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Crítica de “A Hero”, de Asghar Farhadi (Competencia Oficial) - #Cannes2021
El director de About Elly, La separación, El pasado, El viajante y Todos lo saben regresó a su Irán natal para narrar las desventuras de un hombre que se reencuentra con la libertad.
A Hero (Ghahreman, Irán-Francia/2021). Guion y dirección: Asghar Farhadi. Elenco: Amir Jadidi, Mohsen Tanabandeh y Fereshteh Sadre Orafaiy. Fotografía: Ali Ghazi y Arash Ramezani. Edición: Hayedeh Safiyari. Duración: 127 minutos.
La nueva película de Asghar Farhadi empieza con una imagen atípica, desde luego inesperada en su universo. Un hombre sale a la calle con una sonrisa que parece iluminar el mundo. Mira a la derecha, mira a la izquierda y, de nuevo, sonríe, ahora con más intensidad; con más luz propia, si cabe. Tiene motivos para mostrar tanta alegría, siendo uno de ellos el desconocimiento de su condición. A saber: ser el protagonista principal de la nueva función del autor de La separación, El pasado, El viajante y Todos lo saben.
Se trata del actor Amir Jadidi, encargado de encarnar a un hombre que se reencuentra con la libertad. Se entiende su actitud. El caso es que le ha sido concedido un permiso penitenciario para abandonar temporalmente la prisión donde cumple condena por morosidad. O sea, que en esta ocasión, la mochila pesada (esa losa con la que siempre tienen que cargar los personajes concebidos por el cineasta iraní) se corresponde con un pasado cuantificable en una deuda no-condonable.
O sea, que no importa la buena cara con la que el hombre afronte la vida, porque esta le va a responder con una desagradable mueca. Y, en efecto, pasan los minutos, se suceden los giros argumentales y la cara de Jadidi va cambiando. Se puede hacer un seguimiento muy preciso de la historia de A Hero a partir de la evolución facial del intérprete; de esa sonrisa que primero se congela y después, poco a poco, se disuelve en un ambiente de fatalidad contra el que poco o nada puede hacerse.
Ahí va otra contundente pieza de cine de la derrota. El camino que recorre el personaje central es en realidad un campo de minas plantadas todas ellas por el principal (casi-único) argumento cinematográfico del conjunto: el guion. La esperable híper-dialogación de la trama vuelve a convertir la voz humana en transmisora de ese maná sagrado para Asghar Farhadi: el conflicto, la discusión, la tempestad. Esto es importante, como lo es en sus otras películas: hablamos, en principio, para entendernos. Para llegar, por lo menos, a pactos de no-agresión.
Pero no, con Farhadi cada vez que alguien abre la boca es para oficializar el inicio de una nueva batalla. Todo esto, en definitiva, debe servir como recordatorio (gritón) de que la vida en sociedad se articula a partir del choque aparatoso entre los deseos y recelos irreconciliables de los particulares. Así de descorazonador. Si A Hero tiene que interpretarse como un estudio de la condición humana, entonces la única reacción lógica debe ser la de perder toda esperanza en ella. Si, por el contrario, se vive tras la cómoda distancia desde la que vemos un thriller (ahí donde el misterio se gestiona principalmente a partir del manejo de la información, es decir, de lo que sabemos y de lo que no), entonces Farhadi vuelve a descubrirse como una apuesta segura.
Su contrastada capacidad para trabajar con el fuera de campo y con el drama coral es el mejor abono para la duda, o sea, para que no nos quede otra que fiarnos de la palabra del otro. O, al contrario, desconfiar de ella. Porque, a fin de cuentas, todos somos esclavos del relato (tanto del ajeno como del propio). Así se alimentan los dilemas morales marca de la casa con el convencimiento de que nunca llegarán a resolverse. Y, sí, es frustrante, sobre todo cuando todo esto se emplea, cual fuerza cruel del destino, para fustigar a los personajes. Pero, de nuevo, como maquinaria generadora de misterio (entendido este como gancho definitivo para asegurarse la atención de la audiencia), la fórmula sigue siendo impecable.
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