDQFilmFest
Tras haber filmado multipremiados cortos como Lo que haría, Espacio personal y Princesas, la directora debuta en el largometraje con esta historia protagonizada por Andrea Carballo, Esteban Lamothe y la pequeña Huenu Paz Paredes cuyo estreno comercial está previsto para el 22 de noviembre.
Yo niña (Argentina/2018). Guión y dirección: Natural Arpajou. Elenco: Andrea Carballo, Huenu Paz Paredes, Esteban Lamothe, Emiliano Carrazzone, Bimbo Godoy, Mariano González y Marina Glezer. Fotografía: Pablo Parra. Edición: Juan Pablo Docampo. Dirección de arte: Marina Raggio. Sonido: Martín Grignaschi. Distribuidora: Cinetren. Duración: 85 minutos.
Considerada -con justicia- como una de las mejoras cortometrajistas de los últimos años, Natural Arpajou salta al largo con resultados que, si bien no son siempre del todo convincentes, mantienen esa sensibilidad, esa capacidad para captar, capturar y transmitir la esencia, las sensaciones más íntimas de sus atribuladas criaturas.
Basándose en duras e intensas experiencias autobiográficas, Yo niña narra la historia de Armonía (Huenu Paz Paredes), una pequeña que vive con los que parecen ser sus padres, Pablo (Esteban Lamothe) y Julia (Andrea Carballo), en una precaria cabaña sin luz, gas ni agua corriente en un idílico paisaje de lagos, ríos y bosques en el sur argentino (el proyecto se filmó en zonas como la de El Bolsón).
Neo-hippies, vegetarianos, promiscuos, cuestionadores del sistema y hasta con problemas con la ley, Pablo y Julia consideran que apartarse de la sociedad de consumo es una forma de descontaminación, aunque eso signifique -entre muchas otras cosas- la falta de escolarización para la chica o generar un escándalo por una muñeca Barbie. Pero los medios para la subsistencia no alcanzan y un descuido genera un incendio que los deja sin hogar. Tras una breve experiencia en la ciudad (donde quedarán expuestas las profundas diferencias con la hermana de Julia), volverán a intentar una vida en contacto directo con la naturaleza, pero las tensiones, las carencias y las desatenciones se repetirán una y otra vez.
La narración pendula entre la descripción del mundo interior de la niña (que se la pasa pidiendo ayuda a los marcianos) y las crecientes angustias de una madre alcohólica que no sabe, no puede (pero quiere) estar ahí para su hija. Los reproches, las insatisfacciones, los resentimientos, la degradación y la impotencia irán creciendo día tras día.
Yo niña es un retrato sobre la soledad y la descontención infantil narrado de forma descarnada. Tan visceral es la apuesta que por momentos la película resulta una suerte de ajuste de cuentas no exento de rencor, una forma de exorcizar los demonios interiores tras demasiados años de secretos, mentiras y carencias de todo tipo. Incómoda, provocativa, un poco cruel, pero en varios pasajes fascinante.
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