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Crítica de “Disclosure: Ser trans más allá de la pantalla”, documental de Sam Feder (Netflix)
En el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ publicamos la reseña de esta producción que explora los prejuicios y errores en la representación de los personajes transexuales en las series y películas estadounidenses.
Disclosure: Ser trans más allá de la pantalla (Disclosure: Trans Lives on Screen, Estados Unidos/2020). Dirección: Sam Feder. Duración: 100 minutos. Disponible en Netflix.
Desde Judith of Bethulia, el clásico silente de D.W. Griffith estrenado en 1914, hasta Ace Ventura: Detective de mascotas, comedia con Jim Carrey, los personajes transgénero han sido casi siempre marginales, prostitutas, víctimas y objetos tanto de la violencia como de la burla machista. Por eso, este documental de Sam Feder funciona tanto como un ensayo cinéfilo que recorre la historia de Hollywood con escenas de películas en los que está todo mal como una sumatoria de valiosos testimonios de artistas e intelectuales trans en los que exponen sus experiencias y analizan qué se ha hecho bien (poco) y qué es lo que todavía falta cambiar (mucho) en la cabeza de productores, directores y guionistas de la industria para que las miradas estén libres de prejuicios y estereotipos.
Con The Celluloid Closet, documental codirigido por Rob Epstein y Jeffrey Friedman hace un cuarto de siglo, como principal inspiración, Disclosure tiene como coproductora y máxima referente en pantalla a Laverne Cox, la actriz de Orange is the New Black y una de las más reconocidas estrellas y activistas trans. También hacen valiosos aportes Jamie Clayton, MJ Rodriguez, Bianca Leigh, Jen Richards, Alexandra Billings, Susan Stryker, Yance Ford, Lilly Wachowski y Chaz Bono, entre otrxs. Y hay pasajes decididamente polémicos, como aquellos en los que se cuestiona cierta falta de solidaridad hacia sus reivindicaciones y problemáticas por parte de la propia comunidad gay.
Más allá de que su permanente apuesta a cuestionar películas que han representado de manera inconveniente a sus personajes trans (desde Vestida para matar, de Brian De Palma; hasta Psicosis, de Alfred Hitchcock, pasando por El mundo según Garp, de George Roy Hill; Tarde de perros, de Sidney Lumet; Victor/Victoria, de Blake Edwards; o El juego de las lágrimas, de Neil Jordan) puede resultar un poco chocante (Cox también critica que los personajes transgénero de The Dallas Buyers Club: El club de los desahuciados y La chica danesa hayan sido interpretados por hombres cisgénero como Jared Leto y Eddie Redmayne, respectivamente) y hasta se ponen en discusión los supuestos aportes de los reconocimientos a Hilary Swank por Los muchachos no lloran, lo cierto es que Disclosure (donde casi todos coinciden en el impacto positivo que tuvo Hairspray, de John Waters, y especialmente films de ficción de Paul Morrissey como Trash o los aportes de Jennie Livingston en documentales como Paris Is Burning o series como Pose) tiene múltiples valores desde lo cinéfilo, lo íntimo, lo intelectual y como apuesta a un cambio de paradigma en una industria en muchos casos transfóbica que, como bien se indica en determinado momento, es en su esencia heteronormativa, blanca y cis, y que solo en los últimos tiempos se abrió de a poco a contar con dignidad, entereza y nobleza historias de personajes no binarios.
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