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BAFICI 2026: Crítica de “Remake” (sección Trayectorias) + Especial Ross McElwee

El venerado director estadounidense de Sherman’s March (1986) y Bright Leaves (2003) estrenó en la Mostra de Venecia 2025 otro de sus notables y en este caso también desgarrador ensayo personal vinculado sobre todo a la muerte de su hijo Adrian. Sumamos también reseñas de otros films de McElwee como In Paraguay (2008) y Photographic Memory (2011).

Publicada el 20/04/2026

Remake (2025)

Dirección y guion: Ross McElwee. Fotografía: Ross McElwee y Adrian McElwee Edición: Ross McElwee y Joe Bini. Duración: 116 minutos. Funciones restantes: viernes 24/4, a las 21:15, en la Sala Lugones; y domingo 26/4, a las 16:35, en Cinépolis Plaza Houssay (Sala 1).

Adrian McElwee, hijo del director, falleció el 24 de diciembre de 2016 a causa de una sobredosis de fentanilo en el hogar de su padre (había ido por unos días a pasar las fiestas navideñas). Tenía apenas 27 años, pero una larga historia de abuso de drogas. Esa muerte es el punto de partida, el motor de un diario íntimo que tiene mucho de catártico, pero también de ensayo sobre la culpa y el dolor.

Más allá de que Ross McElwee tuvo una hija adoptiva (proceso narrado en detalle en In Paraguay), Adrian fue siempre su debilidad y de hecho pasó buena parte de la infancia filmándolo al punto que terminó siendo el protagonista de varios de sus largometrajes. Pero ese niño increíblemente simpático, sensible e inteligente se convirtió luego en un adolescente lleno de traumas, heridas, carencias y con una inmanejable personalidad bipolar.

Con semejante material era casi imposible no manipular desde lo emocional, no pegar debajo del cinturón, pero estamos frente a uno de los mejores documentalistas "del yo" y, por lo tanto, Remake constituye no solo un retrato individual y familiar sino también una revisitación de toda su obra (hay una subtrama ligada a un proyecto hollywoodense de hacer una remake de ficción de su mítica Sherman’s March), un tributo a otros seres queridos y colaboradores (su mejor amiga y protagonista de varios de sus documentales, la poetisa Charleen Swansea, murió en 2018) y reflexiones respecto del arte, la pertinencia y el sentido de filmar.

Todos los trabajos de McElwee están hechos de retazos, de materiales de diferentes épocas, lugares y personas. Son diarios íntimos hechos en forma de collages, de patchworks fílmicos. Pueden, por lo tanto, parecer por momentos algo caóticos, demasiado derivativos, como si fueran flujos de conciencia, pero el director no solo consigue en Remake momentos bellos y tristes, empáticos y dolorosos, sino que uno abandona la sala sintiendo que esas imágenes en principio banales, cotidianas, efímeras se potenciaron hasta convertirse en una mirada inteligente, profunda, sabia y conmovedora sobre los dilemas y contradicciones de la existencia humana. DIEGO BATLLE

In Paraguay (2008)

Realizador de diarios filmados, en esta ocasión McElwee se embarca con este documental filmado en 16mm y video digital en el retrato del proceso de adopción de una niña paraguaya por parte de una pareja estadounidense (el propio McElwee y su mujer, claro). La película arranca con su partida al país sudamericano, acompañados de su hijo de seis años, Adrian. Finalmente, el viaje termina convertido en una odisea familiar que el director traslada a tres líneas narrativas superpuestas: 1) el camino de obstáculos burocráticos que surgen durante la adopción, 2) los momentos de la vida cotidiana de la familia McElwee en Paraguay, mayormente protagonizados por la curiosidad de Adrian, y 3) el repaso a los turbulentos cinco últimos siglos de la historia del país.

A partir de la hábil confluencia de estos tres territorios, McElwee consigue elaborar un relato cargado de ironía cuyo leitmotiv termina siendo el descubrimiento de lo que significa ser un norteamericano en Paraguay. Las paradojas se multiplican alrededor del director, la mayor de las cuales consiste en la declarada impresión de que la salvación de su hija adoptiva (su futuro en Estados Unidos) está íntimamente conectado con su dramático origen (un país sumido en la pobreza por una dictadura -la de Alfredo Stroessner- sostenida por el gobierno norteamericano). Puede que no sea la mejor película de McElwee, pero sí una nueva demostración de su capacidad para formular una visión honesta del mundo, donde sus imágenes en presente y su inconfundible voz en off en pasado abren una brecha sentimental y política en el espectador. Un cine indudablemente habitable. MANU YÁÑEZ

Photographic Memory (2011)

El director de Sherman's March y Bright Leaves construye una película sobre sí mismo, grabada con su cámara de video hogareña, retratando en principio la relación con su hijo, quien fue transformándose de un niño adorable en un adolescente complicado y luego en un veinteañero aislado en sus contactos virtuales. Pero más que criticar su actitud desde el facilismo de “yo soy de otra generación donde la gente se conocía, etc., etc.”, Ross elige investigar qué hacía él a la edad de su hijo. A partir de unas viejas fotos sacadas por él mismo, recuerda una temporada de hace 38 años en un pueblito francés, un romance con una chica llamada Maud, y se va hacia allá a ver qué hay de todo eso porque él, literalmente, no se acuerda de casi nada.

La relación con su hijo, su recolección del pasado, su investigación sobre Maud y sus reflexiones en primera persona sobre la memoria, las imágenes, el tiempo y las relaciones van conformando un diario, un “memoir” fílmico a la altura de la mejor Agnès Varda. Un hombre que construyó un pasado con una cámara de fotos y que trata de reconstruirlo, o de encontrarlo, cuatro décadas después, con una de cine. Y cómo esas memorias analógicas y digitales no siempre coinciden con las reales, si es que esas existen en verdad. Así, hasta demostrar que entre él y su hijo hay menos diferencias de las que parecen.

Una película humana, personal, desordenada, algo caótica (“rambling”, dirían los americanos), pero sentida como pocas. Una joyita y una película, además, completamente accesible. Casi lo que filmaría alguien que, a los 50/60 años, saliera con su cámara a buscar a alguna novia o conocido de la juventud del que jamás volvió a saber nada. Todo para ver hasta qué punto los recuerdos y la memoria son tan confiables como uno cree que son… DIEGO LERER

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