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Crítica de “Quitter la nuit” (“Through the Night”), película de Delphine Girard (sección Giornate degli Autori) - #Venecia2023
Tras los cortometrajes Monstre (2014), Caverne (2017) y Une sœur / A Sister (2020, nominado al Oscar), esta directora nacida en Quebec, pero radicada desde hace varios años en Bélgica, propone en su ópera prima una inquietante, rigurosa e inteligente reflexión sobre el abordaje íntimo, social y judicial de un abuso sexual. Tras su paso por Venecia, se exhibirá en la competencia Zabaltegi Tabakalera del Festival de San Sebastián.
Quitter la nuit / Through the Night (Bélgica-Canadá-Francia/2023). Guion y dirección: Delphine Girard. Elenco: Selma Alaoui, Guillaume Duhesme, Veerle Baetens, Anne Dorval, Adèle Wismes, Gringe y Alba Casado. Fotografía: Juliette Van Dormael. Edición: Damien Keyeux. Música: Ben Shemie.Duración: 108 minutos. En la sección paralela Giornate degli Autori.
Aly (Selma Alaoui, notable) está divorciada de Pierre (el rapero francés Gringe), tiene una hija pequeña y con la ayuda de su hermana Lulu (Adèle Wismes) trata como puede de ir rearmando su vida como mujer independiente. Una noche, va a una fiesta, coquetea con un bombrero llamado Dary (Guillaume Duhesme), se van juntos, toman más alcohol del aconsejable y él termina abusando de ella en el auto. El regreso es un verdadero vía crucis. Ella hace que habla por celular con Lulu, pero en verdad entra en comunicación con Anna (Veerle Baetens), operadora telefónica de un servicio ligado a la policía para atender emergencias. Con ciertos códigos en común, referencias indirectas y engaños para que el agresor no se dé cuenta, logran que una patrulla encuentre al auto y detenga a Dary.
Ese es solo el punto de partida (aunque la narración volverá varias veces a los hechos de aquella noche en diferentes flashbacks) de una película que describe con imponente agudeza, sutileza y precisión las consecuencias físicas, éticas, morales y psicológicas de aquel abuso. No hay en el retrato de Aly (tampoco en los de los distintos personajes secundarios) espacio para el maniqueísmo ni la simplificación tranquilizadora que divide a buenos y malos. Por supuesto, no se le da la misma entidad a agresores que a víctimas, pero todos tienen múltiples matices, sus aspectos rescatables, sus bajezas y miserias, sus miedos, sus traumas y contradicciones.
En ese sentido, por su exploración del deseo y la sexualidad incluso después de una agresión (la historia abarcará dos años), por su descripción del proceder de las instituciones públicas (desde las investigadoras de la Policía hasta las funcionarias del Poder Judicial), por la forma sutil en la que se exponen los rasgos de sororidad (encarnada sobre todo en el personaje de la Anna de Baetens), Quitter la nuit surge como una bienvenida rareza dentro del universo de películas inscriptas dentro del movimiento #MeToo. Lejos del panfleto para la hinchada, se aborda una problemática compleja con sensibilidad y humanismo. En el contexto actual no es poco. Diría que es mucho.

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