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Crítica de “Pienso en el final” (“I´m Thinking of Ending Things”), de Charlie Kaufman, con Jessie Buckley, Jesse Plemons, Toni Collette y David Thewlis (Netflix)
En su tercera película como director tras Synecdoche, New York - Todas las vidas, mi vida (2008) y Anomalisa (2015), el cotizado guionista de ¿Quieres ser John Malkovich? (1999), Human Nature (2001), El ladrón de orquídeas (2002), Confesiones de una mente peligrosa (2002) y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004) regresa luego de cinco años de ausencia absoluta con una audaz, enigmática y fascinante transposición de la celebrada novela del escritor canadiense Iain Reid.
Pienso en el final (I'm Thinking of Ending Things, Estados Unidos/2020). Guion y dirección: Charlie Kaufman. Elenco: Jessie Buckley, Jesse Plemons, Toni Collette, David Thewlis, Guy Boyd, Abby Quinn y Hadley Robinson. Fotografía: Lukasz Zal. Edición: Robert Frazen. Música: Jay Wadley. Duración: 134 minutos. Disponible en Netflix desde el 4 de septiembre.
Venerado por la cinefilia más cool y odiado por otros que lo consideran un invento, un artista presuntuoso y pretencioso, Charlie Kaufman pasó de ser guionista de moda hace un par de décadas a director de culto con una escasa filmografía que encuentra en Pienso en el final apenas su tercer opus luego de Synecdoche, New York - Todas las vidas, mi vida y Anomalisa.
No es precisamente fácil ni mucho menos amable la propuesta de Kaufman en esta versión que él mismo concibió a partir de la novela homónima de Iain Reid publicada en 2016. Con solo indicar que en el comienzo hay una escena de ¡20 minutos! dentro de un auto en el que Jake (Jesse Plemons) conduce a su novia (Jessie Buckley) hacia la casa de sus padres (David Thewlis y Toni Colette) en medio de una tormenta de nieve ya podemos aventurar que buena parte del público mayoritario de Netflix que eleva inevitablemente al Top 10 subproductos eróticos, comedietas adolescentes y elementales thrillers españoles huirá despavorido en medio de ataques de indignación.
Siempre al borde del regodeo en el patetismo (sobre todo en otra larga secuencia como la del encuentro entre los cuatro personajes donde nuestra atribulada heroína conocerá a sus suegros), Pienso en el final es rescatada a cada rato por la sensibilidad y empatía de ¿Lucy? ¿Louisa? (nada es definitivo en el film), una joven angustiada y en plena crisis existencialista que encarna con una apabullante variedad de recursos la irlandesa Buckley (la intérprete de Beast y Wild Rose ya es firme candidata a una nominación al Oscar como Mejor Actriz).
Como en cualquiera de sus proyectos, Kaufman se permite todo tipo de arbitrariedades, excesos, absurdos, artificios y provocaciones, pero hay que decir que en este caso la combinación entre comedia negra y melodrama con algunos elementos propios del cine fantástico y del musical funciona mejor de lo pensado y esperado. Una vez que uno se entrega y se sumerge en ese universo absurdo y embriagador (concebido con una fascinante dimensión visual) es muy difícil salir indemne e indiferente. Estamos en presencia de un autor único, tan caprichoso como deslumbrante. No abundan en el audiovisual contemporáneo y mucho menos en un catálogo con tantos productos previsibles y tranquilizadores como el de Netflix.
Más información:
Crítica de Pienso en el final, por Diego Batlle, en el diario La Nación
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No se entiende un carajo.
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