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Películas cronológicas
Un análisis sobre el tiempo y el cine: desde El curioso caso de Benjamin Button hasta 2001, desde Up hasta El Ciudadano, y desde El Padrino hasta El sol del membrillo, la timeline movie favorita del autor de este texto.
En este caso concreto, a la impresión que causa el texto debe sumarse el hecho de que Taubin es uno de los pocos “cuerpos” presentes en el clásico de Michael Snow. En concreto, ella es la mujer que llega al departamento y llama (¿a la policia?) para dar cuenta de una muerte. Entregado a la fabulación, me gusta imaginar a Taubin como la testigo intelectual y corpóreo de esa timeline (línea de tiempo) que va de Wavelenth a Benjamin Button, aunque cabe aclarar que ella no actúa en la película de Fincher. Se trata de una cronología en tres tiempos: el real (los 41 años entre ambas películas), el histórico (el de la evolución del cine) y el eclipsado, desintegrado por el talento asociativo de Taubin. En el fondo, los tres se antojan fragmentados, manipulados, como el transcurso del tiempo en el cine, una idea que brilla con fuerza en esa categoría de películas a las que hace referencia Taubin: las timeline movies. Tras meditar sobre cómo traducir el concepto, descarté la opción literal (“películas de línea de tiempo”) por malsonante y opté por una más romántica y poética: “películas cronológicas”.
Así, afirma Taubin que las “películas cronológicas” evocan el fantasma de la muerte. No hace falta realizar una investigación demasiado concienzuda para comprobar la validez de dicha teoría. He aquí, por ejemplo, tres títulos lanzados a vuelapluma: 1) en clave canónica, la trilogía de El Padrino (1972-1990), de Francis Ford Coppola; 2) en clave filosófico-autoral, AI: Inteligencia Artificial (2001), de Steven Spielberg; y 3) en clave vanguardista, An Injury to One (2002), documental en el que Travis Wilkerson revisa la salvaje explotación del pueblo de Butte, Montana, a manos de los poderes capitalistas. Sea bajo la forma de la pulsión trágica, la constatación de la condición humana o la perversión del sistema sociopolítico, la muerte es la rítmica sobre la cual estas películas elaboran sus melodías.
Por otra parte, en el territorio de la memoria reciente, hay un gesto fílmico de carácter “cronológico” que vibra con fuerza y emotividad. Se trata de la secuencia de Up, una aventura de altura, la película de animación de Pete Docter y Bob Peterson, en la que se da cuenta de la larga vida matrimonial de Carl, el protagonista, y Ellie, su fallecida esposa. Leo en Micropsia, el blog de Diego Lerer, un artículo de Los Angeles Times dedicado específicamente en la secuencia en cuestión, donde los realizadores desvelan algunos mecanismos internos de esta “película dentro de la película”. En una primera versión, la crónica del matrimonio duraba unos veinte minutos y contenía sonidos sincronizados con la acción. Sin embargo, buscando un efecto próximo a las viejas grabaciones familiares en Super-8, los directores optaron por eliminar el sonido y reducir el metraje hasta dar con la esencia del relato. El resultado: cuatro minutos de pura narrativa torrencial. Acción, corte, reacción, elipsis abismal, acción… Todo ello gestionado al son de la perfecta modulación psicológica de los personajes, esbozados con cariño y un pudor extremo, algo que no obstaculiza la exposición meridiana -trágica y elemental- del dolor que genera la pérdida.
Este micro-film de cuatro minutos es, sin duda, una timeline movie sublime que cotiza muy por encima del nivel general de la película, cuyo espectacular arranque deriva progresivamente en un relato menos hilvanado y más cargado de moralina. De hecho, los primeros 20 minutos de la película son la cota más alta alcanzada por la factoría Pixar. Hay algo casi radical en el contraste entre, por una parte, la veloz “crónica del matrimonio” y, por otra, el presente aletargado del viejo protagonista. El modo en que la acción se detiene para esperar a Carl denota una conciencia del tiempo fílmico inusual en el cine mainstream. Del mismo modo en que Jonathan Rosenbaum descartaba la posibilidad de considerar el cine de Yazujiro Ozu como excesivamente “lento”, los creadores de Pixar parecen entender (al menos en el arranque de Up) que el tiempo cinematográfico debe adecuarse a la lógica de la acción.
