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Crítica de “No se desea buena suerte” (“Don't Say Good Luck”), película de Julia Hart con Sunny Sandler y Melanie Lynskey (Netflix)
Happy Gilmore, la compañía de Adam Sandler, produjo esta más que aceptable mixtura entre el melodrama y el musical protagonizado por su hija Sunny.
No se desea buena suerte (Don't Say Good Luck, Estados Unidos/2026). Dirección: Julia Hart. Elenco: Sunny Sandler, Melanie Lynskey, Max Greenfield, Jack Champion, Scarlett Estevez, Stephanie Beatriz, Bebe Neuwirth y Steve Buscemi. Guion: Laura Hankin, Jordan Horowitz y Julia Hart. Fotografía: Bryce Fortner. Edición: Shayar Bhansali. Música: Yuli. Duración: 95 minutos. Disponible en Netflix desde el viernes 14 de agosto.
La sinopsis y el trailer de No se desea buena suerte invitaban al escepticismo: un melodrama sobre una hija que es seleccionada para protagonizar un musical, pero no sabe si su madre -que sufre una enfermedad terminal- llegará a verla sobre el escenario. Sí, No se desea buena suerte es una película sobre el cáncer (a esta altura todo un subgénero especialmente en Hollywood), pero por suerte también es bastante más que eso.
Sunny Sandler es Sophie, una adolescente que vive con su madre Elizabeth (Melanie Lynskey), el marido Ted (Max Greenfield) y dos hermanos pequeños, gemelos y muy lieros llamados Ethan y Caleb. Podría decirse que en principio su cotidianeidad es la de cualquier chica de 16 años (interés por los chicos, disputas con amigas, dudas y deseos a la hora de desarrollar una carrera artística) y, cuando la eligen como actriz principal para el musical del colegio, todo parece encaminarse, pero -quedó dicho- pocos planos después Elizabeth le cuenta que el cáncer que había remitido y parecía controlado, ha regresado con fuerza. El efecto en Sunny es devastador.
Más allá de ese planteo inicial, hay que indicar que la coguionista y directora Julia Hart (Stargirl, I'm Your Woman) maneja el relato con un tono bastante contenido: hay típicas desventuras juveniles (no deja de ser un coming of age), pasajes graciosos y tiernos, buenas actuaciones (la hija menor de Adam se luce y Lynskey saca a flote un personaje “imposible” como esta madre-santa) y los en este contexto inevitables momentos de emoción (es también un tearjerker).
Quienes hayan leído hasta aquí entenderán que una propuesta como No se desea buena suerte (el título alude a lo que se dice cuando alguien se enfrenta a un desafío y su interlocutor no quiere ser yeta si la cosa no sale como se esperaba) tiene mucho de fórmula y limitaciones evidentes. En ese sentido, y volviendo al párrafo inicial, es casi lo mejor que se podía esperar de un film original de Netflix con una historia así.
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