Críticas
Valiente, de Mark Andrews y Brenda Chapman
Calidad Pixar, espíritu Disney
sss
Ví
dos veces Valiente (en la versión subtitulada y en la
doblada), ambas en 3D, y sus méritos están muy a la vista (mucho más que sus
limitaciones). En principio, hay que decir que Valiente es una película bella (hermosa sería
aún más preciso) en términos de animación y con unos cuantos atractivos en el
desarrollo de sus aventuras y de sus elementos cómicos.
Su principal novedad, de todas
formas, tiene que ver con la protagonista. La princesa Mérida (disfrutarán de la
voz de Kelly Macdonald si la ven con subtítulos) es la primera mujer que lidera
una película de Pixar (también la primera dirigida íntegramente por una
realizadora, Brenda Chapman, por lo menos hasta que fue despedida en medio de la
producción y reemplazada por Mark Andrews) y esta heroína que lucha contra las
tradiciones (convenciones), los prejuicios y el machismo de la realeza escocesa
de antaño para probar un camino independiente en la vida resulta un
personaje encantador.
Ya la animación de la melenuda, enrulada cabellera
anaranjada de Mérida (brillante cultora de la arquería) es una maravilla más de
los artistas de Pixar (también lo es el agua que cae de una catarata, el
movimiento de la mamá de la protagonista convertida en osa o las panorámicas de
las bellas zonas montañosas), pero -y aquí empiezan los “peros”- el universo de
los clanes (con algo del estilo Asterix y Obelix) y la
dinámica de los castillos nos llevan por caminos ya bastante transitados por el
cine (y no sólo por el de animación).
Más allá de su protofeminismo, de
su heroicidad y de su simpática rebeldía adolescente, Mérida es un personaje
pensado para sumarse a la galería de princesas de Disney (de hecho, tiene
varios puntos en común con la Rapunzel de la reciente Enredados) y toda la
veta fantástica -con brujas y hechizos incluídos- no difiere demasiado de
clásicos como Blancanieves, Cenicienta o La Bella Durmiente,
por más que en determinados pasajes, en las imágenes del bosque, surja algún
homenaje a los espíritus y fantasmitas del cine del maestro japonés Hayao
Miyazaki. Por eso, me animo a indicar que por momentos el film parece más de
Disney que de Pixar. No es una aseveración peyorativa, pero Pixar se distinguió
desde su creación por hacer algo distinto, innovador, no por imitar o reciclar
materiales ajenos.
Vuelvo a la idea principal. Valiente es un film vistoso y entretenido, que
yo -en mi función de crítico y de padre- recomendaría con entusiasmo. Pero
también siento que -ya en el lugar de fan de Pixar desde siempre- puedo (debo)
exigirle más. Haciendo una analogía futbolística (con mi hijo Manu somos fans
del Barcelona), cuando juegan Messi, Iniesta y compañía uno se prepara para lo
mejor y, cuando el equipo catalán gana 2 a 0, sin deleitar tanto al público,
casi sin “despeinarse”, uno siente una pequeña decepción. No pasa lo mismo en
otros casos (soy también seguidor del decadente Banfield), cuyos hinchas
festejaríamos un triunfo por 1 a 0 con un gol en tiempo de descuento y en
posición adelantada porque conocemos (y aceptamos) sus
limitaciones.
Pixar es el Barcelona del cine animado y, como tal,
con Valiente gana -otra vez- el desafío con
claridad, sin discusiones. Pero los tacos, las gambetas, los caños aquí son
contados. Igual, vale la pena entrar a la cancha para ver al mejor equipo del
mundo, aun cuando no juegue el partido de su vida.
ADEMÁS.
La que sí es una gema es La Luna, corto sin
diálogos (bah, con gruñidos, ya verán) que se exhibe antes de Valiente. No quiero
adelantar nada para no quebrar la magia, pero este nuevo aporte de Pixar en
metraje reducido (sana costumbre) es pura belleza, pura sensibilidad, pura
ternura, pura poesía, puro cine. Calificación: 10 puntos
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