Columnistas
¿Hacia un espectador dócil y perezoso?
Por Diego Batlle
Reproducir algo, la nueva herramienta lanzada por Netflix, lleva hasta el extremo la dependencia de los algoritmos por parte del usuario.

Es habitual que, luego de un día extenuante, nos encontremos a la noche sin energía como para recabar información o buscar recomendaciones de alguien que funcione como referencia y pensemos “estoy tan cansado que vería cualquier cosa que me pongan ahora”. Netflix, un servicio siempre atento a hacer la experiencia del usuario lo más sencilla y menos traumática posible, sigue desarrollando de manera constante nuevas herramientas y, en ese sentido, acaba de lanzar una denominada Reproducir Algo. Así, en función de los algoritmos (la información que la plataforma va recabando a medida que vemos determinados contenidos), elegirá de manera aleatoria películas o series similares a las que hemos elegido en el pasado.
Sin embargo, este tipo de propuestas (que se suman a varias otras presentadas en los últimos meses) conspiran al mismo tiempo contra un consumo curioso y meditado y van convirtiendo al receptor en un ser bastante dócil y perezoso.
Esta alternativa, que muy vulgarmente podríamos resumir con un “dejá que nuestros robots elijan por vos” (el eslogan con que se lanzó la flamante herramienta es "A veces la mejor elección es no tener que elegir"), se complementa con otras funciones que, desde una perspectiva más cinéfila (esa que piensa el visionado de una película como una ceremonia casi religiosa), conspiran cada vez contra la calidad de esa experiencia.
Si durante décadas el espectador debía conformarse con cuatro o cinco canales de aire, el consumo hogareño atraviesa en la actualidad el efecto opuesto: el agobio por el exceso de oferta. Hay tanto que me angustio. Elijo algo y siento que lo hago mal, que me estoy perdiendo lo realmente valioso. Por lo tanto, es mejor delegar esa función en otro, así sean los algoritmos de Netflix (o los de cualquier otra plataforma de streaming).
En tiempos en que la mayoría de los usuarios mira varias pantallas a la vez (el televisor muchas veces está de fondo y debe “competir” con una computadora portátil, una tablet y un teléfono celular) se han potenciado el déficit de atención, la incapacidad de concentrarse en una sola cosa, la falta de paciencia. Y, como siempre, Netflix ha pensado la “solución” a ese u otros problemas. Lanzó una ventana emergente o flotante (o sea una segunda ventana más pequeña dentro de un ya diminuto dispositivo) “para trabajar y ver una serie a la vez”, presentó un modo de reproducción "solo audio" para escuchar una película o serie sin tener que mirarla y agregó en su reproductor la posibilidad de ver un contenido con una velocidad acelerada de 1,25 o incluso 1,50.
Así, ver un capítulo o un film en pantallas más grandes (pese a que abundan los gigantescos televisores en 4K), en velocidad normal, sin ruidos de fondo y sin interrupciones constantes se ha convertido en una rareza, una excepción dentro de un hábito cada vez más degradado, al menos desde la óptica más clásica (algunos dirán anquilosada).
Además, Netflix impuso con mucha fuerza su Top 10, que no hace más que concentrar cada vez más público en menos títulos (tendencia que también ha marcado la agenda mediática) por lo que, sin que sean recomendados por los algoritmos ni buscados en las “profundidades” de la plataforma por usuarios ávidos e inquietos, la gran mayoría de los contenidos (y allí figuran muchas veces los más valiosos) queda reducida a la categoría de relleno.
¿La culpa es de las innovaciones que Netflix genera o simplemente estamos frente a un servicio siempre atento a sintonizar con las nuevas necesidades de sus usuarios? El éxito a escala global de la plataforma indicaría que solo trata de satisfacer los deseos de sus clientes, pero también podríamos preguntarnos si no se está moldeando, formateando un usuario sumiso y acrítico. Cada uno tendrá las respuestas íntimas pero también más intelectuales frente a esta creciente inquietud.
Una discusión sobre el tema en el primer bloque del Episodio 19 del podcast Acerca de Nada
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Ni loca me pongo en manos de Netflix. Resistamos! Diego, ¿has visto Mare of Easttown? Está por HBO, aunque yo me las arreglo de otra forma. Es buenísima.
Acuerdo con el diagnóstico de los objetivos de la plataforma: tener espectadores dóciles y acriticos. No acuerdo que todos los espectadores acepten estas reglas del juego. Al menos los lectores de Otros Cines, seguro que no. Yo siempre elijo con cuidado lo que voy a ver, incluso en plataformas como Netflix. Las recomendaciones que aparecen en este sitio, me ayudan mucho a la elección.
Hago mías tus palabras y conceptos. 100% de acuerdo. Estamos cediendo el control en todos los órdenes.