Sigo pensando en “películas cronológicas” y, en realidad, como en el caso de la secuencia de Up (que es en realidad un flash-back), sigo reincidiendo en films anti-cronológicos, surcados por agresiones a la linealidad narrativa. Sin ir más lejos, me resulta imposible no mencionar a El Ciudadano(1941), película con la que Orson Welles inauguró de forma mayúscula es uso del flash-back. Es el poder hipnótico del cine en acción, su fuerza demiúrgica, su capacidad para, cual hábil prestidigitador, convertir el jugueteo curvilíneo en un poderoso discurso rectilíneo. En todo caso, ¿no cabría considerar que todos los films son “cronológicos”? ¿No es el cine en su conjunto una timeline incesante e infinita? El Rosebud de Kane nos lleva del momento de su muerte hasta su ambiciosa juventud, su agónico esplendor, su añorada infancia… del mismo modo que 2001, odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick, nos lleva del “amanecer del hombre” hasta “más allá del infinito”. Lo que resulta invariable es la constatación del transcurso del tiempo y, por consiguiente, de la presencia de la muerte.
Aún así, sigo obsesionado con el concepto de “película cronológica” al que hace referencia Taubin, el film capaz de capturar con precisión una línea de tiempo, una cronología concreta. Vienen a mi memoria tres ejemplos dispares. El primero es una simple curiosidad: el videoclip de la canción Right Here Right Now (1999) [ver aquí], de Fatboy Slim, dirigido por Hammer & Tongs, y en el que se describe mediante un continuo digital la evolución de la vida sobre el planeta Tierra, de 230 billones de años atrás a esta parte.
El segundo ejemplo es una auténtica maravilla que descubrí recientemente: el cortometraje de animación Crac (1981) [ver aquí], del realizador canadiense de origen alemán Frédéric Back. Conocido por su dominio de la técnica de animación por acetatos coloreados a lápiz y por su elegante estilo post-impresionista, Back compone en Crac una delicada oda a la cultura folclórica del Quebec, describiendo el tránsito vital de una silla mecedora desde su construcción a manos de un entrañable campesino hasta su descanso final entre las paredes de un museo de arte contemporáneo. El film propone un incontenible carrusel de imágenes que, más allá del relato específico, da lugar a una suerte de flujo de conciencia en el que confluyen las preocupaciones del realizador: la noción de artesanía, la tradición cultural y el interés por la ecología. En todo caso, lo más interesante de la propuesta de Back es su capacidad para forjar una cronología vivaz, trepidante, que atienta una narración lineal y que culmina en una subyugante espiral (una forma geométrica en la que parecen hermanarse la vida y la muerte -pregúntenle a Hitchcock-).
El tercer ejemplo es probablemente mi timeline movie favorita: El sol del membrillo (1992), del director español Víctor Erice. En este caso, el objeto de la cronología que propone el film es, en un primer término, el cuadro que intenta pintar Antonio López: un lienzo hiperrealista condenado al fracaso, ya que el membrillero que sirve de modelo se resiste a ser arrancado del flujo lumínico marcado por las horas del día, el curso del tiempo. Es la cronología del combate entre el pintor y la obra, pero al mismo tiempo una línea de tiempo autorreflexiva, ya que el choque entre la labor de López (el pintor) y la de Erice (el cineasta) hace emerger a la superficie de las imágenes una verdad cristalina: el cine es un arte ligado a la muerte, a la defunción de los instantes que quedan momificado en el rollo de película.
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Me gustan mucho los textos de Manuel, profundos, bien escritos, didacticos y llevaderos a la vez. Que escriba todas las semnas!!!!
En los ejemplos que doy desde el titulo hay una metafisica relativa al tiempo. No las vi , pero por motivos laborales recuerdo el titulo y la asociacion con el tiempo: "El tiempo que queda" de un director frances y "Las horas que pasan", de Ines Olivera Cesar.<br /> Martin<br />
Placeres culpables, ahora Timeline movies, vos sí que sos un creativo para buscar temas, muy interesante texto, Manu. Saludos