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Crítica de “El ídolo”, de Hany Abu-Assad
Un crowd-pleaser que apela a sentimientos nobles con una esperanzadora historia de superación basada en el caso real de un cantante de la Franja de Gaza.
El ídolo (Ya tayr el tayer, Egipto-Palestina-Qatar-Reino Unido-Holanda/2015). Dirección: Hany Abu-Assad. Elenco: Tawfeek Barhom, Kais Attalah y Hiba Attalah. Guión: Hany Abu-Assad y Sameh Zoabi. Fotografía: Ehab Assal. Música: Hani Asfari. Edición: Eyal Salman. Distribuidora: Mont Blanc. Duración: 98 minutos. Apta para todo público. Salas: 7 (Arte Multiplex Belgrano, Village Recoleta, Atlas Patio Bullrich, BAMA Cine Arte, Cinema City General Paz, Showcase Norte y Cinema Paradiso de La Plata).
El notable director de provocativas películas como Rana's Wedding, Paradise Now y Omar narra en El ídolo una historia bastante más convencional y de aspiraciones masivas, un crowd-pleaser en la línea de Slumdog Millionaire o Billy Elliott sobre el caso real de Mohammed Assaf, un joven originario de la Franja de Gaza que ganó el concurso televisivo de canto Arab Idol.
El film narra la infancia del niño de 10 años, su hermana de 12 y sus dos mejores amigos, sus deseos de conseguir instrumentos para conformar una banda, las excepcionales dotes de cantante del pequeño Mohammed y, claro, el contexto de violencia y rigores en la región (aunque nunca forzado ni exagerado). Tras un hecho trágico que es mejor no adelantar, esta épica salta a la juventud del ya veinteañero protagonista (Tawfeek Barhom) y su intento por competir en Arab Idol, lo que implica viajar primero a El Cairo (Egipto) y luego a Beirut (El Líbano).
El ídolo tiene un poco de todo: relaciones familiares, diferencias generacionales, conflictos migratorios, una leve subtrama amorosa, números musicales y conexiones con los hechos reales que incluyen algunos fragmentos televisivos. El patchwork funciona con corrección y regala momentos de indudable simpatía, pero se extraña cierta mirada más punzante y cuestionadora de Hany Abu-Assad, que aquí luce como un sólido y eficaz artesano al servicio de una historia sentimental e idealista que apela a la superación, la esperanza y la posibilidad de que los deseos y los sueños se hagan realidad.
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El realizador franco-alemán de films com Intimité (1994), Harry, un amigo que te quiere bien / Harry, un ami qui vous veut du bien (2000), Lemming (2005), Noticias de la familia Mars / Des nouvelles de la planète Mars (2016), Solo las bestias / Seules les bêtes (2019) y La noche del crimen / La nuit du 12 (2022) regresó el año pasado a la Competencia Oficial del Festival de Cannes con la historia de una investigación policial inspirada en varios hechos reales.
La ganadora de los premios a Mejor Película y Mejor Dirección de la Competencia Argentina del último Festival de Mar del Plata llega al circuito comercial.
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-La secuela, Sisu: Camino a la venganza (2025), se puede ver en HBO Max.

Cuarta película que veo de Hany Abu-Assad de quien tengo un alto concepto como director. La primera fue LA BODA DE RANA, en un BAFICI, divertida comedia sobre las dificultades de desplazarse en una Jerusalén militarizada para poder consumar un casamiento Luego en PARADISE NOW se retrataba con mucha lucidez las últimas 48 horas de vida de dos palestinos que iban a inmolarse en un atentado suicida en Tel Aviv. La tercera que vi fue la extraordinaria OMAR (también en un BAFICI) sobre un joven de Gaza que es arrestado por los israelíes.y lo quieren obligar a traicionar a sus amigos. Ahora con EL ÏDOLO se recrea la historia verídica de un joven cantante que huyó de Gaza para presentarse en un concurso de canto en Egipto y sobreponiéndose a una triste historia personal logra convertirse en el ídolo de toda Gaza. La historia, en apariencia liviana y trillada, está muy bien filmada y describe con precisión el contexto de la vida cotidiana de un país devastado por la guerra pero que no se resigna. En manos de otro director quizás hubiese sido una película individualista con mensaje de autosuperación pero en manos de este director se convierte en una película, si bien pequeña, emotiva y entrañable. Basta ver las imágenes de Gaza bombardeada mientras el protagonista canta manejando un auto para darse cuenta que no hace falta tanto discurso ni tanta ideología para saber de qué se trata.(7/10)