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Crítica de “Familiar Touch”, película de Sarah Friedland (Competencia Orizzonti) - #Venecia2024
-La ópera prima de la estadounidense Friedland surge como uno de los principales descubrimientos de esta edición de la Mostra.
-Actualización: ganadora del premio a mejor ópera prima de todo el festival y de los galardones a Mejor Dirección y a Mejor Actriz de la sección Orizzonti.
Familiar Touch (Estados Unidos/2024). Guion y dirección: Sarah Friedland. Elenco: Kathleen Chalfant, Carolyn Michelle Smith, Andy Mcqueen y H. Jon Benjamin. Fotografía: Gabe. C Elder. Edición: Aacharee “Ohm” Ungsriwong. Duración: 91 minutos. En la competencia oficial Orizzonti.
Sarah Friedland venía trabajando hasta ahora en cortometrajes, documentales e instalaciones, así como docente y coreógrafa, pero a este notable debut en el largometraje le sumó otras experiencias personales y laborales: comenzó a escribir Familiar Touch poco después de que su abuela muriera luego de vivir con demencia durante mucho tiempo; y 6 años después comenzó a trabajar como cuidadora de artistas con pérdida de memoria en una institución en Nueva York. Todo ese background desembocó en un rodaje que se hizo en colaboración con el Villa Gardens, un asilo para ancianos ubicado en California cuyo personal y varios de los jubilados que residen allí de forma permanente participaron como parte del elenco e incluso del equipo técnico. El resultado de este proyecto tan particular es una historia de una honestidad y franqueza poco frecuentes. Y la guionista y directora lo consigue sin forzar ninguna escena, sin caer en los estereotipos de la corrección política, haciendo gala de una austeridad y un rigor que la acerca a ese concepto tan ríspido en el cine como el de la verdad.
La protagonista absoluta y dueña por completo del punto de vista del film es Ruth Goldman (la extraordinaria Kathleen Chalfant, actriz vista en películas, series y ganadora del premio Tony en teatro), una octogenaria (sabremos que nació en 1937) que en la primera escena no reconoce durante un almuerzo ni siquiera a su hijo Steve (H. Jon Benjamin), un arquitecto que no tiene más remedio que internarla en un geriátrico que, conviene advertir, parece un hotel y club de lujo.
En su nuevo hogar ella es atendida con paciencia y profesionalismo por una enfermera llamada Vanessa (Carolyn Michelle Smith) y el médico Brian (un Andy McQueen que parece un doble de Donald Glover).
Ruth pendulará entre momentos en los que la memoria sale en su rescate para que pueda ofrecer detalles muy precisos y otros en los que no sabe que es madre ni que debe tomar media docena de pastillas diarias para atenuar sus dolencias. También se mostrará incapaz de vestirse sola pero al mismo tiempo será muy dúctil y creativa al punto de sorprender a todos en la cocina. Con muchos pasajes de humor, pero también con otros en los que se advierte la angustia, confusión, frustración e irritación que invaden a la protagonista, la película nos va envolviendo sin manipulaciones.
Así de contradictoria, pletórica de matices, llena de observaciones en apariencia intrascendentes pero que de pronto van adquiriendo dimensiones e implicancias insospechadas, es esta pequeña gran película concretada con sutileza y sensibilidad por una cineasta que no solo sabe de lo que habla sino que encuentra los recursos y herramientas para hacerlo de forma relevante y eficaz. Por esos y otros motivos, Familiar Touch quedará como una de las óperas primas más significativas de esta edición de Venecia.

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