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Crítica de “The Shrouds”, película de David Conenberg con Vincent Cassell y Diane Kruger (Competencia Oficial) - #Cannes2024
El mítico director canadiense regresó a la sección principal de Cannes con una historia que iba a formar parte de una serie finalmente rechazada por Netflix y que terminó siendo un inquietante ensayo fílmico sobre la pérdida, la soledad, el dolor y el duelo.
The Shrouds (Canadá-Francia/2024). Guion y dirección: David Cronenberg. Elenco: Vincent Cassel, Diane Kruger, Guy Pearce y Sandrine Holt. Fotografía: Douglas Koch. Edición: Christopher Donaldson. Duración: 116 minutos. En Competencia Oficial.
Carolyn Zeifman murió en julio de 2017 luego de haber estado cuatro décadas junto a David Cronenberg. El fallecimiento de su esposa, que tenía 66 años, devastó al director y fue el germen de The Shrouds, un guion para una serie luego devenida película sobre la pérdida, el duelo y el dolor. No es que importe demasiado conocer las motivaciones del realizador canadiense para entender este film, pero ese dato que él mismo reveló en algunas entrevistas sirve para conectar con cierta intimidad y visceralidad que transmite la película, sobre todo en su primera parte (para mi gusto es demasiado derivativa en su resolución).
Karsh (Vincent Cassel) es un empresario de Toronto que hace cuatro años ha perdido a su esposa Rebecca (Diane Kruger) luego de que ella sufriera un cáncer muy agresivo. El viudo creó entonces Gravetech, una compañía que construye cementerios de última generación (¡y en el de Canadá también funciona un restaurante!) en el que los familiares pueden acceder en tiempo real a través de una App a las imágenes de cámaras instaladas dentro de las tumbas y apreciar así la situación (léase degradación) de los restos. Aunque suene bastante impresionable y macabro, Karsh maneja todo con sobriedad y eficacia, aunque en su semblante se aprecia los efectos de la soledad y la angustia que lo aquejan y lo corroen (las citas a ciegas en busca de algún tipo de relación afectiva terminan indefectiblemente en fracaso).
Un día con su equipo descubren que varias de las criptas han sido profanadas y el sistema informático que las conectaba con los clientes, hackeado. La investigación, en la que participa su ex cuñado Maury (Guy Pearce), permite trazar todo tipo de teorías conspirativas que incluyen a chinos, rusos... e islandeses.
En esta película siempre mutante (las tramas de Cronenberg se han vuelto cada vez más intrincadas) conviven traumas personales con estudios sobre el cáncer, desnudos y escenas de sexo con cuerpos mutilados, una asistenta vía IA que comparte información sensible, una enigmática multimillonaria franco-coreana llamada Soo-Min (Sandrine Holt) y una Diane Kruger que interpreta tres papeles: la difunta esposa (Re)Becca, su neurótica hermana Terry y Hunny, el mencionado “personaje” de Inteligencia Artificial.
Con producción y vestuario de Anthony Vaccarello, de Saint Laurent, que está presente como financista y diseñador en varias películas de esta edición de Cannes, The Shrouds va perdiendo parte de su encanto y fascinación inicial y tiene algo menos de vuelo visual que otros trabajos previos de Cronenberg, pero no deja de ser una película provocadora, inquietante, que aborda múltiples cuestiones muy pertinentes y contemporáneas desde la perspectiva siempre inteligente de ese autor fundamental e insoslayable del cine de los últimos 55 años.

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Tras su multipremiada ópera prima Tengo sueños eléctricos (2022), esta directora costarricense continúa indagando en la intimidad de las relaciones familiares con el énfasis en las femeninas.
El director de Happy Hour (2015), Asako I & II (2018), Drive My Car (2021), La rueda de la fortuna y la fantasía (2021) y El mal no existe (2023) estrenó entre Francia y Japón una historia sobre la amistad, el compromiso con la salud, el cuidado a los ancianos, el poder del arte y la forma de (intentar) lidiar con la muerte.

¿es cosa mía o, además de lo que se menciona en el primer párrafo, Cassel está caracterizado para parecerse fisicamente a Cronenberg?