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Crítica de “April”, película de Dea Kulumbegashvili (MUBI)
Tras un amplio y exitoso recorrido por festivales como los de Venecia (Premio Especial del Jurado San Sebastián (ganó la competencia Zabaltegi-Tabakalera) y Hamburgo (Mejor Dirección), llega a MUBI el segundo largometraje de la directora georgiana que generara no pocas controversias cinéfilas con su ópera prima Beginning (2020).
April (Georgia, Francia/2024). Guion y dirección: Dea Kulumbegashvili. Elenco: Ia Sukhitashvili, Kakha Kintsurashvili y Merab Ninidze. Música: Matthew Herbert. Fotografía: Arseni Khachaturan. Edición: Jacopo Ramella Pajrin. Duración: 134 minutos. Disponible en MUBI desde el viernes 1 de agosto.
Tanto por su forma como por su contenido, por sus temáticas y sus miradas en muchos casos tan impiadosas como desoladoras, el de Dea Kulumbegashvili no es un cine fácil de asimilar. Así como Beginning dividió incluso a la cinefilia más radical, April es otra de esas propuestas que generan reacciones extremas y opuestas.
La protagonista del film es Nina (Ia Sukhitashvili), ginecóloga y obstetra en un hospital de provincia en Georgia, pero que también desde su mirada humanista y con conciencia social practica abortos en zonas rurales a jóvenes sin formación ni recursos que no se animan a atenderse en instituciones públicas por temor al escarnio (hay que aclarar que el aborto es legal en Georgia hasta las 12 semanas de gestación, pero existe una fuerte persecución hacia quienes los hacen y los reciben).
En la primera escena vemos que un parto a cargo de Nina termina con el bebé muerto y, ante la presión de los familiares, el hospital inicia una investigación para determinar si ella cometió algún error. Quien lidera el proceso es David (Kakha Kintsurashvili), que no solo es su colega sino que mantuvo con ella una relación afectiva que Nina, férrea custodia de su independencia, decidió dar por terminada dejando heridas que parecen no haber sanado del todo.
Es poco menos que un secreto a voces que Nina ayuda de día y en instituciones oficiales a parir, mientras que de noche y en ámbitos privados socorre a mujeres desesperadas por interrumpir sus embarazos. Cuando su trabajo y su carrera son puestas en jaque, esa decisión de practicar abortos puede jugarle muy en contra.
Con su ya habitual estilo tan riguroso como ascético (los partos y sobre todo los abortos se narran mayormente fuera de campo), con largos y virtuosos planos (en muchos casos fijos) en los que vuelve a lucirse el director de fotografía Arseni Khachaturan, April es una descripción de las contradicciones internas y las opresiones externas que atraviesan las mujeres, una exploración íntima, visceral y desgarradora a la vez sobre la sexualidad, el deseo, la sororidad, las presiones, los condicionamientos y los mandatos sociales.
Quedó dicho que el cine de Kulumbegashvili está muy lejos de ser concesivo y demagógico, aunque por momentos está demasiado cerca de cierta manipulación y crueldad. En general, la guionista y directora propone preguntas inquietantes antes que ofrecer respuestas tranquilizadoras y sale bastante airosa de los desafíos no menores que se propone en una película con múltiples matices, derivas, dimensiones y alcances que es bueno sentir y (re)pensar.
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