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Crítica de “México 86”, película de Gabriel Ripstein con Diego Luna, Karla Souza y Daniel Giménez Cacho (Netflix)
Gabriel Ripstein, nieto de Alfredo e hijo de Arturo, coescribió y dirigió esta tragicomedia que reconstruye con unas cuantas “licencias poéticas” la historia de cómo México se quedó con la organización del Mundial que consagraría a Diego Maradona.
México 86 (México/2026). Dirección: Gabriel Ripstein. Elenco: Diego Luna, Karla Souza, Daniel Giménez Cacho, Memo Villegas, Genevieve Fleming, Davor Tomic y Frank Crudele. Guion: Gabriel Ripstein y Daniel Krauze. Duración: 95 minutos. Disponible en Netflix.
En medio de la ola de ficciones y documentales futboleros que se han sumado en los últimos días a las distintas plataformas de streaming con motivo del inminente Mundial tripartito, Netflix estrenó una producción original que también llega cuando se cumplen 40 años del evento que reconstruye: la Copa del Mundo que se realizó en México en 1986.
Un poco de historia y contexto: Colombia había sido designada como sede en 1974, pero en noviembre de 1982, ante el estado de violencia descontrolada que se vivía en ese país y la imposibilidad de cumplir con las exigencias de la FIFA, decidió bajarse. Se desató, entonces, una feroz competencia entre México, que había sido sede apenas 12 años antes del Mundial 1970, y los Estados Unidos, con Pelé y Franz Beckenbauer como principales lobistas.
Lo que este film de Gabriel Ripstein (un realizador más ligado a las series que al cine) cuenta con un tono bastante cercano al de la comedia de enredos es cómo México logró ganar la pulseada y quedarse con el Mundial incluso después de que el 19 septiembre de 1985 un terremoto destrozó buena parte del país y potencias como Alemania, Italia y Francia se propusieron de inmediato para organizarlo.
Personajes reales y ficticios
“¿Quién se chingó a los gringos?”, le grita Emilio “El Tigre” Azcárraga Milmo (Daniel Giménez Cacho), dueño del todopoderoso multimedio Televisa y “padrino” del fútbol mexicano, a Martín de la Torre (Diego Luna en un personaje ficticio pero inspirado en varios directivos reales como Rafael del Castillo), quien acababa de conseguir mediante acciones non sanctas (sobornos incluidos) superar a la candidatura estadounidense.
Martín es el antihéroe perfecto: trepador, cínico, mentiroso, manipulador, arribista, mujeriego (lo veremos traicionar a su esposa y luego a su amante interpretada por Karla Souza) , machista, entusiasta, seductor, un ser sin límites éticos ni morales a la hora de digitar licitaciones y quedarse con el consiguiente retorno, que se convertirá en el dueño del punto de vista y el eje del relato. El film, que arranca en 1983 y terminará con una coda en 1994, no es (ni pretende ser) demasiado sutil, pero en su ligereza y fluidez a la hora de retratar el estado de corrupción generalizado y esa “fiesta” que se pareció mucho a la del menemismo en los '90, resulta bastante simpático, atractivo y por momentos entretenido.
La reconstrucción de los hechos y el espíritu de época se perciben a partir de una cuidada producción, un diseño de arte y una lograda inclusión de imágenes de archivo, mientras que la vibrante actuación de Diego Luna sintoniza con el espíritu zumbón, casi al borde de lo satírico, elegido por Ripstein.
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