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Festival de San Sebastián 2025: crítica de “La Grazia”, película de Paolo Sorrentino con Toni Servillo (Perlak)
Tras su estreno mundial como film de apertura de la reciente Mostra de Venecia, donde Toni Servillo ganó el premio a Mejor Actor, se presentó en la muestra vasca el flamante nuevo largometraje del director italiano de Le conseguenze dell'amore, El amigo de la familia, Il divo, This Must Be the Place, La grande bellezza, Juventud, Loro, The Young Pope, Fue la mano de Dios y Parthenope.
La Grazia (Italia/2025). Guion y dirección Paolo Sorrentino. Elenco: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Massimo Venturiello, Milvia Marigliano, Giuseppe Gaiani, Linda Messerklinger y Vasco Mirandola. Fotografía: Daria D'Antonio. Edición: Cristiano Travaglioli. Sonido: Emanuele Cecere y Mirko Perri. Duración: 133 minutos. En la competencia Perlak.
"La gracia es la belleza de la duda", dice uno de los personajes de la última película de Paolo Sorrentino. La duda posee a Mariano De Santis, presidente de la República Italiana, personaje de ficción interpretado por su actor-fetiche Toni Servillo. El hombre está haciendo frente no solo a una inminente jubilación, sino también a la vejez, al recuerdo de su mujer fallecida y a la imposibilidad de afrontar las ultimas decisiones relevantes de su mandato: una ley de eutanasia promovida por su hija y la amnistía de una condenada a muerte propuesta por su mejor amigo.
Las decisiones políticas son personales, parece decir Sorrentino, que ha hecho una película que es más el retrato humanizador de un hombre mayor (que fuma a escondidas, que escucha rap, que tiene celos) que una radiografía política.
Sorrentino es un cineasta que se fija en el mundo de la política y no en la política en sí. De hecho, La Grazia puede resultar por momentos extraña precisamente en términos políticos. Ese presidente, católico, de pasado como jurista y por tanto hombre de ley, parece casi una utopía en los tiempos que corren. No hay nada malo en eso, más bien al contrario.
Es tal vez en la puesta en escena de Sorrentino, en su gusto por la estética de palacio, que la película presenta ciertas contradicciones: por ejemplo, en el prejuicio que la película muestra a la hora de retratar a los familiares de los presos (todos desaliñados) y a la vez regodearse en un imaginario de clase alta. El cine de Sorrentino siempre fue así, fascinado por la opulencia fílmica.
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