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Crítica de “Bogancloch”, película de Ben Rivers (Competencia Internacional) - #Locarno2024
El director británico sigue alimentando su saga dedicada a retratar la existencia de Jake Williams.
Bogancloch (Reino Unido, Alemania, Islandia/2024). Dirección, fotografía y edición: Ben Rivers. Con Jake Williams. Duración: 86 minutos. En Competencia Internacional.
En 2007 Ben Rivers rodó This Is My Land, corto de 14 minutos sobre Jake Williams, un escocés que vivía solo en un paraje boscoso en el nordeste de Aberdeenshire, en medio de la naturaleza más salvaje, aislado por completo del “progreso” y de los estímulos urbanos. El realizador inglés volvió a ese paraje y a ese personaje para el largometraje Two Years at Sea (2011) y regresa ahora, casi dos décadas después de haberlo conocido en 2005, para retratar a un hombre ya mucho más canoso pero que se mantiene desconectado de cualquier tipo de redes.
Ejemplo paradigmático de lo que se conoce como slow cinema, Bogancloch (así se llama el hogar de Jake) expone las obsesiones y rituales, esa cotidianeidad casi ceremonial, del orden de lo esencial, alejada del vértigo y las presiones, de alguien que ha decidido sobrevivir con lo mínimo.
No se trata exactamente de un ermitaño, ya que en algunas tomas en color vemos interacciones con otras personas (aparecen desde un grupo de estudiantes hasta un coro musical). De todas maneras, buena parte de los 86 minutos de Bogancloch son en blanco y negro con austeras y rugosas imágenes capturadas en 16 milímetros y que de alguna manera sostienen -desde el tempo narrativo hasta el enfoque visual- el camino trazado por los trabajos anteriores junto a Williams. Es que en realidad muy poco se ha modificado en la vida de Jake mientras el mundo no para de cambiar.
No apto para espíritus inquietos ni impacientes, este documental observacional (en verdad es un híbrido porque Rivers incluye ciertos elementos propios de la ficción) propone una experiencia lírica, onírica en la que la construcción de climas y atmósferas se imponen por sobre cualquier tentación de didactismo o explicación tranquilizadora y subrayada.
En una entrevista reciente Rivers contó que espera volver a filmar con su esta altura ya amigo Williams dentro de 10 años. Ojalá. La historia del cine (de Truffaut a Linklater) está hecha de muchas de estas sagas que nos permiten apreciar y sentir en pantalla la evolución, la maduración e incluso el envejecimiento y esa cada vez más cercana presencia de la muerte.
En Bogancloch conviven el fuego, la nieve, la lluvia, los animales, la degradación, la suciedad, y Rivers remata ese recorrido con una larga escena final de un simple baño en una tina al aire libre en medio del crudo invierno que es de una belleza subyugante. Sí, hay algo de experiencia realmente trascendente en una película de estas dimensiones.

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