Críticas
Cine argentino en salas
Críticas de “1978”, de Luciano Onetti y Nicolás Onetti; y “Vrutos”, de Miguel Bou
Reseñas de dos valiosas novedades nacionales que coinciden en las salas desde este jueves 6 de marzo.
1978 (Argentina/2024). Dirección: Luciano Onetti y Nicolás Onetti. Guion: Luciano Onetti, Nicolás Onetti y Camilo Zaffora. Intérpretes: Agustín Pardala, Carlos Portaluppi, Mario Alarcón, Agustín Olcese y Jorge Lorenzo. Fotografía: Luciano Montes de Oca y Kasty Castillo. Edición: Luciano Onetti, Ludovico Opipari. Dirección de Arte: Paola Tolosa. Sonido: Germán Suracce. Música: Luciano Onetti. Producción: Nicolás Onetti, Charly Goitia, Michael Kraetzer y Sayif Aram. Casa productora: Black Mandala Films. Distribuidora: 3C Films. Duración: 78 minutos. Apta para mayores de 16 años. Salas (primera semana) 38. ★★★½
La última dictadura cívico-militar, con su maquinaria y logística al servicio de la tortura y la desaparición de personas, ha sido el terreno fértil para decenas de películas que retrataron distintas facetas de su funcionamiento de múltiples maneras. Pero ninguna de ellas recorrió los caminos que ahora transita el tercer trabajo conjunto -Luciano dirigió en soledad Sonno Profondo (2013) y Francesca (2015)- de los realizadores de Los olvidados (2017) y Abrakadabra (2018), en el que al terror intrínseco a los centros clandestinos de detención le antepone uno mucho mayor, sobrenatural e inmanejable.
Al igual que El corresponsal, de Emiliano Serra, el telón de fondo es el Mundial de 1978. Más precisamente, las horas durante las que la Argentina disputó la final contra Holanda. Mientras millones gritaban ante el televisor los goles de Kempes y Bertoni, en un centro clandestino, cuyos exteriores están filmados en uno de los inconfundibles mataderos brutalistas del arquitecto Francisco Salamone, continúa una rutina hecha de violencia y maltrato físico y psicológico.
El objetivo del grupo de tareas encabezado por los personajes de Mario Alarcón y Carlos Portaluppi es el de siempre: “quebrar” a los detenidos para que delaten a alguno de sus compañeros y continuar con la cacería. El problema es que reciben un dato que los lleva a detener al grupo equivocado. Sí, viven en la clandestinidad, pero la lucha de estos hombres y mujeres no es tanto política como espiritual. E incluso quizás ni siquiera sean hombres ni mujeres.
Tal como ocurría en Operación Overlord, en la que un grupo de paracaidistas norteamericanos que forma parte de la avanzada aliada en Francia durante el Día-D descubrían que los nazis son efectiva y literalmente monstruos, los hermanos Onetti toman la Historia para devolverla a la pantalla matizada por los códigos del cine de género de los sustos y los gritos. Códigos que la dupla maneja con partes iguales de soltura y conocimiento, lo que da forma a una película en la que lo terrorífico puede adquirir las formas más impensadas. EZEQUIEL BOETTI
El director de La oveja blanca, Te la vamos a dar, El camino de la rata y La reina del arroz con pollo estrenó una película que ofrece un desgarrador panorama de la violencia cotidiana en las zonas de Villa Lugano y Villa Celina.
Vrutos (Argentina/2024). Guion y direccón: Miguel Bou. Elenco: Dante Mastropierro, Gregorio Barrios, Diego Alonso, Ceci Colz y Lucas Tresca. Fotografía: Fer Rodríguez. Edición: Manu Pons y Lautaro García Candela. Dirección de arte: Carolina Cekauskas. Sonido: Martín Galimany. Música: Pedro Monzo y Martín Zero. Distribuidora: Cinetren. Duración: 100 minutos. Apta para mayores de 16 años. ★★★✩✩
Originario de los barrios en los que transcurre la película, Miguel Bou construye en Vrutos un poderoso relato en la tradición de películas como Pizza, birra, faso y de series como Okupas. De hecho, dos de los coprotagonistas de su nuevo film son Dante Mastropierro, reconocido como el villano Negro Pablo; y Diego Alonso, el Pollo en aquella historia creada y dirigida por Bruno Stagnaro.
Así como Francisco Bouzas rodó Ciudad Oculta en esa zona que tanto conoce, Bou se siente a sus anchas en ese universo de monoblocks, descampados con canchitas, skate parks, paredes con artísticos graffitis e improvisadas “batallas de gallos” para construir una historia de lucha de clases entre los lugareños (casi todos ligados a la delincuencia) y los chetos (unos jóvenes rugbiers) en una película que, más allá de las referencias citadas en el párrafo anterior, parece tener también como norte al cine de John Carpenter.
Brian (Gregorio Barrios) es un típico pibe de Lugano, con sus carencias (como casi todos piensa que unos cuantos robos pueden sacarlo de la precaria situación económica que atraviesa) y una novia con la que sueña con irse a vivir juntos más temprano que tarde. Pero el protagonista tiene una muy mala relación con su papá Marcelo (Dante Mastropierro), con quien “convive” a solas ya que su madre se ha ido hace mucho tiempo y ha perdido todo contacto. Mientras el padre, un ex delincuente que asegura haber abandonado el hampa, trata de “rescatarlo”, de mantenerlo alejado de los bajos fondos, Brian trata de sumarse a algunos proyectos turbios de su padrastro, el Negro (Diego Alonso), y empieza a tener crecientes y cada vez más violentos conflictos con un rugbier y el grupo que lo acompaña.
Rodada en blanco y negro en apenas 14 jornadas de 10 horas cada una, Vrutos no solo es una película sobre las diferencias de clase sino una exploración de los efectos del ojo por ojo y la venganza por mano propia. Tanto la exposición del entorno geográfico como varias de las escenas alcanzan un realismo apabullante, aunque también hay pasajes donde un costumbrismo algo exagerado le quita verosimilitud y la simplificación (por momentos cercana a la torpeza) a la hora de contraponer los distintos mundos en disputa o el papel de la Justicia a través del accionar de sus fiscales terminan minimizando los evidentes logros de un en definitiva más que valioso film. DIEGO BATLLE
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