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Louie, elogio de la incomodidad

Es uno de los secretos mejor guardados, ya que nunca se exhibió en la TV argentina, pero la serie producida, escrita, dirigida, editada y protagonizada por Louis C.K. sigue siendo de lo más audaz y provocativo que se ha visto en mucho tiempo.

Publicada el 03/05/2015

Publicado el 3/5/2015 - 14:56:24

Primero, un poco de historia…

Louis Szekely tiene 47 años y, como su apellido de origen húngaro era difícil de pronunciar y sonaba a C.K., decidió que ese sería su nombre artístico. Le costó bastante triunfar en el universo del stand-up, pero llegó a ser el acto de apertura de Seinfeld, la sitcom que muchos marcan como influencia directa en su carrera. Tras una primera época en Boston junto a Denis Leary y Lenny Clarke, recién en 1989, a los 22, se instala en Manhattan, donde fue ganando reconocimiento como guionista de programas como The Late Show with David Letterman, Late Night with Conan O'Brien, The Dana Carvey Show y The Chris Rock Show.

Tras varias fallidas experiencias en cine (Tomorrow Night, Pootie Tang) y en TV (Lucky Louie para HBO), este gordito pelado se convirtió en una de las figuras más populares del stand-up, con giras nacionales en teatros cada vez más grandes y varios especiales para HBO como One Night Stand (2005) o Shameless (2007), para Showtime como Chewed Up (2008) o lanzados de forma independiente como Hilarious (2010) y Live at the Beacon Theater (2011), entre varios otros.




Nunca manifestó demasiados deseos de ingresar de lleno al mundo de la televisión, pero una propuesta del canal FX fue imposible de resistir: le ofrecieron libertad absoluta (los ejecutivos no pueden ni siquiera opinar del resultado final) y un presupuesto de 300.000 dólares por episodio que puede disponer como mejor le parezca.

Así, Louie -probablemente lo mejor que le ha pasado a la comedia norteamericana- desde Seinfeld- debutó en junio de 2010 con una propuesta (semi) autobiográfica sobre un comediante divorciado que vive en Nueva York con sus dos hijas (tiene la custodia compartida). Cada episodio de poco más de 20 minutos arranca con los melancólicos títulos (él yendo de noche a comer unas porciones a Ben’s Pizza en el Village y la pegadiza canción Brother Louie de fondo) o con fragmentos de sus actuaciones de stand-up en clubes como el Comedy Cellar o Caroline’s.

Louie va por su quinta temporada (de 13 o 14 episodios cada una) y le han valido a Louis C.K tres premios Emmy y múltiples reconocimientos. Pero esas distinciones no han hecho más que alimentar un programa cada vez más deforme, más incómodo, más perturbador a la hora de hablar de la masculinidad, la paternidad, las relaciones sexuales o la dictadura de la corrección política.

Si bien las neurosis, angustias e inseguridades de Louie lo conectan directamente con Woody Allen, el show se fue convirtiendo con el tiempo en una experiencia cada vez más negra, absurda y extrema hasta lo chocante: uno se ríe y, a los pocos segundos, siente vergüenza y escozor ante lo que acaba de ver.

Louis C.K. se ha permitido todos los lujos en Louie: desde trabajar con el propio Jerry Seinfeld (temporada 4, episodio 2) hasta con el enorme David Lynch (temporada 3, episodios 11 y 12), pero también hacer una buena parte de la temporada 4 con seis episodios (los del ascensor) que funcionan casi como una película autónoma. El hace (casi) todo: escribe, dirige (cada vez mejor), produce, actúa y edita en una MacBook Pro. Cuando termina, eso va a FX y se emite sin que nadie más lo vea antes.




OJO: SPOILERS A PARTIR DE AQUÍ

La quinta temporada lleva cuatro episodios, cada cual más desconcertante y radical: en el primero (Pot Luck) se le duerme el psicólogo en plena sesión, aparece por error en medio de un grupo místico-new age y termina teniendo sexo con una embarazada que rompe bolsa (encima es un caso de maternidad subrogada para una pareja de lesbianas); en el segundo (A la carte), se caga encima delante de sus hijas, su novia guarra (la genial Pamela Adlon) le ofrece tener una pareja abierta a otras experiencias y maltrata a un principiante de stand-up que pronto se convierte en un suceso; en el tercero (Cop Story), una vendedora asiática se niega a ayudarlo con una ollas y un ex novio de su hermana (un patético policía interpretado por Michael Rapaport) lo acosa, lo obliga a salir con él de noche y durante esa velada pierde nada menos que su arma reglamentaria entrando en un estado de desesperación absoluta; y en el cuarto (Bobby’s House) muere su tío y va con su hermano menor -con el que tiene una pésima relación- al velorio. Luego será agredido de forma muy violenta en la calle por una mujer y “violado” por su novia (que antes lo maquilla y luego directamente da por terminada la relación).

De ese tenor son las historias que Louis C.K. propone cada semana. Es una apuesta subversiva para la televisión actual. Un show tragicómico, desgarrador, visceral, al punto que puede ser cuestionado por arbitrario, caprichoso y por momentos desagradable, pero que al mismo tiempo tiene un nivel de creatividad, desenfado, anarquía y audacia que lo convierten en una experiencia fascinante, única y maravillosa. ¡Larga vida a Louie!


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