Críticas
Cine argentino en salas
Crítica de “Risa y la cabina del viento”, película de Juan Cabral con Diego Peretti, Cazzu, Joaquín Furriel y Elena Romero
La ganadora de los premios a Mejor Película y Mejor Dirección de la Competencia Argentina del último Festival de Mar del Plata llega al circuito comercial.
Risa y la cabina del viento (Argentina/2025). Dirección: Juan Cabral. Elenco: Elena Romero, Diego Peretti, Cazzu, Joaquín Furriel, Gustavo Garzón, Silvina Sabater y Fabián Casas. Guion: Pablo Minces y Juan Cabral. Fotografía: Leandro Filloy. Edición: Emiliano Fardaus. Música: Diego Tuñón y Babasónicos. Distribuidora: Digicine. Duración: 95 minutos. Apta para todo público (G).
Considerado uno de los principales directores de publicidad y videoclips de la Argentina, Juan Cabral realizó su primera película, Two/One, en 2020. Para bien y para mal, sus especializaciones y sus pergaminos se perciben en esta segunda incursión en el largometraje.
Una de las cosas que más llaman la atención de Risa y la cabina del viento es que presenta no una sino ¡seis! canciones de Babasónicos (Cabral tiene una larga relación con la banda liderada por Adrián Dárgelos porque filmó varios videoclips) y, de alguna manera, la historia se va contando a través de esos temas, Zumba, Putita, Gratis, Mareo, Caliente y -claro- Risa, que le da nombre incluso a la protagonista a la que alude el inicio del título de la película.
En efecto, Risa (la debutante Elena Romero) es una niña de 10 años que está siempre en el centro de la escena rodeada por personajes adultos (y un simpático hamster que se roba unos cuantos planos). Ella vive en Ushuaia con su madre Sara (Cazzu), pero también sufriendo la ausencia de una figura paterna. De alguna manera, ese lugar lo irá ocupando de a poco Esteban (Diego Peretti omnipresente en el Festival de Mar del Plata con La casa, La muerte de un comediante y esta), un perdedor, un alma en pena que, sin embargo, irá logrando una conexión especial con la pequeña.
La película arranca a puro realismo, pero más temprano que tarde va mutando hacia zonas más propias de las fábulas infantiles y hasta con ciertos elementos que remiten al fantástico japonés. Risa descubre que una vieja cabina telefónica que completa el título del film permite conectarse con el mundo de los muertos. Y, claro, su deseo pasará por hablar con su padre.
No conviene adelantar nada más para evitar spoilers, pero la película no siempre logra integrar con fluidez los distintos elementos, subtramas, vueltas de tuerca y personajes secundarios (además de los ya mencionados, el elenco incluye a figuras como Joaquín Furriel, Gustavo Garzón y Fabián Casas).
Más allá de sus desniveles y de ciertos planos en los que se imponen el preciosismo y cierto regodeo en el virtuosismo visual, la película tiene no solo ínfulas sino también indudables logros y hallazgos dentro de un universo (el punto de vista infantil) y un género (el fantástico) no demasiado habituales en el cine nacional.
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